jueves, 28 de agosto de 2008



NO R.I.P.


¿Quién puede atreverse a sostener que nuestras artes no están impregnadas del tiempo que vivimos? ¿Quién puede afirmar que el tiempo que vivimos no lleva la marca indeleble de las relaciones económicas bajo las cuales nos desarrollamos? Si vivimos esclavizados, si nos relacionamos limitados por miedos y prejuicios creyendo que quien esta junto a nosotros es un enemigo, un competidor. Si nacemos y morimos condenados sin expectativas. Si vivimos y morimos alienados. ¿Cómo no habría esto de marcarnos? La realidad de nuestras vidas nos causa impresiones. Impresiones físicas, psíquicas… Entristecemos, nos alegramos, nos llenamos de ira, nos complacemos, contemplamos, actuamos. Sentimos. Como una masilla que se moldea con las manos de aquellos que en algún momento fueron llamados dioses, pero que a la vez nos deformamos y volvemos a formar al entrar en movimiento y vivir nuestra realidad. Estas impresiones se transforman en ideas como producto del choque de los estímulos y nuestro propio yo, estas ideas se transforman en acciones, palabras, colores, formas, pequeñas realidades que suman en la realidad e interactúan en ella, volviéndonos a moldear . He aquí el caso de las palabras. Una pequeña fuga de presión que se derrama sobre las hojas o los teclados pintando y dando forma a las incorpóreas sensaciones que nos invaden. Anhelos, premuras, contradicciones, dolores. Pequeñas dosis de bálsamo de nuestra existencia. ¿Cómo negar la relación de las palabras con lo que vivimos? Si hasta aquellos que les dan vida propia no pueden escapar del óxido de esta sociedad que corrompe sus sentidos. El escepticismo en el hombre los golpea como un látigo flagelante. Arrastran el dolor de siglos de opresión y miseria, y se encargan de derramarlo y esparcirlo en hermosas frases y decoradas morfinas de resignación. Hacen del estancamiento un estandarte y de las miserias humanas la mejor justificación de su cobardía. “Nada se puede cambiar, me he librado del enorme peso de reflexionar sobre mi existencia y mis acciones, ahora puedo dedicarme a vivir la vida lo mejor que pueda y a dejar de sufrir por lo imposible.” ¿Quién puede sostener que esto no es producto de las propias condiciones económicas que parecen estar al borde de los callejones sin salida arrasando con la humanidad a su paso? ¿Quién puede negar que este sistema de guerras, sangre y dolor no ha llevado a millones a perder todo tipo de esperanza en el cambio del hombre y en el hombre como actor del cambio?. La comodidad del “realismo” frente a la incomodidad de lo “utópico” es una de las invenciones más acabadas y complejas que este sistema a logrado como agente conservador del orden y como reacción a todo indicio de cambio progresivo. El arte, la filosofía, la cultura, han sido tomadas por asalto por este virus de agonía. Un virus de miopía que impide ver que la realidad es mucho más compleja que la simple voluntad del hombre. La miopía de la negación de la realidad en su bastedad de contradicciones. Aquello que se nos presenta como un bloque de hormigón, firmemente construido, inalterable, con el peso perturbador que puede tener la lápida sobre la tumba. Aquello que ha “devenido” para quedarse “deviniendo” en nada. Aquello, no es mas que esto que tenemos a mano, aquello que construimos, justificamos o derrumbamos de acuerdo a desde donde se lo mire. Yo decido estar del lado de afuera y no en la tumba. Decido poder despojarme de la protección y comodidad de la tierra negra que nos traga para poder escrutar cada grieta de la piedra y encontrar su debilidad, su punto de apoyo, su desgaste, y derrumbarla. Sacudo los gusanos que se alimentan de mi carne putrefacta y me pongo de pie. Extiendo mis manos hacia otras manos que rasgan con desesperación las paredes de sus ataúdes. Aquí ya no descanso en paz. Aquí ya no descanso. Aquí me muevo, me agoto, me expongo, me canso… en paz. Batallo contra los enterradores, contra quienes día a día siguen tirando paladas de tierra sobre mi cuerpo. El olor a carne podrida y a humedad se siente distinto desde acá, no invade los cerebros ni obnubila… desde acá se ve el campo, un jardín, mas allá los árboles, mas allá cientos de personas vivas, y al fondo un hermoso amanecer. Esta tierra maldita regada por nuestra sangre y nuestras lágrimas, que se come nuestros cuerpos y nuestras cabezas, no es la única tierra posible. ¿Quién se atreve a decirme que mis palabras no son producto también de esta realidad? ¿Qué mi capacidad de ver la muerte pero también de saber que si hay muerte es porque hay vida no es producto de la misma realidad del que calla en la tumba? Busco las contradicciones mas allá de lo que me dejan ver, de lo que quieren que vea. Me transformo en un sujeto de verdad, pensante y actuante, intentando romper con los pensamientos y acciones que “deberían” corresponderse con mi historia. Quiero hacer mi propia historia. Y entonces mis palabras se vuelven lacerantes llamas de fuego que molestan y queman, que transforman la realidad. Palabras que son desacreditadas por ejércitos de muertos vivos que han encontrado en sus palabras armas de dominio y han impregnado la época de tristes imágenes de derrota. Pero también hay otras voces, voces que hacen coro con la mía. Y de apoco mas ojos se abren y mas voces se escuchan. Las silenciadas del pasado llegan hasta nosotros desgarradoras, incitándonos a no dejar de escucharlas, a seguirlas, a encontrarlas. Otras voces de desesperación que se han cansado de ahogarse bajo tierra y sin saber aun a donde ir, saben por lo menos que quieren salir de sus prisiones. Voces, nuevas voces, que preguntan, indagan y se mueven escurridizas buscando también una nueva historia.
Mis palabras también dan cuenta de lo negro y del oprobio, de la desesperación y la miseria, pero no para regocijarse en ellas. Mis palabras se llenan de sangre y dolor porque el cementerio de este mundo las impregna. Pero doy cuenta de ello para acusarlo, para desnudarlo, para debilitarlo, para atacarlo, para poder llegar al día en que mis palabras no sean solo herramientas de libertad sino que finalmente sean libres. Que den cuenta de una nueva vida donde las pasiones que dan humanidad sean patrimonio de todos los mortales. Donde los mortales sean vivos. Donde los inmortales estén muertos.


lunes, 25 de agosto de 2008

El consultorio del Dr. Rhon


Se levantó de la camilla, tomó la campera y salió de la casa. Dudó un instante… afuera soplaba una extraña brisa, fría y húmeda pero sin velocidad, como si al cruzar la puerta se introdujera en una pecera de agua fría. Volvió a entrar, tomó la bufanda y un gorro y decidió no dudar hasta cerrar la puerta tras de sí. Comenzó a caminar por la calle que se movía lentamente delante de ella. Todo estaba muy oscuro y silencioso… sólo iluminaban la escena las casuales ventanas de las viejas casas que cruzaban su camino. Era una extraña sensación saber que esa luz provenía de espacios donde había vida, cuando ella sentía que todo el mundo había escapado y que era casi improbable encontrar a alguien castigando los adoquines a esa hora, como ella hacía. Podía abstraerse en esa peculiar sensación, pero sin necesidad de detenerse a ver cada ventana ni intentar espiar por ellas. Sólo estaban allí. Seguía caminando, no sabía bien hacia donde, pero sentía que la llamaba. Sentía que la llamaba sin quererla llamar… y por eso más curiosidad tenía. Giró varias esquinas, se sentó en un umbral oscuro a fumar un cigarrillo mientras meditaba si tenía sentido seguir el llamado, si existiría o solo lo imaginaba. Era entonces cuando intentaba abrir los ojos, pero nuevamente la curiosidad la obligaba a cerrarlos. ¿Qué quería que vea? Se levantó y retomó la caminata, después de todo, no se cansaba ni agitaba ni corría riesgos ya que estaba sola. Llegó a una esquina, con una casa un poco más alta que las demás, con una ventana un poco más alta que las demás y un poco más cerrada que las demás. Esta ventana sí le llamó la atención, ya que a diferencia de las anteriores, no estaba completamente abierta y no emanaba luz absoluta, sino que entornada, asomaba una luz amarrilla como de velador con pantalla ajada. Amarilla pero intensa, intensa pero que no lastimaba la oscuridad que la rodeaba. Esta sí le llamó la atención, pero estaba muy alta. Sólo llegaba a discernir una repisa con adornos, claramente contorneados. ¡Había realidad tras esa ventana! Y también sabía que detrás de ella estaba quien llamaba. Quedó un tiempo largo observando, desde el medio de la calle. Toda la fachada de la casa parecía embebida en un barniz de humedad, una muralla de piedra gris oscuro, que era difícil de ver con claridad, confundida con la espesura de la noche que se había extendido hasta rodearla, hasta anular todo el resto del fondo, dejando sólo la ventana en el campo visual.
La pared ocre del otro lado de la ventana se veía vieja pero sin rajaduras. La madera oscura de la repisa contrastaba con ese fondo claro. Parecía haber sombras que se movían. Una la llamaba, la otra no daba cuenta de su presencia. Se acercó a la casa buscando una puerta, la atravesó y la oscuridad era aun mayor. A tientas encontró una escalera. No chocó con un solo objeto hasta tomar la baranda. Tal vez todo se había esfumado, tal vez la oscuridad los había devorado limpiando el camino. No se sentía apremiada. Se había acostumbrado a vivir con las sombras y a no temerles sabiendo su debilidad ante la luz y su efímera existencia. Pero algo había distinto en esa casa. Tras esa ventana había realidad y alguien que la llamaba. Sin voz, sin sonidos… pero la llamaba. Subió un piso y llegó al umbral de la puerta, tras ella estaba la habitación amarillenta, la estantería, la luz añeja y las sombras que quería mirar. ¡Todo había sido demasiado fácil! Nuevamente se detuvo a pensar. ¿Quería entrar? Sospechaba que lo que tenía para ver era algo que no quería ver. Tuvo un poco de miedo. Intentó deshacer sus pasos pero le habían ganado de mano, sus pasos ya habían sido desechos, la escalera había desaparecido y ella flotaba sobre el piso parada en el rellano de la puerta. Un escalofrío de ira la invadió. No quería! Ya no quería entrar! ¿Y si detrás de la puerta estaban sus miedos? ¿Si encontraba en cuerpos sus sospechas? ¿Por qué la llevó hasta ahí? Tal vez para expirar sus culpas, tal vez porque era una forma de decirle lo que no quería decirle pero sabia que tenía que decir? Entonces… no eran sus miedos solamente. De todas formas no tenía sentido divagar más sobre el asunto. Estaba a tres metros de altura sin poder bajar y frente a una puerta. Estaba a punto de despertar, no podía hacerlo en medio de la nada, llevándose nada… aunque supiera que del otro lado había realidad. Finalmente decidió entrar. Buscó el picaporte y no estaba. Nada… ni una hendija, ni cerradura siquiera para espiar. La puerta era de maciza madera oscura, absolutamente cerrada. Comenzó a empujar con todas sus fuerzas, cada vez que tocaba la madera sentía que estaba del otro lado llamando… Se sentó rendida en el piso, con la espalda contra la puerta intentó escuchar, pero sólo hablaba el silencio.
- No puedo entrar, no hay manija. No, no hay. Ya busqué. Tanteé cada centímetro y nada, solo un par de clavos o algo así sobresaliendo. Abrí vos del otro lado… si que podes. ¿Tampoco?
Destellos de luz borraban por momentos la escena y sentía que era absorbida, pero al instante volvía a aparecer. Por un momento de desesperó, pero claro… que podía hacer, ella misma había borrado la manija de la puerta para no entrar, después de todo era su sueño… y no era el momento. La luz se abrillantó de golpe hasta molestar sus ojos cerrados.
- Ya está. ¿Te dormiste?
- Si… un poco. Hace frío. Bueno. Gracias, hasta el próximo viernes.
- Adiós. Cuidate.

Mural de muro



de la exposición en el palace de glace (creo q se pone asi) donde expuso paulita. Eso esta hecho con aerosol creo, es impresionante.

miércoles, 20 de agosto de 2008

SUEÑO DE ESCAPE 2

¿Una nueva oportunidad? Se abrió ante su figura la noche mezclada con la oscuridad y el brillo de los tibios faroles. A sus pies, una calle amplia de adoquines, húmedos, grises tornasolados de pequeños reflejos. Caminaba como sabiendo a donde ir, sabía que era una madrugada sin sol. Sus pasos retumbaban vaya a saber donde, lo que le indicó que la inmensidad debía de estar flanqueada por algo que le daba fin. Llegó a una esquina y escuchó música, risas, gritos, y una voz de altoparlante invitando a acercarse.
- Chicos, chicas! Vengan a festejar el día del niño! Hay premios y sorpresas, y
mucha música para cantar y bailar.
¿A quien se le ocurría festejar el día del niño un domingo de madrugada, con frío y fuera de fecha? Conocía la voz y le sorprendió. Caminó en diagonal a la plaza para espiar. Vió decenas de cabezas no muy lejos del piso con globos de colores, binchas, colitas, trenzas, flequillos y risotadas. Todos parecían muy felices sin dar cuenta de lo bizarro de la imagen. Sentados en círculo alrededor de nada. El animador animaba, incansable, aunque no lo escucharan. Ella se sentía invisible, sabía que nadie le prestaba atención ni daban cuenta de su presencia. También estaba la muchacha de voz angelical que, a pesar de posar su vista sobre ella, tampoco la vió. Protegida por la impersonalidad de la oscuridad y la nube onírica, hizo un breve paneo para tomar la escena de conjunto, apretando el abrigo para defenderse de la fría humedad. Sus ojos recorrían lentamente todo lo que se movía, pero nada tenía cara, de alguna forma todas eran espaldas. Una bruma gris los rodeaba y todo parecía estar en un universo paralelo… Tal vez ella solo estaba mirando el sueño, todavía medio despierta. Terminaba el recorrido cuando sus ojos toparon otros ojos. Eran los primeros que la miraban fijamente. Amplió el foco de visión para ver el cuerpo que acompañaba los ojos. Otra vez él. Lo temía… todo el resto de la escena quedó congelada como una gran escenografía de sonrisas paralizadas, igual que ella. El se despegó del fondo y adquirió vida fuera de la bruma. Se acercó sonriente.
- ¿Qué te parece lo que organizamos? Parece que la están pasando lindo ¿no?
- Si si, claro… muy divertidos. Estaba completamente perpleja. Era una trampa. Una horrible trampa que ella misma se había tendido. - Igual es tarde, yo me tengo que ir. (Quiso tomar distancia e irse, pero el pasó su brazo por sobre sus hombros y la abrazó. Sonaba desmedidamente amable, alegre.)
- Que bueno verte otra vez. Vamos a dar una vuelta, vamos a charlar, estuve pensando muchas cosas y quisiera compartirlas con vos.
- Es que se me hizo tarde, Tarde para que? Pensó ella. Es un sueño y no hay tiempo. Es una madrugada sin sol, es decir, no es. Era como un agujero en el tiempo, donde la realidad se dobló casi hasta quebrarse. Le sonrió y cruzaron la calle interminable. Llegaron a una oficina, o eso parecía, de paredes de vidrio y cientos de cosas arrumbadas unas sobre otras… Ya a esta altura nada la sorprendía. Dos sillones mullidos pero sucios y una silla en la esquina. El se acomodó en el sillón de espaldas a la pared y frente a ella. Ella se sentó, pero sin acomodarse. El comenzó a hablar. Ella lo miró hasta que perdió noción de las palabras. Veía que gesticulaba, su boca se abría y cerraba, indudablemente seguía hablando, pero ella no escuchaba. Por un momento volvió a mirarlo y llegó a entender que le decía: -33x33, 7x7… Le pareció sumamente incoherente y siguió reconociendo el lugar, viendo todo como desde lo más alto de la habitación. Volvió a dejar de escuchar, se había perdido en un detalle que le llamaba la atención. Casi llegando al techo colgaba un portero eléctrico con innumerables timbres. Incontables. Toda la penumbra de la habitación se perdía en la potente luz que enfocaba la imagen. Pudo ver que los timbres no tenían números, solo una palabra que se formaba en hilera descendente a la izquierda del tablero, en brillantes colores verdes, rojos y amarillos. Alcanzó a leer: Hippie pasá he!
¿Que querría decir eso? Pensaba y buscaba explicaciones. El interrumpió su parloteo cuando por fin la vio perdida. Se recostó sobre sus piernas buscando su atención. Ella fue volviendo nuevamente y llegó a escuchar:
-Estuve releyendo todo lo que me escribiste. Y pensé mucho sobre lo que decías…
(Esta confesión la conmovió.)
-… y pensaba en nuestra relación. Era una extraña relación pero linda, libre, y aunque pasaran cosas y el tiempo, ahí estaba. Y la pasábamos bien…
El frío comenzó a ceder y la luz se hizo más blanca. Ella lo miraba confundida, regocijada. Era una tentación muy grande. Esto era más fácil… dejar las cosas fluir en algún sentido incierto. Sin sentirse compelida a pensar, a actuar, a definir… solo estar. Sin miedos. Sin fantasmas ni titubeos. Sufriría, seguro, pero siempre podría echarle la culpa a el y salir eximida, sin responsabilidades… A medida que pensaba su mano, como con vida propia, se fue a posar sobre la rodilla de él que seguía hablando. Se calló. Detuvo sus movimientos, la miró fijo y la tomo por la nuca. Sintió su respiración muy cerca. Los ojos de él brillaban. Lo había logrado… La había convencido de volver a ser antes y revivir lo no vivido. De estar siempre huyendo parada sobre lo gris de la inexistencia. Zambulléndose en lo superfluo, no llegando nunca nada, no teniendo nada entre las manos. Esta vez no fallaría. Cuando la besara ya estaría abierta la grieta… ya nada sería igual.
Un ruido los sorprendió. El vidrio que simulaba una pared estalló sin astillarse, y el se abrió paso en la habitación. Ocupó la silla vacía y los miro, uno por vez, con ceño fruncido. Vestía la misma ropa que llevaba ese día fuera del sueño, su pantalón azul, remera blanca y campera de jean. Casi podía describir cada detalle, menos esa cara de enojo que jamás había visto. Los rulos caían sobre su rostro y le daban sombras especiales. Se inclinó sobre el y lo apartó de ella. Lleno sus brazos de cosas y le dijo:
- Acá estoy. Me demoré, llegué tarde, me entretuvieron. Me mandaste a buscar lo inencontrable para alejarme, para distraerme. Pero acá estoy. Ella ya no quiere escapar, quiere lo que quiere y no lo que puede o lo que hay.
Ella se despertó abruptamente, en ella y no en otra. Seguía allí, no había escapado. Sonrió y volvió a dormir. Esta vez al cerrar los ojos su sueño comenzó con los rulos en su nariz.

domingo, 17 de agosto de 2008

Sin señal...


El celular al que ud intenta llamar se encuentra apagado o fuera del radio de cobertura...

viernes, 15 de agosto de 2008

Ultimo momento



Segun fuentes confidenciales, Cecilia Pando sería la verdadera dueña de la fábrica de galletitas conocida por el logo del conejo aviador. La foto anterior de un camion de distribucion es una prueba.Fuera de joda, con es nombre y un conejo en un avion la verdad que da cosita.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Danza de guerra

El frío golpeaba desafiantemente el vidrio de la ventana. Asomaba amenazante su aliento empañando los cristales, se había colado por las hendijas de la persiana y reptaba sigilosamente por las sábanas. Dos fugitivos eran sus víctimas. Refugiados en la cama, tapados hasta la nariz con las frazadas, bañados por la sombra azul de la música. Se tantearon, se buscaron, se abrazaron. Sus labios aun en sueños, se llamaron con un gemido imperceptible. Se fusionaron en un pequeño beso que creció en intensidad, consumiéndose en un pegote de chocolate. Una vez terminado el azúcar, la dulzura se seguía expandiendo por cada poro y sus labios fueron en su búsqueda, tanteando con lenguas incansables los rincones profundos de la piel. La ropa fue perdiendo terreno ante las bocas. El frío, que miraba desde la ventana pensando en un gran festín, no pudo ni acercarse... la desnudez irradiaba un calor intenso que cortaba el gélido aire. Fantasía de caníbales. Pellizcos de dientes curados por besos. Temblores. Estremecimientos. La danza de guerra continúa al banquete. Se entregaron en una coreografía improvisada donde las piernas se anudan y deslizan. Las manos juegan a las escondidas y los ojos perciben mas allá de lo que ven. La piel se inflama y se despega. La tensión aumenta, espera impaciente. El ambiente se humedece, engulle su urgencia, que no calma y se exaspera. Se van librando batallas, hasta que llega el asalto definitivo. Los contendientes se preparan. La danza cede el lugar al duelo. Los besos se esfuman y los mordiscos se curan con la sal de la piel transpirada que los recorre. Las heridas de batalla se cauterizan. Uno cae de espaldas sin defensa. El guerrero en pie lo atraviesa con su espada. Se hunde en la humedad y presiona una rendición. No se resiste. El mundo se sacude frenético. Un grito, una exhalación del alma que deja el cuerpo, lo aprieta con fuerza, ya no quiere que se vaya, quiere que termine de hundirse ya sin miedo a perder la batalla. Un segundo, el aire se detiene. El se apura ante la inminente muerte que lo motiva aun más. Dispara. Se desploma sobre el cuerpo inerte. El mundo sigue vibrando, pero al compás de su respiración, de su pecho que se hincha y desinfla espasmódicamente. El corazón da cuenta de la guerra y retumba. Como puede, se despega para tomar distancia y ver el campo de batalla de la ropa desparramada y las sabanas revueltas, del frío que ahora sí comienza nuevamente a ganar terreno, de su cuerpo, que la mira. Ella observa. Se despierta y vuelve en sí con el escozor de las sensaciones. Sabe que su verdugo no la mata y solo la envenena, porque lo sabe perdido, al instante, en otra batalla. El frío toma sus manos. Vuelven al refugio de la frazada, pero el frío sigue intentando.

Se caen mitos


Quienes eran los millo??????

martes, 12 de agosto de 2008

Sueño de escape


Volvía desde el tiempo a buscarla. Con cara de que el tiempo no ha pasado, con la misma sonrisa de siempre y los ojos brillantes. Por un momento la confundió. Estaba acostumbrada a las sonrisas y ojos brillantes que sólo eran reflejos prestados. ¿Y si el tiempo había pasado sin que se de cuenta? ¿Y si había mejorado para atrás lo que buscaban hacia delante sin moverse? No quería ver su cara. Sabía lo que significaba en su sueño y el mensaje no le gustó. Un escape… nuevamente, fuera de ella. Un volver a lo que no retiene. Un volver a lo que no es y no será pero parece. A lo que confunde y distrae engañándose, a lo que ata a nada mientras supone tener todo. A la superficie, a la cáscara de nada, a la sombra de algo que no es, de gente que se junta para no ser nada. En sueños lo miraba y disfrutaba, pero también le escapaba. Finalmente decidió enfrentarlo.-¿Qué haces acá?- Vengo a buscarte. Traigo todo esto que querías, que pedías, para llevarte con migo.- Pero… ¿Por qué venís ahora, en sueños, vestido de mis pedidos?- Porque querés escapar. Simple. Como tantas veces hicimos.- Te equivocas. Yo no quiero escapar. Yo ya no escapo.- Algo me dice que sí… por eso me llamaste.- Yo no te llamé… (Se enoja, se desconcierta, duda.) No… No recuerdo haberte llamado, pero la realidad es que no podrías estar aquí si no lo hubiese hecho. No me habrías encontrado si no te hubiese buscado…- Si, me llamaste. Me vestiste y me peinaste para la ocasión, para el reencuentro. Traje todo lo que pedías, incluso los besos que decidiste no llevarte hace tiempo. Tómalos, se avejentan en mi boca en tu recuerdo.- Ya no los quiero.- Tal vez no. Pero los necesitas. Por eso me llamaste.- Es mentira. Ya no te recuerdo.- ¿Entonces que soy? ¿Qué hago acá? Me elegiste de entre todos los recuerdos de tu baúl, me tomaste pero esta vez no con tus manos delicadas sino con un oxidado arpón, y me colocaste acá frente al fondo de tu ojos, frente a la parte de atrás de tus pupilas, del lado de las sombras...- No. (lo interrumpe, el no borra su sonrisa)Y si te llame me equivoqué. Disculpá. No fui yo… bueno, no exactamente yo. No toda yo. Es decir… no fue mi intención…- ¿Y porque no despertás entonces, y me dejas ir? (su respuesta la dejó perpleja. Se sintió pequeña y confundida, como descubierta en una trampa que ella misma se tendió)Lo pensó y respondió con firmeza, apartando de un manotazo la incertidumbre:- Porque no quiero escapar. Si te llame para escapar, quiero no hacerlo, quiero terminar este sueño quedándome y no yéndome. Si te llame… no se porque, pero decido enfrentarte, decido enfrentarme.- ¿Y como pensas hacerlo? Estamos acá los dos, solos. Nada más tendé tu mano, toca mis labios, abrazame… y ya serás un poco más libre. ¿No tenes miedo de quedarte frente a una realidad que no es segura, que es contradictoria, impredecible y lastimarte? ¿Y si te hiere? ¿No abrirá de un golpe todas las cicatrices hasta que mueras desangrada? Si me aceptas en tu sueño, sabés que tenes siempre disponible el atajo al camino de fuego que envenena tus pies. Además, estamos solos acá, nada se vería cambiado desde afuera…- No! (lo empuja para que se calle) No estamos solos. Llegaste por equivocación, y si me equivoque al evocar lo que necesito ahora decido que te vayas, no es a vos a quien busco… Yo no te llamé a vos. Llame a otra persona. - Pero no vino… ¿O si? No lo veo. No viene. No responde. No está. ¿Cuál es la diferencia con migo? Yo vengo pero no estoy.- No viene. Pero está. Se que en este lugar tiene la misma existencia tu cara que veo y toco como la que llamo sin ver ni tocar. Pero es diferente porque lo estoy llamando, porque no quiero escapar, porque aprendí que escapar del dolor puede doler mucho mas, porque no te queda nada, porque no creces y no aprendes…- Vos sabrás… seguí entonces… pero yo te sigo de cerca. ¿Te puedo acompañar mientras llega? Si viene, me voy, lo prometo.- Hacé lo que quieras. Me voy a limpiar ese baldío, para esperarlo a que venga y esté todo lindo para cuando llegue. Allá, sobre una silla de madera, al lado del secador, esta el teléfono. Ahora lo llamo.- Bueno, vamos.(Entran al baldío, mucha basura se amontona en el piso. Una masa uniforme de mugre que resulta imposible discernir su composición. De todo se haya arrumbado y pudriéndose, pero sin olor. Se acerca a la silla, con una mano toma el secador para limpiar el agua del piso, producto de la descomposición y viejas lluvias, y con la otra mano toma el teléfono)- ¿Llama?- No, no hace nada. Solo silencio.- ¿Marcaste bien? (un aire de triunfo ilumina sus ojos)- No necesito marcar… este teléfono solo sirve para comunicarme con el. (Hace una mueca de despreocupación, como si todo estuviera bajo control. Con el teléfono en la oreja, sostenido con alguna mano que no ve, se aboca a la tarea de limpieza. Con fuerza y convicción empuja el agua con el secador, formando pequeñas olas que paralizan su trayectoria en el aire y vuelven a su lugar. El agua está llena de grumos ocres y amarillos que no dejan ver el piso, como un engrudo mal cocinado. Empuja, empuja, empuja… y no se da cuenta que el agua no corre mientras espera que el teléfono logre conectarse. El la mira, con sonrisa triunfadora y comprensiva.)- Mirá que el agua no corre… y además se nubló. Creo que va a llover. No tiene sentido que limpies.- Gracias, pero yo se lo que tengo que hacer. O por lo menos lo que quiero hacer, y eso es limpiar y dejar todo en condiciones.(Sigue limpiando, pero ahora presta atención al piso. Comprueba que la roña no sale… que los grumos están como cosidos entre sí en una red irrompible. Ya no presta atención al teléfono, se afana en pelar con el agua del piso. Quiere moverse, buscar otra posición para empujar con mas fuerza, pero su pie derecho no responde… está hundido entre los grumos. Se asusta, ve que sus pies tienen unas pequeñas zapatillas y comienzan a mojarse, siente la mugre tomando su piel.- ¿Dónde están las botas?- ¿Cuáles? (pregunta, mientras no pierde de vista cada uno de los movimientos)- Siempre tengo botas, es decir… cuando me hundo en el barro, en el agua, en la sangre… tengo botas. ¿Dónde están? (algo perpleja, como descubriéndose desnuda)- Te las sacaste.(Decide no asustarse. Es un sueño. Si quiere, su pie puede tener alas. Lo mueve, se hunde. Se apoya sobre el otro pie para forzar la salida… su otro pie se hunde. Se apoya sobre el secador para mantenerse a flote. Lo mira. No quiere pedirle ayuda. No quiere escapar. No quiere tenderle la mano a ese tiempo que ella misma echó al recuerdo. Se queda dura, levanta la mirada fuera de la escena que la ocupó los últimos minutos y ve la inmensidad del baldío. Duda si puede limpiarlo, sabe que no se hundirán más que sus tobillos… pero cae en cuenta que será un trabajo difícil, sobre todo porque cada movimiento le cuesta el doble en esa superficie fangosa, duda si sus fuerzas serán suficientes. El miedo la invade. Del otro lado del teléfono una voz contesta. Ella no escucha)
- Hola…
- …..
- Hola!!!
- …..

domingo, 10 de agosto de 2008

Mujer arbol



Encontró un árbol fuerte y robusto, que prometió darle sol en verano y cobijo en invierno. Dudó un instante y se abrazó a él. Las raíces del árbol tomaron primero sus pies y luego sus piernas. Ya no pudo escapar y el miedo a enfrentar el mundo sola la petrificó. Y así quedó, abrazada a su tronco y llorando en su corteza, alimentando su sabia con sus lágrimas...

viernes, 8 de agosto de 2008

Feliz Cumple





Bueno, otro regalito (y todavia tengo otro en casa, me falta el marco... ya sabras que es)Puse la foto de la carita de msn, pero como se que no te gusta la adorné con serpentina... sabras entender que no podía faltar, es muy Ale. Ya te vi a las 5.30 AM, pero ahora estoy un poco mas despierta. Igual, no lo suficiente... tal vez mas entradas las horas recibas algun mail donde pueda expresarme mejor. Por ahora solo que te quiero mucho (que no es poco) y que .... (seguirá en el mail)BESOS!!!

jueves, 7 de agosto de 2008

Sed de Musica


Tanta sed. ¡Tanta! Y flotando sobre el agua sin poder tomarla. Salada por demás, las lágrimas que formaron su caudal podrían quemar el estómago. El naufragio fue violento. La tormenta amenazaba hacía ya noches, y hacía noches eternas. Nubes negras sobre el cielo de plomo. El horizonte era la enorme profundidad del fin del mundo, solo iluminaba su inmensidad el espectáculo de rayos incandescentes bajando a beber. Lo malo de las luces cegadoras no era que cegaran, sino el estruendo de tierra quebrándose que sobrevenía al resplandor. Luego de varios intentos fallidos, uno pegó en el blanco, la puntería se había afinado tras varios intentos y el barco se partió en dos. Recordaba, convencido que esa imagen lo acompañaría hasta la muerte.¡Tanta agua! Corrientes caudalosas se formaron en el hundimiento… nadaba entre el miedo a morir arrastrado a las profundidades y el de enfrentar la inmensidad del mar. Después de todo, en el fondo, no habría diferencia con la superficie. La oscuridad era reina y señora de los ojos. Pero el mar… ¡Tanta agua! Se propuso nadar hasta caer del borde del globo. Pero el borde estaba siempre equidistante a sus ojos. ¡Tanta sal! Le ardían. Mejor flotar. Mejor entregarse a un rumbo de azar. Un madero lo sostenía a la vida. El hambre ya no golpeaba sus tripas, las fue consumiendo y ahora iba por el resto de su cuerpo. No le preocupaba, le molestaba la sed. ¡Tanta sed! ¡Tanta agua y no poder tomarla! Los días pasaban, se supone, pero la luz no se atrevía a pasearse por esos parajes. El mar se embraveció otra vez, una ola lo despertó de su insomne transitar y volvió a la realidad. No podía dejarse desfallecer, no podía terminar igual en el abismo submarino. Asió el madero con fuerza y esbozó un repiqueteo en la madera. Con las piernas acompañó el compás. Se introdujo en la melodía, balbuceando palabras disecadas de sed a modo de canto. Perdió noción del tiempo, y tampoco notó que el movimiento de sus piernas lo alejaba del naufragio en el que daba vueltas hacia días, atrapado en el remolino del hundimiento eterno. Llegó con su improvisada música a una frontera invisible. Del otro lado, el sol brillaba cálidamente, sorprendido ante la melodía del nuevo visitante que ni lo miraba. Llegaba a las orillas de su reino casi exhausto, con un compás febril y sin reclamar nada. El mundo de Febo estaba decorado de frutas y colores, aromas y brillos, pero no tenía música. Acogió al naufrago sin que él lo notara, lo colocó entre sus verdes campos y lo escuchó tocar y cantar. Se emocionó profundamente, cerrando sus ojos. Al instante, las nubes se estremecieron y lloraron lágrimas de alegría, el sol le regaló al naufrago un poco de lluvia dulce, traída del mar de los naufragios, evaporada y condensada por su calor, desalinizada. La misma agua… ¡Tanta agua! El naufrago abrió la boca resquebrajada, las comisuras de sus labios sangraron al moverse. El polvo de piel reseca fue arrastrado por el torrente, hasta abrir nuevamente los poros. Instintivamente levantó su cara al cielo y tomó, tomó tanta agua, para tanta sed… hasta volver en sí y abrir los ojos. La sal había sido lavada de su rostro y ya no ardían los ojos ni las heridas. Se incorporó intentando acostumbrarse a los nuevos colores y olores. Aún mareado. Aún cavilante. Relamía el fresco del agua. Su boca latía de excitación ante el estimulo olvidado. Se reconocía en vida, con los harapos que llevó durante su muerte. Con pesar pero entusiasmado, dejó el madero de lado y probó todo aquello percusionable que encontró a su alrededor. Nuevas melodías sonaron a sus oídos y creó. El agua de lluvia formó un arroyo a sus pies. Sus pupilas se adaptaron a la luz para atrapar las imágenes. Su voz se templó. Se paró una vez recuperado para seguir viaje. El sol sólo lo miraba y abrazaba de tibieza y, al verlo repuesto, tímidamente, le pidió otra canción. El naufrago se sentó nuevamente, le cantó con ternura y llenó de música el nuevo mundo, un nuevo mundo para el naufrago sin agua y para el sol sin melodías.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El grito del estaño


En memoria de Hernán Montero y Roberto Caceres Fabrica

Te quitan el aire de los pulmones en la oscuridad de los socavones. Te arrebatan los años de vida entre carbones. Te roban la luz del sol a tus espaldas, hundido en las entrañas de la tierra, mientras la estremeces con tu pico y tus cachorros. Arrancas la riqueza de las piedras mas profundas, como te enseñaron, como te mostraron, como lo hacían tus padres, como lo hacen con vos y lo harán con tus hijos las multinacionales carroñeras. Succionan las riquezas y se llevan pedazos de los hombres.
Atento. Esa sacudida no es normal. El silencio de la mina suele coparse con los estruendos de la dinamita, ya te acostumbraste a estar medio sordo, medio herido. Los pulmones negros de carbón y tierra respiran tan despacio que tampoco se escuchan. Nueva sacudida. No es normal. Giran y salen rápidamente como hormigas del hormiguero violado. Atento. Todos están atentos. Vuelve la sacudida. Te miras el pecho. Viene de adentro tuyo. De adentro de tu compañero, del de al lado, del de mas allá. Todos se miran incrédulos. Se agrupan y vociferan, quieren descargar las sacudidas que los golpean. Las sacudidas se multiplican, son espasmos de rabia. Ahora, a la luz del sol que nunca ven, pueden distinguirla. Tus hermanos están siendo golpeados, apaleados, denigrados. Tus hermanos están muriendo de hambre o bajo las balas de los prefectos y los fachos. Tus hermanos son tus manos, te las toman y tiran para que te muevas. Tus hermanos te están llamando. El odio de clase entra aullando por los campos como viento bravo. Te destapa los oídos, puedes escucharlo. Te limpia los pulmones, puedes olerlo y aspirar profundo y gritar: Ahora es cuando!
Has aprendido del estaño que trabajas… resistes como puedes al óxido del trabajo a destajo y a la corrosión de los infinitos días de explotación. Te doblegan, te doblegan.. tu bronca toma revancha en una barra de estaño que quiebras, y acompañando el “grito del estaño” tu voz retumba y responde: -¡Si, ahora es cuando!
Llevas contigo el tizne de la tierra como marca de guerra, tus cachorros de dinamita como arma de lucha, la solidaridad de clase como guía, el fin de la humillación y la explotación como motivo, la revolución como estrategia.
Se instalan en las rutas. Los ojos límpidos de ira brillan frente al crepúsculo. La tensión se ha apoderado de cada músculo. Los dedos transpiran sobre la dinamita. Miras la ciudad… que nombre estéril, La Paz. ¿La paz de los vivos muertos en las minas como fosas comunes de sueños? ¿La Paz de los gringos que descansan y comen sobre nuestros cuerpos? La Paz… La Paz que tiembla con los primeros dinamitazos.
La mínima reivindicación exige grandes luchas. Los han hundido hasta la cintura y se han parado sobre sus cabezas, moverse requiere hacer tambalear todo el sistema.
La policía acata y ataca. Se titubea mas al reprimir a la derecha o a los señoritos del alto que apalean campesinos. Se titubea mas cuando se les hacen concesiones a los capitalistas y socios imperialistas que quieren dividir Bolivia. No queda otra que avanzar resueltos. Dinamitan puentes, pero están construyendo caminos. La refriega se intensifica, los cachorros estallan, las balas vienen por todos lados. Los gritos de guerra no se callan…, sólo dos. Dos balas, dos aullidos de dolor. Dos compañeros caen salvajemente asesinados. La Paz, la otra, la de los hermanos se consterna. Las minas lloran lágrimas que se transforman en minerales. Por eso Bolivia es tan rica, llena de lágrimas y dolor… su panza está llena de compañeros valerosos, de broncas y expectativas. Dos compañeros más, dos nuevos motivos para gritar: ¡El capitalismo merece perecer! ¡La revolución es una necesidad!
Vuelven a los socavones, ya nada es lo mismo. Los picos golpean con mucha mas fuerza la tierra. Los cachorros están a mano…

Feliz Cumple



Mora y Turra (y los otros 9 que andan por ahi)Y a Frida... algo así como feliz dia de la madre

martes, 5 de agosto de 2008

Urbano


no se si se vera bien, pero es un camion comiendose a un camionero..."No tenemos verdadera idea de cuan angustiante es la angustia hasta que dejamos de padecerla"

domingo, 3 de agosto de 2008

Pony


felicitaciones Pauli!!!Ahora que expones en el palais de glace... Vas a aceptar hacer el mural en la casa cultural???Me olvide de pedirte un autógrafo...!besos!

viernes, 1 de agosto de 2008

Escapar

Escapar.
Cobardemente.
Basta de correr.
Un velo de tristeza se esta colando. La lucha cuerpo a cuerpo contra mi misma. Contra mis miedos. ¿Miedo a que? Ya no son simples respuestas. No puede ser solo miedo a que me lastimen. ¿Miedo a que? Miedo a mi tal vez.
Las cosas van siendo distintas. Yo, por lo menos, voy cambiando. Siento el aire fresco de felicidad adentro, y una caja ajada, rota, podrida quiere atraparlo. La pelea causa dolor de estomago, dolores que rememoran la angustia. Tristeza y pesadez en la mirada. Estabas ahí pero yo sentía que no. Creo, finalmente, que la que no estaba era yo.
Los ojos estallan del peso de la sal. Arden , se siente hinchados mas allá de sus posibilidades, pero ni una sola lagrima rueda. Lo que sentí húmedo en mis mejillas no era mi llanto sino tus besos. Cientos de hermosos besos que confundí con lágrimas. Has tragado la sal de las heridas que se niegan a cicatrizar. Estas ahí, me abrazas, me sostenes, vas dando calor a mi cuerpo que comienza a entrar en hipotermia, me sacas del transe, me traes a la vida nuevamente.
Ahora que estas soy yo la que no estoy e invento mil y una excusas para entender que en realidad no estas, y pintar una realidad que no me obligue a estar en ella.

Sigo aprendiendo.

Mas paisajes urbanos


Siguiendo con los carteles que llaman la atencion... no podía faltar Homero. ¡Cata! ¡que milangas!

Mi saludo a los trabajadores del neumatico

La palabra “neumático” (viene del griego, relativo al pulmón por el aire que lleva adentro) adquiere un nuevo significado en estos días. Hasta ahora, el aire que lo llenaba, daba forma, daba vida… era el de los propios trabajadores, que dejan su propio aire, su salud y su vida, en sus puestos de producción. Pero estos días son distintos. La rueda de la explotación se pincha. Algunos lo saben, otros comienzan a darse cuenta. La agitación se extiende. Hay nuevos aires. Comienza a girar otra rueda, la rueda de la historia.

Algunos millones salen todos los días de sus casas para ingresar en las fauces del monstruo que los oprime durante doce horas. Otros cientos corren mejor suerte y lo hacen por un par de horas menos. Dejan tras de sí su hogar con su cama llena de sueños incumplidos. Llevan consigo el recuerdo de la cara de sus hijos que solo pueden ver un ratito por día, o el de sus esposos o esposas a los cuales, saben, les deben varios Te Quiero por falta de tiempo y desgano. Luego de años han guardado en un rincón, muy dentro suyo, viejos anhelos y esperanzas, ilusiones, proyectos, ganas… Algunos miles trabajan con el caucho, goma negra y espesa que les recuerda a sus frustraciones. Algunos miles más, ya ni las recuerdan. Como sea, el monstruo que exhala humo negro de caucho es insaciable. La fábrica de neumáticos no para y sigue con ritmo febril engullendo a sus trabajadores. Sus vidas van adquiriendo el color oscuro de las cubiertas, una senda gris que se transforma en alienante rutina marca sus pasos día tras día. A veces resulta difícil ver donde empieza y donde termina esta monotonía. Pero hay veces que, como a tantos otros les ha pasado, algo la interrumpe violentamente y un aire nuevo se respira entre las máquinas. De golpe, de a uno levantan la vista y se encuentran en los otros. Pueden distinguir en los ojos que los rodean un atisbo de profundo odio en lucha con la resignación. Alguna que otra mueca de hartazgo. Un puñetazo en una máquina. Sospechan que sus propios ojos han de verse igual. Sienten que la impotencia se vuelve impotente ante la bronca que crece. Uno se levanta de su puesto. Se mueve. Otro lo sigue. Hablan. Cada vez más alto. Agitan sus manos y sus palabras. Lo que dicen llega a sus oídos pero golpea directo en el estomago. Un calambre de ira se extiende y se conecta con los otros. Las voces se multiplican. Alguien toma la palabra y dice: -¡Compañeros!... Todo estalla. Los años de opresión se transforman en ansias de cambio. Se multiplica. Se expresa en las banderas: Pirelli explotador.
Van por sus verdugos.
Los dueños de Pirelli, Firestone y Fate se han embriago con la sangre y el sudor de sus trabajadores durante años… su sed de ganancias es infinita y no hay razones valederas para apelar a su comprensión, las únicas razones que entienden son las de su capital. Estos capitalistas que resultan ante los ojos de la gente como grandes rivales de competencia, no dudan en unirse y acordar para avanzar aun más sobre sus trabajadores. No darán espacio a la rebelión. Porque no basta con salarios miserables. No basta con extensísimas jornadas de trabajo. No basta con robarles vida en cada línea de producción, no basta con agotar sus fuerzas vitales… no pararan hasta doblarles las rodillas y hacerles pagar el precio de su irreverente ocurrencia… Piensan, apoltronados en sus sillones… -¡Un aumento de salario! ¿Cómo se les puede ocurrir semejante sacrilegio? (Y llaman al ministerio para quejarse) ¿Delegados que no se venden y hablan de derechos? ¡Esto ya es demasiado! (Y llaman a sus matones para amedrentarlos, robarles, atacarlos, perseguirlos) Tal vez no hemos ajustado suficientemente los ritmos de producción… tal vez algo en el plan de alineación ha fallado. ¿Convenio? ¿¡Pero es que están locos!? (Y llaman al sindicato para exigirles que no se pasen de la raya) Todo se ha puesto del revés… paro… asambleas… (Y llaman a su cohorte de abogados y llegan los despidos).
Se unen y atacan, como jauría de perros rabiosos… 10, 20, 50, 100, 150… familias en la calle. Nada los conmueve. Solo la idea de redoblar las cadenas de sus ejercito de esclavos que se rebelan. Lo que sea necesario para aleccionarlos. Causas judiciales. Apretadas. Chantajes. La suerte de cientos de familias que quedan en la calle no vale nada para ellos.
Los trabajadores reaccionan y paran. Para los trabajadores, parar, es una de las formas mas efectivas de moverse. Cuando paran, paralizan el monstruo que los consume y lo dominan. Le enseñan que ellos deciden sobre sus impulsos vitales. Paran la sangría que los patrones se llevan en ganancia. Paran la despótica explotación. Paran y piensan, debaten, se organizan. Los dividen. Marchan… suben a los micros que ruedan sobre las ruedas que ellos fabrican y llegan a la capital, van al ministerio, quieren hacerse oír. Llegan los trabajadores de azul. Se plantan. A lo lejos se ve una masa bordó. Se acercan. Comienzan a cantar. Se escuchan las mismas voces. Aunque se ven distintos en color pueden reconocerse iguales. Se funden en interminables abrazos de clase. Saltan. Gritan. Comienzan a sentir algo distinto. Algo que tenemos de deuda con la historia. Algo que han intentado borrar por décadas bajo pesadas alfombras de tradiciones, morales, leyes y alineación. Algo que cada tanto surge con la fuerza vital de pequeños brotes que pueden transformarse en enormes robles. Algo que hace muchos muchos años atrás los fundadores del marxismo denunciaron y accionaron para cambiar:
“Me pagas la fuerza de trabajo de un día, pero consumes la de tres. Esto contraviene nuestro acuerdo y la ley del intercambio mercantil. Exijo pues, una jornada laboral de duración normal, y la exijo sin apelar a tu corazón, ya que en asuntos de dinero la benevolencia está totalmente de más. Bien puedes ser un ciudadano modelo, miembro tal vez de la Sociedad Protectora de Animales y por añadidura vivir en olor de santidad, pero a la cosa que ante mí representas no le late un corazón en el pecho. Lo que parece palpitar en ella no es más que los latidos de mi propio corazón. Exijo la jornada normal de trabajo porque exijo el valor de mi mercancía, como cualquier otro vendedor”.

Pequeños pasos de enorme valor y osadía. Un saludo a estros trabajadores que van rehaciendo el tortuoso camino, en avances y retrocesos, rearmando los puentes que nos han roto de las generaciones pasadas. De lecciones y conquistas olvidadas y enterradas. De feroz lucha contra la opresión, de naciente lucha de clases. El único camino, el que nos lleva a la liberación definitiva del hombre, al de una sociedad sin explotados ni explotadores.