lunes, 29 de diciembre de 2008

RAMZI

Parecía una mañana como cualquier otra cuando te levantaste, pero algo oliste en el aire. No era el olor a quemado, ni a tierra revuelta ni a carne chamuscada que solía sentirse en esas latitudes. No… había algo más. Agudizaste el oído. Nada. Es decir, los gritos y lamentos habituales… pero no se sentían lo truenos de la tormenta de misiles y bombas. - Demasiado silencio, pensaste.
Miraste las mantas en el piso que te rodeaban, toda la familia se encontraba levantada. Corriste hacia fuera asustado, un mal presagio te invadió. Asomaste tu reseca piel por la puerta, entornaste los ojos resecos ante el saludo del sol, buscando una cara conocida. Nada, puro revuelo y caos. Ramzi, el menor de la familia. Hoy era tu turno de intentar cruzar la frontera para conseguir agua. Pero… ¿Para que caminar tanto para conseguirla? Porque a tu alrededor ya ni lágrimas derraman las mujeres que lloran a sus hijos. La piel reseca del sol. Las manos resecas del trabajo. Los ojos resecos del llanto, el corazón reseco del dolor.
Volviste a entrar en el cuarto rápidamente. Estabas desesperado pensando en lo peor. Buscaste tu ropa, tomaste un poco de agua caliente del sol y guardaste una gomera en el bolsillo. Afuera los rumores fueron tomando cuerpo. Pudiste escuchar con claridad: israelíes, ejército, tanques, tropas movilizadas, frontera… frontera… frontera. Esa palabra aterradora. Realidad a la que te enfrentabas día a día para obtener un mendrugo de pan, un poco de agua, algo de dinero. Era como un animal salvaje hambriento, podías cruzarla si dormía… pero cuando despertaba dejaba tras de si un reguero de sangre y un tendal de muertos. Un pueblo entero enlazado por una gigante cuerda de horca que marcaba los limites del territorio. Una puerta a la tierra, al mundo, que alguna vez se apropiaron tus opresores para encerrarte en vida en un circo romano de la modernidad. Que cantidad de cosas horribles e irracionales encierran las arenas de tu pueblo, la sangre derramada en los límites de tu asentamiento. Y para vos no es más que la normalidad. Tu terrible realidad cotidiana, de cacheos, de golpes y vejaciones, de tus hermanas violadas, de tu padre asesinado, de tus ojos bautizados con la muerte de un fusil cuando eras un niño. La de tus amigos que ya no veras. La de los bombardeos y fusilamientos. No sabes como llegaste a esto, ya estaba cuando a los empujones saliste del vientre de tu madre y casi mueres por la falta de asepsia, por el hambre, por la desnutrición. Tus primeros años de vida son estos, los del ahora… la palabra mañana es poco utilizada y estos pocos años han perdido ya, todo rasgo de inocencia. La muerte es una amiga que puedes encontrar a la vuelta de tu casa, y el dolor es un compañero diario de tu vida. Cuando seas grande, repites, quieres liberar a Palestina.
El sol quema tu frente mientras todos estos pensamientos queman tu cabeza. El hambre quema tu estomago. La ira quema tus puños. Caminas juntando las piedras del camino.
Tu familia, como muchos otros, corrieron a buscar armas. Una nueva amenaza de guerra. Las tropas israelíes se dirigen a la frontera con Gaza. Vos no sabes, pero los noticieros de todo el mundo hablan de miles de Ramzis anónimos. Números de frías cifras de cuerpos fríos de muerte. Vos no sabes ni te importa. Eso pertenece a un mundo de leyenda que ni siquiera puedes imaginar.
Cada paso tuyo en la tierra de tu pueblo te dicen que es robado, porque no es tu tierra. Pero vos sabes que si. Sabes que en esa tierra diste tus primeros pasos, jugaste a las escondidas, vertiste tus primeras lagrimas al ver morir a tus hermanos, vertiste tus últimas lagrimas antes de acostumbrarte.
Llegaste con tu cántaro a la frontera. Ni un alma, solo oficiales israelíes. Todo cerrado. Los alambres de púas te invitan a un abrazo. Los rifles de los guardias te siguen amenazantes, paso a paso.
Se abre la frontera. Sus fauces rechinan y sus dientes de púas sangran. Un tanque se abre paso, como una lengua ponzoñosa. Te detienes frente a él. Dejas tu cántaro en el piso. Tensas tus músculos y metes la mano en el bolsillo. Tomas la gomera. Tomas la piedra mas pesada. Tus ojos resecos se prenden fuego. El sol quema tu frente. El hambre quema tu estomago. Los pensamientos queman tu cabeza. La ira te quema los puños. Una bala quema tu carne. Cierras los ojos en el suelo y sueñas como tus hermanos queman al monstruo de la frontera y toda la tierra se hace libre y se llena de vida.
La muerte quema tu vida. El sionismo, a Palestina.
Miles, apoyamos tu sueño.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Mi brindis de fin de año

Esta foto y estas palabras no son para amargarnos, buscando el sentimiento culposo exacerbado en las fiestas, para sentir que nos duele el prójimo y somos buena gente. Tampoco para brindar con las doce campanadas en pos de un mundo sin hambre y por los niños, intentando lavar en champagne, sidra, gaseosa o agua nuestra conciencia. Tampoco para que entonces nos enojemos y murmurando que este mundo es una mierda, nos refugiemos en un cuarto a lamentar la vida. El año nuevo promete traer un panorama oscuro, de crisis, de hambre, de inestabilidad. Ante esto no brindo esperando un mejor año. Yo brindo porque la culpa se transforme en conciencia. Brindo porque la conciencia no sea lavada, sino que sirva para lavar el mundo de las profundas desigualdades e injusticias. Brindo para que el enojo se transforme en acción, y salgamos de nuestros cuartos, de nuestras casas, de NUESTRAS fabricas, de NUESTRAS escuelas, de NUESTRAS universidades a vivir la vida, a exigir lo que es nuestro, a cambiar el murmullo por las voces en alto, por transformar el panorama gris por venir en un torrente de fuerza y energía, de ganas de cambio, de convicciones, de transformación. Por eso yo no pido un deseo en mi brindis. Yo reafirmo que no deseamos, sino que hacemos. Que no esperamos, sino que buscamos. Que no creemos, sino que sabemos, que vamos por una vida distinta, sin limosnas, sin pedir. Por un mundo que merezca ser vivido, porque la humanidad pueda definitivamente atravesar el umbral de la Historia, por un mundo sin explotados ni explotadores.
Salud!

lunes, 22 de diciembre de 2008

rejas


El sol implosiona en llamaradas intensas de calorías inflamables. Amanece y el frío del plomizo cielo se resquebraja como un óleo avejentado. La piel de la noche, arrugada y corrompida por la luz, le duele a los astros que contemplan la agonía, impotentes. Todo el brillo de sus parpadeos, toda la magia de su levitación celestial que enamora ojos insomnes, no pueden detener el ritmo del naciente día. La espesa negrura se vuelve gris, rojo, naranja, amarillo, blanco brillante. El Sol asoma allí a lo lejos, donde la tierra se hace plana, donde dobla la vida en choque frontal con el horizonte. Sus llamas acarician las superficies a su paso. Su calor calma el frío, crepita y quema en lenguas de lava de aire. El pasto se cubre de pequeñas gotas, como del viejo collar de perlas roto salpicando todo de sus brillantes lagrimas. El aroma de la tierra y la clorofila sirven las veces de un bálsamo calmante para la noche que se desgarra y sigue volcando sus lágrimas, porque sabe que se va, sabe que debe irse. Enormes verjas de hierro forjado circunscriben un plano del terreno. Pero no alcanzan y la luz arremete sobre las flores protegidas. La reja se desconcierta. Inmovilizada por el frío de la noche, cruje ante los rayos del sol, se estremece y se enciende. En minutos más no quedará nada de sus detalles, de sus curvas y figuras cinceladas, de su fin de reja protectora. Comienza a prenderse fuego y sangra hierro fundido. Su alma de duro metal resiste hasta último momento. Tiembla, el cielo todo se ha convertido en un averno. Las llamas voraces se vislumbran tras las nubes inofensivas. El cielo se derrite sobre la tierra, el sol la abraza, la reja se rinde ante su resplandor.
Luego del atardecer, cronos sigue su curso y el sol guarda su traje de lava cuidadosamente, se apaga de apoco, vuelve a su rojo intenso de vergüenza por los seres encendidos en su jornada, se esconde dando un guiño a la luna que a comenzado a aparecer. Las estrellas, de apoco recuperan su brillo. Las estrellas fugaces recorren el infinito haciendo recuento de los estragos del sol. Abajo, sobre el verde pasto, un montón de hierros retorcidos yacen. Aun humean. Aun se escucha crujir su alma. El frío comienza a endurecer la aleación, ya termina la agonía. Mira al cielo y se maldice por su por su flaqueza. Rendirse ante un astro, rendir su firmeza, su rudeza, su porte de fortaleza ante un astro… ante un astro que obedece, también, a otras fuerzas, obligado a ocultarse y despertar rítmicamente, una grieta en su omnipotencia, tan poco dueño de si mismo también. La luna la baña en plata. Se duerme. Sueña su nueva forma de llave y cerradura, para abrirse y cerrarse sin morir en el intento. Espera al herrero que se apiade de ella con la nuevas luces del día.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Esfera


Recuerdo como si fuera hoy, o mas bien casi ya que muchos detalles se escaparon. Esos detalles que solo adquieren brillo a la luz de las cosas que suceden después de ellos, a los que les da verdadera importancia el tiempo, que buscamos hacia atrás como resquicios solo cuando los consideramos necesarios para algo que ocurre con posterioridad. Si, claro. Recuerdo pero algunos detalles se escaparon.Era un miércoles 14, no se de que mes, no se de que año, no se en donde, pero esos son detalles perdidos. Lo que importa es que era miércoles 14, nuevo, recién estrenado… era el día siguiente de un largo martes 13. Terminaba el invierno y la tormenta de niebla que todo había inundado se disipaba lentamente. El piso todavía estaba mojado, resbaladizo. En algunas partes el agua no había secado y su superficie escondía hondos y peligrosos pozos. La luz no era brillante aun, el sol despuntaba pero el resto de niebla en el aire la refractaba y confundía las formas. Caminaba con mucho cuidado y casi sin fuerzas. La infección me había consumido. Sin kilos, sin energía, sin ganas. Algunos recuerdos aun atormentaban. El resto se habían consumido con la carne evaporada. Muchas de las marcas en la piel habían pasado a lo profundo y llegaban a los huesos. Caminaba… sin saber muy bien donde, pero sabia que quería caminar, que había un lugar para llegar y eso era todo lo que tenia. Jugaba a las acrobacias en el cordón de la vereda. El agua podrida de la zanja recorría mi recorrido, caminaba mi camino, amenazante. Una débil hilera de luces, de focos urbanos desgastados de anochecer temblaban pálidamente como en un último esfuerzo por no dejarme a oscuras. Los seguía. En mi camino encontré muchas cosas. Manos sanadoras. Palabras reconfortantes. Imágenes estimulantes. Varias espinas y alguna que otra alimaña, pero seguía. Fue así que me crucé con eso. Me llamó poderosamente la atención. Una esfera extraña, transparente, frágil y magullada. Dentro estaba llena, la mitad de agua cristalina con ruido a mar dulce que invitaba a ser bebida, en el fondo sedimentos de mierda y podredumbre que amenazaba con nuevas infecciones. Al acercarme comenzó a rodar junto a mi, al borde del cordón, amagando a caerse una y mil veces. Tome velocidad para seguirla y la sangre comenzó a fluir dentro mío con mas fuerza. El calendario avanzó dejando atrás el martes 13, y retrocedió recuperando años. Luego de largas caminatas me detuve frente a ella. La tomé entre las manos y la levanté del piso. No opuso resistencia y parecía liviana. La giré y el agua podrida quedó en la superficie y se volvió pesada como un yunke. Giró nuevamente y volvió a levitar sobre mis manos. Calida. Comenzamos el camino juntos. A veces el agua podrida invade con su aroma todo lo que nos rodea, y mis heridas se infectan y arden. Pero seguimos caminando, sigo empujando y en el camino me voy curando. Ella se vuelve cada vez mas brillante, mas liviana, el agua negra va sedimentando y se que se hará limpia, y traspasará las paredes de la esfera y llenará de luz azul y aroma de agua fresca todo. Me hace bien verla y recorrer con ella este camino. Llena de energía que se va liberando en ráfagas luminosas que sacuden y contagian. Frágil mas allá de la aspereza de su superficie. Ruidos de tambores profundos invaden el aire. Se vuelve espeso y denso, carga en sus partículas temblores que nos llegan directo a las terminales nerviosas. Llueve. Si, y está comenzando a granizar y lo sabemos, pero nos gusta. Sabemos que las piedras que caen y las tormentas que vienen nunca las hemos visto, y presagian grandes agitaciones y convulsiones, pero las estamos esperando. Estas piedras terminaran de limpiar el agua y nos volverán livianos y fuertes, nos llenaran de energía y estaremos llegando al final del camino, ahora iluminado por fuegos potentes y explosivos. En ese momento los años volverán adelante saltando de a cientos en la historia, de la esfera saldrán manos, de mis manos saldrá agua. Aun no sé que más encontraremos en el camino. Si en algún momento la esfera se volverá tan liviana que la pierda de vista. Pero eso no ha pasado, y son detalles que aun no necesito recordar, aunque luego se pierdan. Por ahora solo afirmo actúo por lo que sé y quiero. Que el agua escape de la esfera, que mis heridas se curen para poder cubrirse de ella sin ardor, y juntar el granizo en nuestros bolsillos para convertirlos en mas y mas agua que limpie el aire, el cielo, el mundo, y crezca nueva vida bajo el hielo.

martes, 18 de noviembre de 2008

TORMENTA DE VERANO

No…. El horizonte parece tranquilo. El sol ocupa su lugar, aun no muy alto porque es temprano, así que la luz llega cremosa… sin lastimar, sin quemar. Hacia atrás todo parece en su lugar también. Las nubes se desenvuelven lentas… muy lentas… el viento a penas es un suspiro que las acaricia y ellas se mesen extasiadas. Los árboles brillan a la luz del sol y compiten en colores y aromas, abren sus ramas como queriendo abarcar el mundo en una delicadeza de clorofila perfumada.
Camina por el pasto, descalza. El verde mullido hace cosquillas en mis pies. Los cardos son tan brillantes en sus flores y hojas que son fáciles de esquivar. Se acerca al borde de un arroyo y se sienta a mirarlo. El agua golpea las piedras y emana un melodía armoniosa. El sol juega y transforma el arroyo en múltiples espejos que encandilan. Se recuesta a su vera mientras juega con las piedras más pequeñas de la orilla, pero sigue alarmada. Tiene la piel erizada y algo le indica que no todo esta bien, y es ahí cuando lo nota… el silencio de las aves. No hay pájaros cantando. Mira hacia todos lados pero es imposible encontrar siquiera uno. Solo ha quedado un grillo, evidentemente perdido en la cronología del tiempo, frotando sus patas… toda la noche, toda la mañana… se han gastado y suena a lata.
Un poco de tierra entra en sus ojos que buscan, se sacude y llora un poco. Se despeina… el olor intenso de la tierra invade su nariz. El viento la golpea, la empuja, como si quisiera sacarla de ese paraíso. Todo se vuelve negro. El sol fue secuestrado del firmamento por un par de nubes negras repletas de dagas de agua y choques eléctricos. Corre y se refugia en unas matas de frambuesas. Ya le parecía que algo no andaba bien. La lluvia arremete con violencia y sacude toda la paz del mediodía. Los árboles gimen mientras sus brazos tan abiertos se cansan y se vencen, cayendo al piso en ramas todavía vivas en camino de muerte. El arroyo se transforma en una víbora de agua que devora todo a su paso. El grillo se ha callado en un llanto ahogado.
Todo bajo sus pies se vuelve barro. El piso se mueve y se resbala, cae, rueda, se encastra de tierra negra vomitada por el cielo. El frío se apodera de sus pies, de sus manos, de su cuerpo. Su cara se endurece con un gran escalofrío y pasa así las horas, hasta que deja de llorar. Los músculos de su cuerpo están tensados y cansados del llanto.
Sus ojos hinchados casi no pueden cerrarse.
Las ultimas lagrimas recorren el lecho del arroyo… su pradera ha cambiado y sabe que ya no volverán los pájaros.
Busca en su mochila sus zapatos para poder caminar en el lodazal sin lastimarse.

viernes, 31 de octubre de 2008

Anciana


Estaba cansada y se sentó en la esquina, como en el living de su casa. Su cara era un mapa de cosas vividas. Fue solo un instante… dos mundos en el minuto del rojo del semáforo. Esos minutos que me gustaría que todo pare y poder preguntar sobre la vida. Me conmovió su estampa y cientos de imágenes acudieron a mi mente. Era la imagen de la soledad. De cómo la vida se vuelve lenta, como sabiendo que se acerca a la muerte e intentando llegar despacio. Imaginé hijos, tal vez. Tal vez afuera, tal vez distanciados, tal vez trabajando también de sol a sol, como ella, como su cara curtida de piel de cuero duro, ajado, arrugado. Un fuerte color a intemperie y pocas cremas. No vi sus manos, pero seguro los cayos decorarían sus palmas. ¿Qué espera? Ya nada.
Esa vida donde la juventud y la adultez se escurren entre los números negros de los almanaques esperando los colores rojos del descanso. Un domingo, un feriado. Un día de descanso, de familia o de quehaceres en la casa.
Tampoco vi sus dientes, pero seguro faltarían, seguro estarían desgastados de años de carne dura y pan de ayer… y mate, mucho mate.
Final común para una clase. Esa que nace a la vida que ya le han digitado. La escuela, un poco de “urbanidad” y conocimientos varios para el correcto desempeño en la vida. Un poco de disciplina y respeto a la autoridad, fundamental para cumplir su cometido… obedecer, trabajar, tener una familia y así continuar una y otra vez. Una familia que generación tras generación busca en sus hijos lo que sus padres no tuvieron dejando una genealogía de frustraciones en la historia. ¡Que pronto se desvanecen las ilusiones de los cuentos de hadas! Llegar trabajosamente a la adolescencia y atravesar el umbral del mundo exterior… el trabajo, las responsabilidades. Dos pasos y la espera una fábrica que poner a funcionar, una casa de familia para limpiar, una oficina o el desempleo. A partir de allí sus años descontaran vida. Algunas alegrías momentáneas y un tendal de sueños esparcidos por el piso. Todo más adelante… Ya llegará. Pero este no es más que el último sueño que verá derrumbarse. Cuando sus huesos ya no sean firmes y sus músculos pierdan tensión. Cuando sus ojos pierdan brillo y se gasten. Cuando el paso firme quede a la retranca del andar lento e inestable. Cuando la cintura se doble ante el peso de los años. Cuando el trabajo haya consumido toda la fuerza vital y sólo quede un saco de sentimientos y recuerdos… nuevamente el umbral. Esta vez cruzarlo es morir en vida. Los años de trabajo y esfuerzo acumulado no cruzan con ella el umbral. Mira para atrás y nota que alguien se los ha robado. La estafaron. Por delante la espera la miseria de la jubilación de hambre, un servicio de salud insalubre y un banco de una plaza enrejada.
Igual camina, por sus hijos, por sus nietos, porque sabe que fue fuerte y sabe que dio todo, porque se sabe merecedora de una recompensa luego de tantos años. Un descanso de ya no correr tras los números negros del almanaque, ahora todos sus días podrían ser feriados y domingos y dormir, pasear, cocinar los fideos de los domingos al medio día para su familia. Nada, camina un tiempo hasta que se cansa. Se agota, se ahoga. La ira y la bronca ya no encuentran fuerza en los puños para blandirlos en la cara de quienes le han robado. Su boca balbucea estridentes palabras cuando escucha en la tele a los políticos hablar del bienestar social. Se estremecen sus nervios al recordar los años de trabajo, los esfuerzos dedicados, las veces que no ha vivido por cumplir. Pero su cuerpo se agotó y ya no responde. Maldice nuevamente y se cansa. Camina unos pasos y se sienta, en la esquina, a retomar aire.

El agua caía impertinente. Olvidó que acá es artificial, que sale de un caño en una pared… parecía querer emular los bravos arroyos que bajan de las montañas.
Un extraño vapor se apoderó del aire y todo se volvió etéreo. Dos sombras danzan en la cortina de cristales húmedos y se derriten y funden con el calor. Dentro, las sensaciones liquidas se apoderan de la esencia y un mar de lentejuelas brillantemente blancas resplandecen y enceguecen. Vibran sobre la superficie, se hinchan y tensionan, mientras la marea aumenta. Las sombras y reflejos se confunden, el tiempo se detiene en las sensaciones pero marca su paso en las arrugas de la piel. Las figuras se tantean y se miden. Las gotas se deslizan sobre la piel rápidamente, vergonzosamente. Se abrazan los tres. Se abrasan. Los ojos se buscan entre los pelos que se pegan al cuerpo, que caen sobre la cara como pesados telones de una vieja sala de teatro. Los labios tienen sed a pesar de estar embebidos en agua, brillantes, húmedamente suaves. Las pestañas no dan abasto para proteger las pupilas encendidas. Hay sonidos acompasados del agua mas audaz. Sonidos de gotones desbordantes sobre el agua acumulada entre los cuerpos. Las sombras se aferran para no perder el equilibrio, el mundo se ha dado vuelta y el ambiente acuoso confunde. Las sensaciones se multiplican, la piel se transforma en una ramificación de terminales nerviosas hiper sensibles que se rozan y frotan lubricadamente. No solo el agua ha olvidado su contexto, las figuras también vuelven a su naturaleza, llevadas por impulsos que los habitan desde hace miles de años. Toda la superficie de la piel es recorrida y reconocida entre besos, caricias y gotas. Los ojos cerrados sólo sienten. El agua entra por sus poros y sus bocas abiertas. Se olvidan de respirar y mueren con un gemido entre los labios.

viernes, 24 de octubre de 2008

desvarios

Una mirada perdida
Una mano tendida a un vacío que nunca termina de caer
Una sonrisa fingida
Una duda carcomida por olas de tiempo que no van a volver
Es que buscamos atajos,
Salidas de paso que solo logran volvernos a perder
Los ojos cerrados no son buen consejo a quien quiere aprender
Heridas que no cierran
Injusticias que duelen
Un mundo vedado, una cárcel gigante que debemos vencer

lunes, 13 de octubre de 2008

palabras paredes escaleras

El último pucho de la noche. Un repaso visual al cuarto, uno mental al balance del día, mientras acomodo las sabanas revueltas de la noche anterior, intentando descansar. Imposible acomodarlas y me sonrío. Un colchón de escozor que no comprendo, pero me agrada la fanática obsesión de no estar descubierto, desnudo…. nunca del todo dormido. Un poco en la cama, un poco en otros lados, volando. Momentos de aterrizaje, la taza astillada, rota luego del terremoto, con olor a durazno, agoniza en el piso. Sobrecitos cuadrados de plástico mordido, esparcidos descuidadamente, de cuidarse de no descuidarse. Sangre en el labio de la más dulce herida de chocolate. Heridas profundas acariciadas con manos con cicatrices. Palabras que estallan el espejo y vuelven aliento la imagen. Cuatro seres vivos, cientos con los miedos, miles con los sueños, en la cama azul. Postas nocturnas de desvelo. Despertares acalorados sin culpables. ¡El Banquete és una farsa!. Hay mucho mas allá de los ojos, tendrías que sacarlos de sus orbitas y mirarte, pero no lo hagas. Necesito mirarlos para comunicarme. Te presto los míos y mis palabras, aunque no alcanzan. Para que más, ya sabes. Pintura del escenario luego del te digestivo, levemente salado, de palabras anudadas del estómago. Conjunro del zodiaco negado 10 veces. Conmovida, sacudida, sorprendida, relajada, pensante, sintiente.
Sigamos practicando en las paredes, mientras derrumbamos otras.
Te veo en un rato.


Invitacion


El 30 de octubre del 2007, se fundó el “Club de los Noctámbulos”. La idea del mismo se generó pensando en toda esa gente que crea mediante la escritura. Parte de esa creación muchas veces se desarrolla en la noche donde uno siente una especie de comodidad incomoda que te mantiene despierto navegando en la noche. Hoy el club tiene vida propia gracias a los socios. Podríamos decir que el Club tiene su propia noche. Y para festejar su tiempo de vida organizamos un lectura con los socios del club el miércoles 15 de cotubre a las 23hs (en Elebar, Nicaragua 5001, Uriarte y Nicaragua, Palermo) y quiero contar con tu presencia

viernes, 10 de octubre de 2008

CRISIS CAPITALISTA - ZANON

La crisis económica internacional se profundiza. Las mentiras del mercado que todo autorregula y del desarrollo incuestionable, se caen a pedazos. Su máscara se resquebraja y asoma su verdadero rostro, un rostro de barbarie…



Durante años este sistema ha crecido succionando nuestra fuerza vital. Millones de pobres y super explotados en todo el mundo han alimentado su codicia. Su crisis nos plantea una disyuntiva. Que se esté pudriendo no significará un mejoramiento para las mayorías que lo hemos padecido… sino lo contrario. Su decadencia intentará ser detenida redoblando las cadenas que nos oprimen. Pagando nosotros los millones que se evaporan en los puntos de la bolsa. Suspensiones, despidos, quiebras, rebajas salariales, inflación, devaluación, salvatajes millonarios pagados con nuestra plata, deudas “honradas” con nuestra salud y educación. Pero he aquí la disyuntiva de cual será el camino que tomemos. ¿Dejaremos que una vez mas este coloso insaciable de riquezas evite su derrumbe parándose sobre nuestras cabezas? ¿O aprovecharemos nosotros su profunda agonía para darle de una vez por todas su sentencia de muerte?
El 2001 en la Argentina no ha sido sino un suspiro comparado con la tormenta que se desata. Es el corazón del propio imperialismo el que está infartado.
El 2001 significó para la gran mayoría de nosotros un terrible golpe. La devaluación destruyó nuestros salarios. A los bancos les pesificaron las deudas y perdimos nuestros ahorros. Los empresarios declararon quiebras y despidieron trabajadores, para luego recomenzar su ciclo recuperando rentabilidad en base a una enorme precarizacion laboral y salarios de miseria. El campo depredó el medio ambiente para plantar soja y se enriqueció con el trabajo esclavo de los peones rurales. El gobierno inundó sus arcas con nuestros impuestos, con desocupados que cobran $150, presupuestos educativos, de salud y jubilaciones de miseria. Pagó al FMI a costa de todo esto. Subsidió a las empresas con millones. La crisis que ellos provocaron la pagamos nosotros. Como hoy hacen los grandes centros imperialistas, salvan a los grandes bancos y las grandes empresas mientras la gente se hunde en las deudas y pierde sus casas.

Pero el 2001 también nos dejó otras cosas. Las asambleas populares, la organización de los desocupados y las fábricas recuperadas por sus trabajadores. Mientras los patrones huían dejando un tendal de trabajadores y sus familias en las calles, ellos las retomaban para ponerlas a trabajar. Un caso emblemático es el de los ceramistas de Neuquen (Zanon), quienes llevan 7 años de gestión obrera de la fabrica, sin patrones, sin el estado… crearon cientos de puestos de trabajo y colaboraron activamente con la comunidad, donando cerámicos para la construcción de salas de hospitales y escuelas, colaborando con los fondos de lucha de otros trabajadores en conflicto, aportando con su experiencia en cada punto del país y el mundo que se los requería. Los trabajadores de Zanon son un ejemplo de que las crisis capitalistas no tenemos que pagarlas los trabajadores, y no solo eso, sino que somos los únicos que podemos darle una salida progresiva para el conjunto de la humanidad, organizando la producción nacional en función de las necesidades sociales y no de las ganancias de un puñado de empresas y especuladores que no dudaran en hundirnos con tal de salvarse.
Zanon es mucho más que una gran lucha, es una bandera que hoy debemos alzar bien alto cuando la crisis comience a repercutir directamente sobre nosotros. Es una perspectiva de superación del capitalismo moribundo.
Hoy quieren sacarle la fábrica a los obreros. Defender Zanon bajo control obrero y lograr su expropiación es el primer paso necesario para enfrentar la barbarie que se avecina y dotarnos de un programa que permita liberarnos de este sistema de decadencia. Se avecinan tiempos tumultuosos. La catástrofe capitalista pondrá al orden del día las palabras de Lenin sobre nuestra época, una época de crisis, guerras y revoluciones. El temor evidenciado en la cara de los grandes saqueadores de la humanidad es un llamado de urgencia a que nos organicemos y tomemos cartas en el asunto. La historia se está re-escribiendo y no podemos seguir siendo meros espectadores, sino nuevamente decidirán por nosotros y ya han demostrado suficientemente que cada una de sus decisiones equivaldrán a mayores sufrimientos para las masas desposeídas y oprimidas, a los trabajadores, a los jóvenes, a las mujeres.
Los capitalistas hunden al mundo en el caos y la miseria. El capitalismo ha demostrado que merece perecer. Es hora que tomemos en nuestras manos nuestro destino. Es hora que gobiernen los trabajadores.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Dulzura


A veces me siento fuera de mi misma… alterada y atacada por distintas sensaciones, agredida por mi propio cuerpo, como parada sobre los pies en carne viva. En esos momentos la cabeza se paraliza pero en realidad es porque gira rápidamente sobre si misma. Es difícil detenerla o respirar profundo. Pienso que lo mejor que me puede pasar es que el colchón se abra al medio y me trague… mientras la angustia acompaña mi cuerpo que se hunde y acalambra el estomago, tensiona los extremos, duelen las muelas, los ojos y la garganta.
Ayer me recosté y me hundí… y me sentí mejor. Pero no me tragó el colchón. Puse mi cabeza en tu pecho y sentí que no tenía que temer. Tu cuerpo se transformó en un algo cálido y mullido, que recubrió mi cuerpo rebelado. Tus manos acariciaron mis angustias buscando alejarlas. Tu voz susurraba un bálsamo de placidez mientras tu calor derretía las estalactitas que se habían formado dentro mío. Transformar lo que podría haber sido una dura noche, antesala de un terrible día, en un desvanecerse temporario. Una mano al otro lado de la cortina. Un beso al otro lado mármol. Tu calor al otro lado de mi lado. Aunque todavía mi cabeza aguijonee… puedo sacar de mi memoria esa dulce sensación, verla, olerla, saborearla, y palear un poco el malestar.
Gracias. Una vez mas.

domingo, 28 de septiembre de 2008

catastrofe no natural

Se avecinan tiempos tumultuosos. El capitalismo ha erosionado durante años mundo y vidas, y el viento de la historia ha ido acumulando los escombros en gigantes contradicciones. El huracán de la crisis que se esta desatando sacudirá los cimientos del mundo, hará girar sobre nuestras cabezas todas las contradicciones acumuladas y pondrá a la orden del día nuevos aires para la historia.Nada quedará en pié tal cual lo conocíamos.

El gran imperio, todo poderoso, se doblega ante su propio peso, y hasta que no termine de caer exigirá mundiales gestos de genuflexión, hasta dejarnos de rodillas para apoyarse sobre nuestras cabezas y recuperarse.
Los burgueses de la corte imperial corren por los pasillos del Palacion de Wall Street con caras desencajadas. Han tapiado las puertas y ventanas pero el huracán arremete sin miramientos los cimientos de su palacio. Hasta ellos se habían creído las mentiras con que justificaron su poder y su oro, y ahora se están sumiendo en el caos sin poder dar explicaciones, sólo pensando en salir del pozo sin importar los costos. El ojo del huracán aún no ha llegado y las consecuencias ya son incalculables.
El mundo mira atónito la desesperación de los gurues. Otros pequeños imperios comienzan a sacudirse. Una infinita red invisible los ata al destino del coloso enfermo. La tierra se mueve bajo sus pies, y las lujosas aceras se transforman en oscuras arenas movedizas que se van tragando las riquezas. En minutos, instantes, se esfuman del mundo millones y millones de verdes números, fríos números que se convierten en millones de nuevos hambrientos y desesperados. El imperio ha diseminado bombas y miserias por todo el globo durante sus años de esplendor y de pequeñas crisis, y no hará más que redoblar las cadenas de opresión para sostenerse y no caer.
Pero hay en esta historia una falacia mayor y principal respecto de toda la colección de mentiras con que han constituido su poder. Este huracán no es fruto de la naturaleza, incontrolable, ajena en gran parte a la voluntad del hombre. Este huracán se ha alimentado de los deseos y ambiciones de riquezas y poder de algunos cientos a costa de la mayoría aplastante de la humanidad.
Los esclavos miran asustados el dantesco espectáculo. El coloso esta de rodillas, es hora de dejar de mirar para actuar. La historia está reescribiéndose.
En la historia de la humanidad el arte ha sido utilizado por distintos centros de poder para generar mitos y creencias, para construir ideologías y enraizar en nuestras mentes un extendido y falso sentido común. Desde la Iglesia para difundir sus creencias hasta el fascismo para honrar sus postulados. Desde el capitalismo para tender sombras de perplejidad sobre el futuro e inacción sobre el presente hasta la degeneración estalinista de la revolución, para justificar sus mas terribles traiciones a la clase obrera. Todas estas imágenes se estrellan contra el fruto de la especulación capitalista y caen hechas añicos. Los viejos paradigmas y creencias se agotan, no alcanzan, se cuestionan. Es hora de un nuevo arte. Ya no hay lugar para pintar los paisajes de resignación. El destino esta pidiendo a gritos que lo tomemos en nuestras manos, que le pintemos colores verdaderos desnudando la historia trastocada, que le pongamos nuevas armonías para multiplicar las voces de los que hasta ahora callan, que seamos actores concientes de una obra que debe ser escrita, que bailemos danzas de guerra para poner en pie un ejército de esclavos insurrectos que cobrarán una a una las miserias en que han sido sumidos, que esculpamos una humanidad sin explotados ni explotadores. Que hagamos que el huracán se transforme en un torbellino que barra los cimientos de esta sociedad colocando nuevos pilares, que arroje al trasto de la historia la miseria y la explotación, que libere a la humanidad de sus cadenas para que pueda desarrollarse en todo su potencial social, que transforme el odio en revolución, es decir, la insurrección como arte.
Manos a la obra.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Juventud, divino tesoro

Floggers, bloggers, cumbios, emos y no se cuantas variantes más. Todos los medios gastan chorreadas de tinta u horas al aire para hablar de este “fenómeno” y transmitir un horrible mensaje.
Recuerdo todavía cuando se decía: – “Los jóvenes son el futuro”. Ahora todos miran horrorizados, casi burlescamente, esta juventud. Ahora: -“La juventud está perdida”.
Como en muchas cosas, sólo nadan en la superficie. Creo que es necesario abordar desde otro lugar estas cosas. Porque estos chicos están reflejando un problema social muy profundo, al igual que los chicos adictos al paco, los chicos “violentos” que se agarran a las salidas de los boliches y que tan insistentemente nos muestra Policías en Acción por televisión.
Recuerdo los 80’s. Recuerdo la caída del muro y como cada uno de los piedrazos partió cabezas, abolló subjetividades, hundió bajo cientos de escombros las ideas de revolución y cambio para redefinirlas como “viejas utopías”. Los jóvenes vestidos de negro, los darkies, los del NO HAY FUTURO. Una generación que se abrió a codazos sobre la generación de los 60’s y 70’s que en gran parte había nutrido las filas de los movimientos y organizaciones sociales y políticas que peleaban por un cambio revolucionario de la sociedad o, aunque mas impotentes, los hippies que desde su lugar también opinaban que podían mejorar la sociedad.
¿Qué se hizo con estos jóvenes? A muchos se los “coptó” para el sistema, apalancándose en la desmoralización del baño de sangre y derrotas que se hizo sobre muchos otros jóvenes y trabajadores. Y así se abrió paso a la decepción.
Los jóvenes de los 80’s fuimos llamados “la generación x”. Los de los 90’s fueron educados en el individualismo basado en una ofensiva neoliberal reaccionaria que minó todas las bases de ideas de cambio. Nos fueron cerrando todas las puertas, quemando todas las ilusiones, trastocando la historia, transformándola en una pieza de mármol inmutable, enterrándolos en una masa amorfa y gris de “nada se puede hacer” y “la historia ha llegado a su fin”. Las bombas sobre el golfo cayeron sellaban a fuego esta ideología de la resignación.
Pero el fin de la historia, la teoría del derrame, la ficción del capitalismo humanizado entraron en un callejón sin salida. Fueron perdiendo poco a poco partes de su disfraz dejando al desnudo la cara de la muerte y la miseria, las cuencas vacías de un futuro lleno de nada. A este mundo surgen nuevas generaciones. ¿Qué puede esperarse?
La adolescencia siempre ha sido un paso difícil de la vida. Depresiones, miedos, dudas, construcción de personalidades, decisión sobre futuros. Se pierde la mirada ingenua de la niñez para adentrarse en un mundo que a las grandes mayorías se presenta perverso y sin nada para ofrecer. Esto no es nuevo, ahora con la tecnología se puede conocer por miles. Pero hay un detalle que es clave. En lugar de transformar este inconformismo en energía revulsiba, en decidir tomar en sus propias manos la construcción de un destino distinto, se derrama como letanías por las pantallas de Internet, o se transforma en impotencia en drogas y alcohol, o termina en la marginalidad o en la cárcel. El mundo se ha vaciado de contenido y verdaderamente no da ganas de vivirlo.¿Vamos a cargar las tintas contra la juventud?
Deberíamos hacerlo.
Cargar las tintas sobre los jóvenes secundarios que se han movilizado en la Ciudad de Buenos Aires por aquellos compañeros que se encontraban obligados a dejar la escuela por el recorte en las becas. Sí, hablemos y hablemos sobre cómo estos jóvenes vieron la necesidad de movilizarse juntos, de organizarse, de enfrentar las autoridades como responsables de la situación que están viviendo y no como algo que es imposible cambiar.
Carguemos las tintas sobre los estudiantes universitarios que se movilizan junto a los docentes, que organizan actividades para juntar plata para apoyar las luchas de los trabajadores, que denuncian, que se organizan, que apuestan su intelectualidad y energia a un cambio social y no individual.
Carguemos. Carguemos las tintas sobre los jóvenes trabajadores del Casino, de Mafissa, de Jabón Federal, (por nombrar las luchas más recientes con muchos jóvenes) que han enfrentado represiones, persecuciones, despidos, atropellos y han respondido con energía y convicción. Aunque no consigan el triunfo, dejan un mensaje de necesaria rebeldía.
Carguemos. Carguemos las tintas sobre los jóvenes que se organizan en los partidos de izquierda, en los organismos de derechos humanos, en las organizaciones sociales, apostando con su militancia a un mundo mejor.
Carguemos sobre un Dario que pierde la vida por ayudar a un Maxi, bajo las balas de un policía asesino.
Los jóvenes anti-guerra que se movilizaron en EEUU y Europa. Los jóvenes que se enfrentan a la derecha fascista en Bolivia. Los jóvenes chilenos (pingüinos) que se enfrentan a la policía asesina de Pinochet en movilizaciones de miles y miles de estudiantes. Los jóvenes franceses que se movilizaban junto a los trabajadores contra los contratos de primer empleo y la precarización laboral. Los jóvenes que resisten las políticas colonizadoras del imperialismo en medio oriente.
Claro que todos estos no son mayoría. Como tampoco lo son los que se agarran a piñas en el Abasto o a la salida de los boliches.
Apostemos. Apostemos por esta juventud. El capitalismo esta derrumbándose y lo hará sobre nuestras espaldas. No morirá solo. Si no lo enfrentamos se levantará nuevamente, hundiendo a millones de personas mas en el mundo con el peso de sus crisis.
Desmoralización y escepticismo es lo único que tiene para ofrecer este sistema, junto a la miseria y el sufrimiento. Así surgen nuevas creencias, extrañas religiones, búsquedas de algún justificativo de la existencia en energías, naturalezas, dioses… necesidad de evadirse de este mundo. Algo que no es casual sino que este mismo sistema lo fomenta, porque les sirve mas esta decepción impotente generalizada que cientos de miles cuestionando el orden establecido.
Tenemos algo distinto que ofrecer. Algo por lo que se merece luchar. Cuando el capitalismo termine de perder su piel, dejará a la vista de cientos de millones su verdadera constitución, un mar de sangre de oprimidos y explotados, huesos de quienes han sucumbido bajo sus garras, hambre, miseria y dolor. Debemos ser miles los que lo enfrentemos. Debemos darle la estocada final para que perezca, porque merece perecer.
No hay cambio posible en este sistema, solo formas de evadirse en depresión, superficialidad y paco, y tampoco alcanzaran.
Apostamos a que sean miles los que al abrir sus ojos puedan ver que, no sólo tienen la posibilidad de cambiar el mundo, sino que deben hacerlo.
Sólo así podrá ser otra la juventud.
La que nutra de nueva energía un nuevo mundo.
Un mundo que merezca ser vivido, donde no se cultiven las miserias del hombre, sino que florezca lo mejor de la humanidad.






martes, 23 de septiembre de 2008

Letras muertas

Le gustaba escribir. Mucho. Estallaba en palabras cuando todo él se hinchaba en rabia e impotencia. Escupía paisajes, maldecía personajes, mataba a la muerte en cada párrafo que redactaba. La sangre que fluía desde su estomago a su cabeza se derramaba por sus dedos dando forma a las mas maravillosas figuras del miedo y el dolor. Como un dios, creaba la belleza del más pútrido barro. Se sumergía en los pantanos de las miserias humanas y reaparecía entre camalotes infectados con las manos llenas de colores e imágenes. Su boca, corazón y estomago solo sabían hablar con esas manos calientes y áridas de acariciar el desierto. Manejaba todo tipo de sinónimos y verbos para dar cuerpo a la angustia y el dolor. Conocía el otro lado del charco de zanja, había viajado a las pesadillas del insomnio, se había codeado con los monstruos que salen a babear las noches cerradas, sabia esconderse en los engranajes del viejo reloj de pared de madera húmeda y abichada sin ser golpeado por el péndulo, había dormido junto a los gusanos de la carne podrida y se había levantado con las moscas... y todo, todo, lo hacia bello con sus palabras. Sabía de su don, sabía que aunque agonizara no cruzaría la línea, siempre al borde del precipicio, mientras sus palabras siguieran combustiendo la basura. Sabia su don, sabia que su acido corroía los ojos de quienes lo leían, y sabia que a través de las cuencas que quedaban vacías podía penetrar las miserias de los otros y alimentarse de ellas sin que le opusieran resistencia. Sabia de su don, y temía de el.
¿Sin el? ¿Se volvería un hombre normal y corriente imposibilitado de metabolizar el cementerio del mundo para terminar entonces bajo una lápida, enterrado en vida? Aprendió a vivir entre muertos insepultos para no mirar a los ojos al sol. Salía de noche. Reptaba. Se camuflaba. Se retorcía de dolor hasta que vomitaba bilis textual. Era feliz, de alguna manera, sabiéndose con el don de saber que estaba medio muerto y mostrarle al resto un enorme espejo de letras para que se espantaran al verse putrefactos. Todo buen sentimiento cargaba una beta de ansiedad dolorosa perspectiva de fin del mundo. Rebosado en espinas con mercurio.
Los senderos profundamente marcados limitaban con cercas artificiales, de siniestro aspecto, custodiadas por espectros del pasado. Nadie osaba asomarse, fuera de la senda, se rumoreaba, las arenas movedizas te tragaban, cuanto mas te movías mas te hundías hasta ahogarte, hasta llenar tus pulmones de granitos de roca acumulados por la erosión de remotos tiempos inmemoriales. Nadie osaba caminar fuera del camino. A él le llamaba la atención. Le inquietaba el desafío y fantaseaba cada tanto con escapar al otro mundo mientras seguía sus días, riendo soberbia sobre los rostros anémicos de vida.
Todo parecía ya tan normal. Pero un día se cansó. Ya no le daba satisfacción ser un muerto vivo conciente de estar medio muerto entre los muertos vivos muertos. No le resultaba interesante, la adrenalina del límite de la locura se había evaporado y comenzaba a faltarle el aire. Necesitaba nuevos desafíos para no terminar de morir. Sentía y reflexionaba mientras jugaba con un pájaro sin alas, sentado sobre una piedra cubierta de musgo. Miró la cerca. Entornó los ojos al ver un extraño destello entre los tentáculos de los petrificados árboles que hacían de división. El desafío le resultó sabroso. Enfrentarse, salir de verdad de la senda y volver para contarlo. Su don se inflamó de soberbia extrema, el podía hacerlo. Se levantó y avanzó decidido, se abalanzó sobre la cerca y lanzo el pájaro contra el cielo, en un último intento de que aprenda a volar, antes de desaparecer tras la pared que se desvaneció a su paso. Aspiró aire profundamente, preparándose a pelear con el destino del pulmón arenado, pero ninguna arena movediza lo tragó. Se retorcía ridículamente en el piso, en arenas imaginarias, cuando una mano lo tomo del hombro y lo sacudió.
- ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?
- ¿Yo? ¿Ayuda? Pronunció sin mirar la voz que le hablaba... el no miraba a nadie desde el piso.
- Perdón... me pareció...
- Gracias. Perdón por mis modales. De allí de donde vengo, hay que perderlos para poder sobrevivir. Nadie te ofrece ayuda.
Le resultó un personaje extraño. Un hombre revolcándose en el piso con lodo y musgo pegados en la piel es algo que no se ve todos los días. De todas maneras lo ayudó a levantarse mientras él intentaba zafarse de sus manos. Una vez de pié la miró a los ojos. Se sintió desnudo. Para protegerse se presentó escupiéndole un mundo de lagañas y almas penantes... pero no logró quemarla. Seguía mirándolo fijo y hasta sonreía con gesto de compresión. El arremetió nuevamente, con artillería más pesada, y le habló de la muerte, del dolor, del sufrimiento de los hombres, del destino de bacterias y hongos corrompiendo la carne. Pero nada. Sus ojos no se habían vaciado con el ácido y lo miraban fijamente, con cierto grado de sorpresa y deleite.
- Lindas palabras. Una lengua muerta, palabras caducas... pero suenan bien. Estremecen, como el mundo. Ahora me voy, si necesitas algo llamame... no somos muchos de este lado, sabrás donde encontrarme. Y yo sabré quien sos, porque tardarás en sacudirte de la ropa y el pelo la viscosidad del barro del cementerio.
Confundido, la tomó de la cintura y le pidió que se quedara. Se sintió humillado al pedirle por favor... pero necesitaba entender lo que pasaba. La luz lo mareaba y se sentía ahogado sin el olor a putrefacción colgando en el aire. La voz que le hablaba no era cavernosa y tenía hasta una pequeña melodía en las palabras. Unas luces suaves, cálidas, en cada articulación de sus labios. La siguió por extraños pasadizos hasta que fue dejando el temor atrás y una extraña sensación lo invadió. Una sensación que ocupaba el espacio de la angustia en retirada. El dolor persistía, pero no punzaba. La sangre coagulada de sus arterias se fue oxigenando. Así, de apoco, su don se fue adormeciendo. Ya no necesitaba el alerta, la adrenalina y el filtro para el aire contaminado. Podría decirse que comenzaba a estar vivo.
Así pasó el tiempo y algo comenzó a faltarle. Llevaba unas hojas amarillentas en el saco. Vacías. Pálidas, parecían piel de un cadáver. Le dolía verlas así mudas… porque el se sentía mudo también. Poco a poco comenzó a extrañar-se. Quería escribir pero las palabras no salían. Su estómago ya no era el fusible de sus sensaciones y ya no disparaba ácido. Se sentía consternado. Evidentemente las palabras no brotaban de la vida. Sus palabras nacían de la muerte. Tenía razón la muchacha, la suya era una lengua muerta. Sentía que algo se consumía dentro de él. Día a día la desesperación crecía, pero no podía plasmarla. Las palabras que el manejaba no tenían sentido ya en este mundo... no podía comunicarlas, no podía causar terror con ellas. Sentado en su cuarto, al borde de la ventana, miraba la gente caminando despreocupada. El sol se estaba poniendo y todo se había vuelto brillantemente rojo. Miró las hojas blancas sobre la mesa. La birome seca e inerte. Pateó una silla y se puso de pie. Caminó en círculos acompañando el sol que se escondía, mientras amanecían las luces de la vereda. Los redondos focos eléctricos se confundían con una enorme luna llena. Un pensamiento crudo cruzó su cabeza, su mirada se endureció y oscureció, lo alejó antes que madurara. Sintió que su otro mundo lo llamaba, lo desgarraba… Se abalanzó sobre el cajón de la cocina, sacó un cuchillo y se pinchó las yemas de los dedos, garabateo las hojas, la mesa, las paredes... pero no lograba desangrar las palabras. Nuevamente lo azotó la idea... pero esta vez la sangre que había perdido le impedía pensar serenamente. Su razón lo traicionaba. Balbuceó un nombre entre dientes, reiteradas veces, y guardó el cuchillo en el bolsillo de su saco junto a las hojas vencidas. Se acercó a la puerta y miro hacia atrás, buscando si todo él salía por la puerta o quedaba algo más que su sangre en el cuarto. Convencido de llevarse a sí mismo, bajó las escaleras. Ensimismado en sus pensamientos no dio cuenta de la penumbra hasta que se asustó con su sombra, no por la sombra misma, sino porque pudo ver en ella su cara desfigurada. Un rictus de locura surcaba su mueca. Esquivó su sombra y le ordenó quedarse allí, en el remanso de la escalera. Descendió tanto como pudo, sintió que llegaba al mismísimo averno al pisar el porche del edificio. Miró a los costados, ni un alma en la calle... solo cuerpos. Avanzo a tientas por el camino que recorría por las noches desde su ventana. Doblo una esquina, otra más, cruzó un parque lleno de pájaros con alas, pero se encontraban dormidos en las ramas. Pisó el césped en un arranque de intento de destrucción, pero solo logró que lo invada el aroma de la clorofila que se desangraba en la suela de sus zapatos. Ya no soportaba mas esto! No podía haber lado bueno en todo lo malo! Necesitaba un poco de pura muerte, de puro dolor, pura viles humana... corrió algunas cuadras desesperado, escapando de las ganas de escapar de su idea, pero quería llevarla a cabo y se despedazaba dentro.
Llegó a un viejo edificio y subió las escaleras a zancadas. Golpeó la puerta.
- ¡Abrime! Por favor! ¡Abrime! Solo vos podes devolverme las palabras
- Es tarde! Estas bien?
La voz sonaba arrebatada de preocupación mientras se mezclaba con el traqueteo de la cerradura oxidada
- ya te abro... ¿Que te pasa?
- ¡Abrime!, necesito de vos... necesito voz.
Apenas se entornó la puerta, el esquivó velozmente sus ojos y se abalanzó sobre ella. Mordió con pasión su boca e inmovilizó sus labios. El abrazo se sentía como camisa de fuerza... un gemido, la impresión la desfiguró y sumergió en un shock. La recostó sobre el sofá. Acomodó su rostro hacia el frente... por fin sus ojos eran cuencas. La miró y se sentó junto a ella en el piso. Sacó el anotador y la birome. El olor de la sangre y las lágrimas que aun se hamacaban en sus mejillas iban nuevamente alimentando su don. Rápidamente el sofá se tiño de carmesí. El cuarto se llenó del olor a sangre que durante años lo había inspirado. Se sentían los estremecimientos de sufrimiento, podía captarlos, al igual que había hecho todos aquellos seres que vió desarmarse. Ahora sí, se dijo, y mojó la birome seca en la herida del cuchillo y volvieron las palabras, a borbotones como la sangre, con los deliciosos coágulos estilísticos que tanto extrañaba.
... Mi amor, ahora el frío de tu cuerpo y la rigidez de tus gestos me resultan mas familiares, pero me implosiona el dolor y la culpa. Siento que muero. Miles de palabras se agolpan en mis manos intentando describir esta horrible sensación que en hora buena ha venido a visitarme... te extraño y eso me desgarra.... y se que te extrañaré más cuando la sangre termine de secarse… Volvió al cementerio, dejando tras de si el cadáver deshidratado... como un vampiro post moderno, no había podido sobrevivir sin el olor a carne podrida.
La encontraron muchos días después, tirada en el sofá, entre sus manos una carta de despedida escrita en sangre. La misma sangre que cubría toda la alfombra y las paredes. Murió de tristeza, dijeron los médicos. Nunca pudo saberse la verdad y del cuarto nunca pudieron limpiar el olor a cementerio.

martes, 16 de septiembre de 2008

2 AÑOS SIN JULIO LOPEZ

FOTO DE UN PATRULLERO CON LA IMAGEN DE JULIO LOPEZ DEGOLLADA.
LOS MISMOS QUE LO DESAPARECIERON LO BUSCAN

El silencio es salud.

Mudamente hablaba la enfermera desde las paredes.

El silencio es salud, dijo,

y su dedo sobre sus labios cerraba la salida de palabras, y te miraba, porque sabía lo que pensabas. Si hablabas, su dedo se despegaba lentamente de sus labios y se inclinaba hasta acusarte, hasta que te silenciaban.

Vos la miraste de reojo, cientos de veces. Estuviste cerca de ella. Cuando te “desaparecieron” la escuchaste gritar histéricamente: -¡Silencio! -¡Hablá! -¡Silencio! -¡Hablá!....

Tus labios se sellaron de terror. Las imágenes que registraste, los dolores que padeciste, las torturas, los golpes, el sonido de los llantos. Tanto que tu garganta se anudó hasta casi ahogarte. El silencio es salud,

repetías en tu cabeza.

Luego, libre, te llevó un tiempo recuperar el habla. Barajar el equilibrio entre el silencio y las palabras. Buscar sin encontrar la definición para tanto sufrimiento y las palabras que pudieran dar cuenta de la aberración del genocidio del cual fuiste víctima.

Luego, de apoco, otros buscadores de palabras escapando al silencio se acercaron a vos. Se juntaron. Se apoyaron. Reconstruyeron. Encontraron las palabras y nos enseñaron a hablar en voz alta y a denunciar los silencios. Parieron el estremecedor relato de la muerte de la cual volvieron. Sus dedos se despegaron de sus bocas, pero para señalar a los asesinos.

La enfermera de la pared cayó al piso y estalló en añicos.

Miles de voces gritaron durante años juicio y castigo a los genocidas! Con tus palabras claras de voz temblorosa lograste un primer paso. Tu voz ha quedado grabada en nuestra memoria y tus palabras siguen haciendo eco, como las de los 30000 compañeros desaparecidos que buscaron callar para siempre y no lo lograron.

Pero los silenciadores siguen silenciando.

Y los asesinos siguen libres, y quienes aprendieron de ellos el silencio también. Ahora es más sofisticado. Quienes buscan el silencio cómplice gritan a viva voz. Hablan de los horrores vividos mientras mantienen el aparato represivo intacto. Gritan por justicia para que nos callemos. Gracias a sus complicidades, luego de tus palabras, se hizo nuevamente el silencio. Te llevaron al silencio intentando silenciarnos. Tomaron la foto rota de la enfermera intentando recomponerla. Hay una batalla abierta.

Hemos sumado nuevas palabras a nuestro vocabulario:

Aparición con vida ya de Jorge Julio Lopez.

Y las gritamos con todas las fuerzas, para que desde donde estés te lleguen y no te invada el silencio.

Que no te ganen.

Que no nos ganen.

Ayer el silencio era salud, hoy si sabes o viste algo… llamá. Las dos caras de la misma impunidad. Dos justificaciones distintas para la represión.

Si a julio lopez lo desaparecieron por enfrentar la verdad y exigir justicia

Si todos nosotros no aparecemos para que el aparezca

Todos nosotros somos los desaparecidos

viernes, 5 de septiembre de 2008

Princesas

Dicen los cuentos de princesas que las mujeres llegan a la vida con todos los regalos de la naturaleza. Son dueñas de ellos desde la cuna. La gracia, la belleza, la fragilidad, la sensibilidad, la delicadeza, el amor maternal, el instinto protector, sus múltiples capacidades. A medida que pasa el tiempo, son despojadas de esos dones y los cuentos reposan esperando nuevas princesas. Es que bajo la almohada anida un precepto, arrullado por milenarias canciones de cuna: “me quiero casar con una señorita que sepa coser, que sepa bordar”. Al dar los primeros pasos tropezará con la muñeca con la cual habrá de practicar su mandato, mas tarde una cocina, un changuito y una escoba. Las pinturitas y los moños. Los vestidos y las medias a la altura justa. Mas tarde las lecciones sobre amor y servicio. Lo más importante será conseguir un hombre que será el padre de tus hijos y con el cual formarás una exitosa familia. Tal vez, con suerte, encuentres placer en esto. Pero lo importante es el amor y la familia.
Los tiempos han cambiado. Las mujeres han ganado espacios. Los cuentos de princesa aun se leen, pero ahora, además, la princesa deberá ser una exitosa profesional, moderna ama de casa, esposa predispuesta al trabajo fuera y dentro de su casa, sonrisa de publicidad y hasta no deberá sufrir dolores menstruales. Ni hablar de la figura, que deberá ser lánguida, esbelta, flaca pero rellena, firme pero tierna, sin arrugas pero lo mas natural posible… Esto, sólo en el caso de las más afortunadas. Otras deberán lograr estos modelos de consagración como mujer desde lugares más dificultosos. Sus cunas arrullaron las mismas canciones pero desde lugares mas lejanos. Sus primeros pasos no tropezaron con muñecas sino con pequeños hermanos necesitados de cuidados. La cocina, el changuito y la escoba son de verdad y la esperan en su precaria casa, sin pinturas ni moños, sin vestidos y a veces descalza. El amor es una palabra inexplicable, nadie le ha dicho nada de su existencia y los asaltos masculinos que ha sufrido en su temprana adolescencia le han lastimado lo más profundo del alma, pero es mujer, se hace mujer. Sus hermanos son reemplazados por sus propios hijos, y el padre de sus hijos es reemplazado por su amor y coraje, por su trabajo a destajo. El primer padre la ha golpeado. El padre de sus hijos la ha vejado. La vida la ha maltratado. El sistema la ha condenado. Todas las mañanas escapa a su trabajo, donde con la sonrisa de sus hijos entre sus lagrimas deja horas de su vida junto a una maquina, y su orgullo entre las manos del capataz. Llegan ambas agotadas a su casa.
Una trabaja de vendedora en una empresa, la otra en la línea de producción. Venden y fabrican costosísimos perfumes de los cuales nunca han disfrutado una gota, ese aroma para ellas no representa más que olor a sudor de explotación. No parece ser lo mismo para la dueña, que pasea su cuello perfumado por las oficinas de la empresa con la misma impunidad con la cual firmó el último memorando:
-Debido a la alta tasa de natalidad que se está registrando entre el personal femenino de la empresa, el directorio sugiere que las empleadas se presenten en la oficina de personal e informen sobre su situación familiar…..
Dos días después de este aviso, cuatro trabajadoras fueron despedidas por “bajo rendimiento”. Las cuatro acababan de casarse y planeaban tener hijos.
Al enterarse del destino de sus compañeras las invadió una extraña sensación de bronca y desconcierto. Volvieron a sus casas sin poder dar explicación a lo sucedido. Eran mujeres, les habían enseñado que debían ser madres y lo eran. Trabajaban para dar de comer a sus hijos…. Al llegar a la casa se sucumbieron en las tareas pendientes y olvidaron lo sucedido.
El marido de una llega por la noche luego del trabajo, come y se sienta en su sillón a ver la tele. Ella lava los platos que ha ensuciado cocinando, acuesta a los chicos y lo mira tiernamente, ya exhausta. El la mira y la lleva a la cama, mientras el la besa ella sueña con dormir y escapar junto a un príncipe azul como el de los cuentos, que la haga sentir mujer y princesa. Hace tiempo que el amor se a acabado entre ellos, pero ella no se atreve a quedarse sola, su familia no lo toleraría.
El marido de la otra también llega, mas tarde, cansado y con olor a alcohol. Luego de años de trabajo en negro en la fábrica lo han despedido sin causa y está furioso. Entra, ve a sus hijos y se estremece pensando en que no podrá cumplir con su rol de cazador y garantizarles el alimento, se desploma sin hambre en una silla. La sociedad le ha enseñado la opresión y los mas oscuro de las personas, el ha aprendido desde niño ese papel y es el que desempeña en su casa. El oprimido oprime a su mujer, y ni aun así se siente libre como todos los días le dicen que es. Ella deja los quehaceres y se acerca a consolarlo, el descarga su furia con ella. En cada moretón que dejó en su cara escupió a su patrón. Vuelto en sí pide perdón, y se disculpa en la cama mientras ella rueda desarmada como sus lágrimas.
Un par de meses después una salía de la clínica, no podía hacerse cargo de un nuevo hijo, temía quedarse sin trabajo. La otra tampoco. Entró nerviosa en la casa de una vecina, salió y entró desesperada en la casa de una amiga, salió y entró arrastrándose a una ambulancia, salió y entró de emergencia a un hospital, no salió.
“Por eso es totalmente justo que presentemos reivindicaciones en favor de la mujer. Esto no es un programa mínimo, no es un programa de reformas (…) Nuestras reivindicaciones se desprenden prácticamente de la tremenda miseria y de las vergonzosas humillaciones que sufre la mujer, débil y desamparada bajo el régimen burgués. (…) Naturalmente, no con adormecedoras medidas de tutela; no, naturalmente que no, sino como revolucionarios que llaman a la mujer a trabajar en pie de igualdad por la transformación de la economía y de la superestructura ideológica”. (Clara Zetkin, Recuerdos sobre Lenin)

martes, 2 de septiembre de 2008

camino en sueños

El camino era largo y sinuoso. Miraba para atrás y parecía nacer del medio del cielo. Un camino que tampoco era camino, una línea imaginaria sobre el piso que a penas se veía. Por delante todavía quedaba mucho más, pero el sol de frente quemaba la imagen y era imposible distinguir algo más allá de potentes ocres y furiosos naranjas.Donde estaba no había luz intensa. Era como estar parada en el límite entre el día y la noche. Desde allí todo era un azul profundo y metalizado, con una iluminación agradable pero escasa. A su lado un poste y un cartel que no decía nada. Cargaba sobre sus hombros la sensación se haber caminado siglos sin parar, sin haberse preguntado nunca donde iba. Ahora que paraba, se encontraba perdida.Un hombre mayor pasó lentamente a su lado, por fuera del camino, removiendo el polvo del piso en cámara lenta.- Buenas. ¿Podría indicarme por donde ir?- ¿Hacia donde vas?- No estoy segura- Entonces seguí por acá, (y señaló hacia el centro del horizonte de luz) Pero no mucho tiempo. En algún momento deberás saber donde vas, sino ya estarás lejos de donde se abren los caminos. Hay bifurcaciones que si no tenes claro donde vas pasaran inadvertidas ante tus ojos.- Bueno, en todo caso vuelvo y giro (dijo frescamente, con la ingenuidad del pragmatismo a flor de piel, como si fuera cosa de detalle que podría resolver después.)El viejo miró con un ojo y ladeó su cabeza y su sombrero, como escudriñando algún dejo de broma en las palabras que había escuchado. Al comprobar que eran palabras convencidas frenó su marcha, acomodó sus huesos e impostó su voz, tal vez buscando dar la seriedad necesaria a lo que estaba por decir:- No es tan fácil. Volver no es como ir. Nada nuevo en el camino te distrae ni te sorprende. Te cansas. Comienza a asomar el reproche dentro, te enojas. Muchos se han tirado al borde del camino peleando con sí mismos y, creyendo que están en movimiento al ver gente pasar, no están más que muriendo en vida allí quietos, sin enterarse siquiera.No esperó respuesta y se fundió en el fondo, como saliendo por una puerta de emergencia. O es que ya no lo vió. El miedo la había paralizado.Despertó y manoteó la libreta, tal vez pensando que en otro momento podría meditar sobre el objetivo de sus pasos. Un día, sintiéndose perdida, buscó en su libreta palabras viejas frente a las nuevas agotadas, encontró su dialogo de ensueños que tenia completamente olvidado y vió la bifurcación. Ahora sigue caminando.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Carta de un psicotico a otro

- Toda la noche corriendo, eso te pasa por dormir por un psicótico.

¿Un que? Me pregunté. Es un poco tarde (o temprano, dependiendo desde donde se mire el reloj como para preguntar). Por otro lado, mas allá del reloj, también es tarde para preguntar, acabo de despertar junto a él. Claro que, una noche, dos, cien… pueden olvidarse. Pero si digo es tarde es porque lo es. El abrazo calido y mullido acurrucó los pensamientos que comenzaban a despabilarse de apoco. Mi cabeza reposó sobre su hombro y las cavilaciones sobre la psicosis se diluyeron en las nuevas imágenes de nuevos sueños que me asaltaron.

Al mediodía, luego de los besos del despertar y las caricias de la mañana demorada… no quedaba nada de los sueños ni los diálogos. Algunas imágenes perdidas y muchas sensaciones. Verte dormir es una de mis imágenes favoritas. Tal vez porque sepa lo que significa para vos poder hacerlo, verte así relajado, casi con un dejo de sonrisa en la comisura de la boca, es un festín. Escuchar tu respiración pausada apoyado en mi pecho o tomando firmemente mi mano. Pequeños regalos que me das sin saberlo. O los ojos a medio abrir del despertar, encontrándose mientras todo el resto sigue buscando. Las pastillas de menta del primer buen día. Los malos humores de los perros y la luz del sol. Un té y la despedida. Tengo la maleta llena de sonrisas para el resto del día. No queda nada del psicótico, y alguna que otra imagen de los sueños apremiantes de corridas y escapes. Pero vuelvo aquí a pensarte. Y entonces es cuando reparo en el detalle. “Eso te pasa por dormir con un psicótico”, dijiste antes de volver a cerrar los ojos y abrazarme. Y me dí cuenta que no era la primera vez que lo mencionabas. ¿Realmente creerás ser un psicótico? Recurrí a wikipedia para ver que querías decir con eso:“Se denominan como Trastorno Psicóticos aquellas patologías en las que se presenta síntomas psicóticos como principal característica. La psicosis es un trastorno mental mayor, de origen emocional u orgánico, que produce un deterioro de la capacidad de pensar, responder emocionalmente, recordar, comunicar e interpretar la realidad.” “una pérdida de las fronteras del sí mismo o un grave deterioro de la evaluación de la realidad. El nivel de malestar que produce este trastorno es tan invasivo que perjudica de sobremanera el normal funcionamiento del individuo, paralizando su actuar y no permitiendo comportarse de manera acorde a la realidad, en ocasiones incluso, se hace necesaria la hospitalización” “Uno o más síntomas psicóticos: ideas delirantes; alucinaciones; lenguaje desorganizado; comportamiento catatónico o desorganizado”

Yo no se, pero si alguien te hizo creer que tenes un problema, no sos vos quien lo tiene. No hay deterioro alguno en tu capacidad de pensar. Todo lo contrario. Hay brillo en las cosas que decís, en tus respuestas pero también en tus preguntas. Los problemas para responder emocionalmente, comunicar o interpretar la realidad no son producto de una enfermedad. Ver la realidad en su profundidad y diversas dimensiones es una sacudida de la que cuesta reponerse. Y cada una de esas sacudidas genera en nosotros distintas formas de comunicarlas, y a veces es difícil, y a veces no se entiende. Es fácil comunicar y analizar la realidad para aquellos que la viven como espectadores. Aquellos que relatan como periodista de mala muerte la lenta letanía de la vida corriendo delante de sus ojos. Pero meterse en ella, bucear, buscar lo escondido… eso es realmente vivirla y eso es algo demasiado fuerte para los códigos existentes. La manera de actuar acorde a esa realidad no es la acorde para los demás. Toda la descripción que transcribí del síndrome psicótico es, por tanto, relativa. Tenes un toque de magia en lo que haces. No siempre fácil de comprender… pero aun ahí donde parece que hay caos existe algo más. Las notas, las palabras, derraman partes tuyas entrañablemente dulces y amargas, ácidas, hirvientes y no tanto. Tal vez deberías dejar de creer que hay algo anormal en vos, para dar cuenta de que sí lo hay por suerte. Que la normalidad es una invención de aquellos que quieren producción a escala de la humanidad. Que salir de la línea no es estar fuera, pero si. Que desde ese fuera las cosas se ven distintas y pueden chocar, pero estas en el lugar exacto para dejar volar todo lo que tenes, para que estallen las palabras, los sonidos, los colores, los sentidos. Que sos un comunicador de otras cosas y que eso a veces pesa. Vuelve como un boomerang justo al medio de la frente. La sociedad de hielo y hormigón se retuerce ante las extrañas ideas, como los gerentitos ante dadá. Hay virus, hay error, hay incompatibilidad y el programa que desea ejecutar a encontrado un grave error, su disco rígido puede estar dañado o algún archivo se puede haber perdido. Estas en el momento en que insisten con el corset. Quieren atraparte y amatambrarte, cortarte alas, pintar de gris tus ojos, cortar la irrigación sanguínea de tu cerebro y corazón. El corset invisible se transforma en camisa de fuerza si los de afuera no te entienden pero vos tampoco.

¿Duermo con un psicótico? Tal vez, pero con los ojos mas vivos y la sonrisa mas alejada de esta realidad más linda.

¿Corro de noche por dormir con un psicótico? Tal vez no, tal vez porque corro de noche es que duermo con alguien que también corre. El problema es entonces otro. ¿De que corremos? ¿Por qué correr? Tal vez la próxima deberíamos hacer la prueba de plantarnos, girar sobre nuestros pies y correr contra ellos, hacerlos correr nosotros.

jueves, 28 de agosto de 2008



NO R.I.P.


¿Quién puede atreverse a sostener que nuestras artes no están impregnadas del tiempo que vivimos? ¿Quién puede afirmar que el tiempo que vivimos no lleva la marca indeleble de las relaciones económicas bajo las cuales nos desarrollamos? Si vivimos esclavizados, si nos relacionamos limitados por miedos y prejuicios creyendo que quien esta junto a nosotros es un enemigo, un competidor. Si nacemos y morimos condenados sin expectativas. Si vivimos y morimos alienados. ¿Cómo no habría esto de marcarnos? La realidad de nuestras vidas nos causa impresiones. Impresiones físicas, psíquicas… Entristecemos, nos alegramos, nos llenamos de ira, nos complacemos, contemplamos, actuamos. Sentimos. Como una masilla que se moldea con las manos de aquellos que en algún momento fueron llamados dioses, pero que a la vez nos deformamos y volvemos a formar al entrar en movimiento y vivir nuestra realidad. Estas impresiones se transforman en ideas como producto del choque de los estímulos y nuestro propio yo, estas ideas se transforman en acciones, palabras, colores, formas, pequeñas realidades que suman en la realidad e interactúan en ella, volviéndonos a moldear . He aquí el caso de las palabras. Una pequeña fuga de presión que se derrama sobre las hojas o los teclados pintando y dando forma a las incorpóreas sensaciones que nos invaden. Anhelos, premuras, contradicciones, dolores. Pequeñas dosis de bálsamo de nuestra existencia. ¿Cómo negar la relación de las palabras con lo que vivimos? Si hasta aquellos que les dan vida propia no pueden escapar del óxido de esta sociedad que corrompe sus sentidos. El escepticismo en el hombre los golpea como un látigo flagelante. Arrastran el dolor de siglos de opresión y miseria, y se encargan de derramarlo y esparcirlo en hermosas frases y decoradas morfinas de resignación. Hacen del estancamiento un estandarte y de las miserias humanas la mejor justificación de su cobardía. “Nada se puede cambiar, me he librado del enorme peso de reflexionar sobre mi existencia y mis acciones, ahora puedo dedicarme a vivir la vida lo mejor que pueda y a dejar de sufrir por lo imposible.” ¿Quién puede sostener que esto no es producto de las propias condiciones económicas que parecen estar al borde de los callejones sin salida arrasando con la humanidad a su paso? ¿Quién puede negar que este sistema de guerras, sangre y dolor no ha llevado a millones a perder todo tipo de esperanza en el cambio del hombre y en el hombre como actor del cambio?. La comodidad del “realismo” frente a la incomodidad de lo “utópico” es una de las invenciones más acabadas y complejas que este sistema a logrado como agente conservador del orden y como reacción a todo indicio de cambio progresivo. El arte, la filosofía, la cultura, han sido tomadas por asalto por este virus de agonía. Un virus de miopía que impide ver que la realidad es mucho más compleja que la simple voluntad del hombre. La miopía de la negación de la realidad en su bastedad de contradicciones. Aquello que se nos presenta como un bloque de hormigón, firmemente construido, inalterable, con el peso perturbador que puede tener la lápida sobre la tumba. Aquello que ha “devenido” para quedarse “deviniendo” en nada. Aquello, no es mas que esto que tenemos a mano, aquello que construimos, justificamos o derrumbamos de acuerdo a desde donde se lo mire. Yo decido estar del lado de afuera y no en la tumba. Decido poder despojarme de la protección y comodidad de la tierra negra que nos traga para poder escrutar cada grieta de la piedra y encontrar su debilidad, su punto de apoyo, su desgaste, y derrumbarla. Sacudo los gusanos que se alimentan de mi carne putrefacta y me pongo de pie. Extiendo mis manos hacia otras manos que rasgan con desesperación las paredes de sus ataúdes. Aquí ya no descanso en paz. Aquí ya no descanso. Aquí me muevo, me agoto, me expongo, me canso… en paz. Batallo contra los enterradores, contra quienes día a día siguen tirando paladas de tierra sobre mi cuerpo. El olor a carne podrida y a humedad se siente distinto desde acá, no invade los cerebros ni obnubila… desde acá se ve el campo, un jardín, mas allá los árboles, mas allá cientos de personas vivas, y al fondo un hermoso amanecer. Esta tierra maldita regada por nuestra sangre y nuestras lágrimas, que se come nuestros cuerpos y nuestras cabezas, no es la única tierra posible. ¿Quién se atreve a decirme que mis palabras no son producto también de esta realidad? ¿Qué mi capacidad de ver la muerte pero también de saber que si hay muerte es porque hay vida no es producto de la misma realidad del que calla en la tumba? Busco las contradicciones mas allá de lo que me dejan ver, de lo que quieren que vea. Me transformo en un sujeto de verdad, pensante y actuante, intentando romper con los pensamientos y acciones que “deberían” corresponderse con mi historia. Quiero hacer mi propia historia. Y entonces mis palabras se vuelven lacerantes llamas de fuego que molestan y queman, que transforman la realidad. Palabras que son desacreditadas por ejércitos de muertos vivos que han encontrado en sus palabras armas de dominio y han impregnado la época de tristes imágenes de derrota. Pero también hay otras voces, voces que hacen coro con la mía. Y de apoco mas ojos se abren y mas voces se escuchan. Las silenciadas del pasado llegan hasta nosotros desgarradoras, incitándonos a no dejar de escucharlas, a seguirlas, a encontrarlas. Otras voces de desesperación que se han cansado de ahogarse bajo tierra y sin saber aun a donde ir, saben por lo menos que quieren salir de sus prisiones. Voces, nuevas voces, que preguntan, indagan y se mueven escurridizas buscando también una nueva historia.
Mis palabras también dan cuenta de lo negro y del oprobio, de la desesperación y la miseria, pero no para regocijarse en ellas. Mis palabras se llenan de sangre y dolor porque el cementerio de este mundo las impregna. Pero doy cuenta de ello para acusarlo, para desnudarlo, para debilitarlo, para atacarlo, para poder llegar al día en que mis palabras no sean solo herramientas de libertad sino que finalmente sean libres. Que den cuenta de una nueva vida donde las pasiones que dan humanidad sean patrimonio de todos los mortales. Donde los mortales sean vivos. Donde los inmortales estén muertos.


lunes, 25 de agosto de 2008

El consultorio del Dr. Rhon


Se levantó de la camilla, tomó la campera y salió de la casa. Dudó un instante… afuera soplaba una extraña brisa, fría y húmeda pero sin velocidad, como si al cruzar la puerta se introdujera en una pecera de agua fría. Volvió a entrar, tomó la bufanda y un gorro y decidió no dudar hasta cerrar la puerta tras de sí. Comenzó a caminar por la calle que se movía lentamente delante de ella. Todo estaba muy oscuro y silencioso… sólo iluminaban la escena las casuales ventanas de las viejas casas que cruzaban su camino. Era una extraña sensación saber que esa luz provenía de espacios donde había vida, cuando ella sentía que todo el mundo había escapado y que era casi improbable encontrar a alguien castigando los adoquines a esa hora, como ella hacía. Podía abstraerse en esa peculiar sensación, pero sin necesidad de detenerse a ver cada ventana ni intentar espiar por ellas. Sólo estaban allí. Seguía caminando, no sabía bien hacia donde, pero sentía que la llamaba. Sentía que la llamaba sin quererla llamar… y por eso más curiosidad tenía. Giró varias esquinas, se sentó en un umbral oscuro a fumar un cigarrillo mientras meditaba si tenía sentido seguir el llamado, si existiría o solo lo imaginaba. Era entonces cuando intentaba abrir los ojos, pero nuevamente la curiosidad la obligaba a cerrarlos. ¿Qué quería que vea? Se levantó y retomó la caminata, después de todo, no se cansaba ni agitaba ni corría riesgos ya que estaba sola. Llegó a una esquina, con una casa un poco más alta que las demás, con una ventana un poco más alta que las demás y un poco más cerrada que las demás. Esta ventana sí le llamó la atención, ya que a diferencia de las anteriores, no estaba completamente abierta y no emanaba luz absoluta, sino que entornada, asomaba una luz amarrilla como de velador con pantalla ajada. Amarilla pero intensa, intensa pero que no lastimaba la oscuridad que la rodeaba. Esta sí le llamó la atención, pero estaba muy alta. Sólo llegaba a discernir una repisa con adornos, claramente contorneados. ¡Había realidad tras esa ventana! Y también sabía que detrás de ella estaba quien llamaba. Quedó un tiempo largo observando, desde el medio de la calle. Toda la fachada de la casa parecía embebida en un barniz de humedad, una muralla de piedra gris oscuro, que era difícil de ver con claridad, confundida con la espesura de la noche que se había extendido hasta rodearla, hasta anular todo el resto del fondo, dejando sólo la ventana en el campo visual.
La pared ocre del otro lado de la ventana se veía vieja pero sin rajaduras. La madera oscura de la repisa contrastaba con ese fondo claro. Parecía haber sombras que se movían. Una la llamaba, la otra no daba cuenta de su presencia. Se acercó a la casa buscando una puerta, la atravesó y la oscuridad era aun mayor. A tientas encontró una escalera. No chocó con un solo objeto hasta tomar la baranda. Tal vez todo se había esfumado, tal vez la oscuridad los había devorado limpiando el camino. No se sentía apremiada. Se había acostumbrado a vivir con las sombras y a no temerles sabiendo su debilidad ante la luz y su efímera existencia. Pero algo había distinto en esa casa. Tras esa ventana había realidad y alguien que la llamaba. Sin voz, sin sonidos… pero la llamaba. Subió un piso y llegó al umbral de la puerta, tras ella estaba la habitación amarillenta, la estantería, la luz añeja y las sombras que quería mirar. ¡Todo había sido demasiado fácil! Nuevamente se detuvo a pensar. ¿Quería entrar? Sospechaba que lo que tenía para ver era algo que no quería ver. Tuvo un poco de miedo. Intentó deshacer sus pasos pero le habían ganado de mano, sus pasos ya habían sido desechos, la escalera había desaparecido y ella flotaba sobre el piso parada en el rellano de la puerta. Un escalofrío de ira la invadió. No quería! Ya no quería entrar! ¿Y si detrás de la puerta estaban sus miedos? ¿Si encontraba en cuerpos sus sospechas? ¿Por qué la llevó hasta ahí? Tal vez para expirar sus culpas, tal vez porque era una forma de decirle lo que no quería decirle pero sabia que tenía que decir? Entonces… no eran sus miedos solamente. De todas formas no tenía sentido divagar más sobre el asunto. Estaba a tres metros de altura sin poder bajar y frente a una puerta. Estaba a punto de despertar, no podía hacerlo en medio de la nada, llevándose nada… aunque supiera que del otro lado había realidad. Finalmente decidió entrar. Buscó el picaporte y no estaba. Nada… ni una hendija, ni cerradura siquiera para espiar. La puerta era de maciza madera oscura, absolutamente cerrada. Comenzó a empujar con todas sus fuerzas, cada vez que tocaba la madera sentía que estaba del otro lado llamando… Se sentó rendida en el piso, con la espalda contra la puerta intentó escuchar, pero sólo hablaba el silencio.
- No puedo entrar, no hay manija. No, no hay. Ya busqué. Tanteé cada centímetro y nada, solo un par de clavos o algo así sobresaliendo. Abrí vos del otro lado… si que podes. ¿Tampoco?
Destellos de luz borraban por momentos la escena y sentía que era absorbida, pero al instante volvía a aparecer. Por un momento de desesperó, pero claro… que podía hacer, ella misma había borrado la manija de la puerta para no entrar, después de todo era su sueño… y no era el momento. La luz se abrillantó de golpe hasta molestar sus ojos cerrados.
- Ya está. ¿Te dormiste?
- Si… un poco. Hace frío. Bueno. Gracias, hasta el próximo viernes.
- Adiós. Cuidate.

Mural de muro



de la exposición en el palace de glace (creo q se pone asi) donde expuso paulita. Eso esta hecho con aerosol creo, es impresionante.

miércoles, 20 de agosto de 2008

SUEÑO DE ESCAPE 2

¿Una nueva oportunidad? Se abrió ante su figura la noche mezclada con la oscuridad y el brillo de los tibios faroles. A sus pies, una calle amplia de adoquines, húmedos, grises tornasolados de pequeños reflejos. Caminaba como sabiendo a donde ir, sabía que era una madrugada sin sol. Sus pasos retumbaban vaya a saber donde, lo que le indicó que la inmensidad debía de estar flanqueada por algo que le daba fin. Llegó a una esquina y escuchó música, risas, gritos, y una voz de altoparlante invitando a acercarse.
- Chicos, chicas! Vengan a festejar el día del niño! Hay premios y sorpresas, y
mucha música para cantar y bailar.
¿A quien se le ocurría festejar el día del niño un domingo de madrugada, con frío y fuera de fecha? Conocía la voz y le sorprendió. Caminó en diagonal a la plaza para espiar. Vió decenas de cabezas no muy lejos del piso con globos de colores, binchas, colitas, trenzas, flequillos y risotadas. Todos parecían muy felices sin dar cuenta de lo bizarro de la imagen. Sentados en círculo alrededor de nada. El animador animaba, incansable, aunque no lo escucharan. Ella se sentía invisible, sabía que nadie le prestaba atención ni daban cuenta de su presencia. También estaba la muchacha de voz angelical que, a pesar de posar su vista sobre ella, tampoco la vió. Protegida por la impersonalidad de la oscuridad y la nube onírica, hizo un breve paneo para tomar la escena de conjunto, apretando el abrigo para defenderse de la fría humedad. Sus ojos recorrían lentamente todo lo que se movía, pero nada tenía cara, de alguna forma todas eran espaldas. Una bruma gris los rodeaba y todo parecía estar en un universo paralelo… Tal vez ella solo estaba mirando el sueño, todavía medio despierta. Terminaba el recorrido cuando sus ojos toparon otros ojos. Eran los primeros que la miraban fijamente. Amplió el foco de visión para ver el cuerpo que acompañaba los ojos. Otra vez él. Lo temía… todo el resto de la escena quedó congelada como una gran escenografía de sonrisas paralizadas, igual que ella. El se despegó del fondo y adquirió vida fuera de la bruma. Se acercó sonriente.
- ¿Qué te parece lo que organizamos? Parece que la están pasando lindo ¿no?
- Si si, claro… muy divertidos. Estaba completamente perpleja. Era una trampa. Una horrible trampa que ella misma se había tendido. - Igual es tarde, yo me tengo que ir. (Quiso tomar distancia e irse, pero el pasó su brazo por sobre sus hombros y la abrazó. Sonaba desmedidamente amable, alegre.)
- Que bueno verte otra vez. Vamos a dar una vuelta, vamos a charlar, estuve pensando muchas cosas y quisiera compartirlas con vos.
- Es que se me hizo tarde, Tarde para que? Pensó ella. Es un sueño y no hay tiempo. Es una madrugada sin sol, es decir, no es. Era como un agujero en el tiempo, donde la realidad se dobló casi hasta quebrarse. Le sonrió y cruzaron la calle interminable. Llegaron a una oficina, o eso parecía, de paredes de vidrio y cientos de cosas arrumbadas unas sobre otras… Ya a esta altura nada la sorprendía. Dos sillones mullidos pero sucios y una silla en la esquina. El se acomodó en el sillón de espaldas a la pared y frente a ella. Ella se sentó, pero sin acomodarse. El comenzó a hablar. Ella lo miró hasta que perdió noción de las palabras. Veía que gesticulaba, su boca se abría y cerraba, indudablemente seguía hablando, pero ella no escuchaba. Por un momento volvió a mirarlo y llegó a entender que le decía: -33x33, 7x7… Le pareció sumamente incoherente y siguió reconociendo el lugar, viendo todo como desde lo más alto de la habitación. Volvió a dejar de escuchar, se había perdido en un detalle que le llamaba la atención. Casi llegando al techo colgaba un portero eléctrico con innumerables timbres. Incontables. Toda la penumbra de la habitación se perdía en la potente luz que enfocaba la imagen. Pudo ver que los timbres no tenían números, solo una palabra que se formaba en hilera descendente a la izquierda del tablero, en brillantes colores verdes, rojos y amarillos. Alcanzó a leer: Hippie pasá he!
¿Que querría decir eso? Pensaba y buscaba explicaciones. El interrumpió su parloteo cuando por fin la vio perdida. Se recostó sobre sus piernas buscando su atención. Ella fue volviendo nuevamente y llegó a escuchar:
-Estuve releyendo todo lo que me escribiste. Y pensé mucho sobre lo que decías…
(Esta confesión la conmovió.)
-… y pensaba en nuestra relación. Era una extraña relación pero linda, libre, y aunque pasaran cosas y el tiempo, ahí estaba. Y la pasábamos bien…
El frío comenzó a ceder y la luz se hizo más blanca. Ella lo miraba confundida, regocijada. Era una tentación muy grande. Esto era más fácil… dejar las cosas fluir en algún sentido incierto. Sin sentirse compelida a pensar, a actuar, a definir… solo estar. Sin miedos. Sin fantasmas ni titubeos. Sufriría, seguro, pero siempre podría echarle la culpa a el y salir eximida, sin responsabilidades… A medida que pensaba su mano, como con vida propia, se fue a posar sobre la rodilla de él que seguía hablando. Se calló. Detuvo sus movimientos, la miró fijo y la tomo por la nuca. Sintió su respiración muy cerca. Los ojos de él brillaban. Lo había logrado… La había convencido de volver a ser antes y revivir lo no vivido. De estar siempre huyendo parada sobre lo gris de la inexistencia. Zambulléndose en lo superfluo, no llegando nunca nada, no teniendo nada entre las manos. Esta vez no fallaría. Cuando la besara ya estaría abierta la grieta… ya nada sería igual.
Un ruido los sorprendió. El vidrio que simulaba una pared estalló sin astillarse, y el se abrió paso en la habitación. Ocupó la silla vacía y los miro, uno por vez, con ceño fruncido. Vestía la misma ropa que llevaba ese día fuera del sueño, su pantalón azul, remera blanca y campera de jean. Casi podía describir cada detalle, menos esa cara de enojo que jamás había visto. Los rulos caían sobre su rostro y le daban sombras especiales. Se inclinó sobre el y lo apartó de ella. Lleno sus brazos de cosas y le dijo:
- Acá estoy. Me demoré, llegué tarde, me entretuvieron. Me mandaste a buscar lo inencontrable para alejarme, para distraerme. Pero acá estoy. Ella ya no quiere escapar, quiere lo que quiere y no lo que puede o lo que hay.
Ella se despertó abruptamente, en ella y no en otra. Seguía allí, no había escapado. Sonrió y volvió a dormir. Esta vez al cerrar los ojos su sueño comenzó con los rulos en su nariz.