viernes, 31 de octubre de 2008

Anciana


Estaba cansada y se sentó en la esquina, como en el living de su casa. Su cara era un mapa de cosas vividas. Fue solo un instante… dos mundos en el minuto del rojo del semáforo. Esos minutos que me gustaría que todo pare y poder preguntar sobre la vida. Me conmovió su estampa y cientos de imágenes acudieron a mi mente. Era la imagen de la soledad. De cómo la vida se vuelve lenta, como sabiendo que se acerca a la muerte e intentando llegar despacio. Imaginé hijos, tal vez. Tal vez afuera, tal vez distanciados, tal vez trabajando también de sol a sol, como ella, como su cara curtida de piel de cuero duro, ajado, arrugado. Un fuerte color a intemperie y pocas cremas. No vi sus manos, pero seguro los cayos decorarían sus palmas. ¿Qué espera? Ya nada.
Esa vida donde la juventud y la adultez se escurren entre los números negros de los almanaques esperando los colores rojos del descanso. Un domingo, un feriado. Un día de descanso, de familia o de quehaceres en la casa.
Tampoco vi sus dientes, pero seguro faltarían, seguro estarían desgastados de años de carne dura y pan de ayer… y mate, mucho mate.
Final común para una clase. Esa que nace a la vida que ya le han digitado. La escuela, un poco de “urbanidad” y conocimientos varios para el correcto desempeño en la vida. Un poco de disciplina y respeto a la autoridad, fundamental para cumplir su cometido… obedecer, trabajar, tener una familia y así continuar una y otra vez. Una familia que generación tras generación busca en sus hijos lo que sus padres no tuvieron dejando una genealogía de frustraciones en la historia. ¡Que pronto se desvanecen las ilusiones de los cuentos de hadas! Llegar trabajosamente a la adolescencia y atravesar el umbral del mundo exterior… el trabajo, las responsabilidades. Dos pasos y la espera una fábrica que poner a funcionar, una casa de familia para limpiar, una oficina o el desempleo. A partir de allí sus años descontaran vida. Algunas alegrías momentáneas y un tendal de sueños esparcidos por el piso. Todo más adelante… Ya llegará. Pero este no es más que el último sueño que verá derrumbarse. Cuando sus huesos ya no sean firmes y sus músculos pierdan tensión. Cuando sus ojos pierdan brillo y se gasten. Cuando el paso firme quede a la retranca del andar lento e inestable. Cuando la cintura se doble ante el peso de los años. Cuando el trabajo haya consumido toda la fuerza vital y sólo quede un saco de sentimientos y recuerdos… nuevamente el umbral. Esta vez cruzarlo es morir en vida. Los años de trabajo y esfuerzo acumulado no cruzan con ella el umbral. Mira para atrás y nota que alguien se los ha robado. La estafaron. Por delante la espera la miseria de la jubilación de hambre, un servicio de salud insalubre y un banco de una plaza enrejada.
Igual camina, por sus hijos, por sus nietos, porque sabe que fue fuerte y sabe que dio todo, porque se sabe merecedora de una recompensa luego de tantos años. Un descanso de ya no correr tras los números negros del almanaque, ahora todos sus días podrían ser feriados y domingos y dormir, pasear, cocinar los fideos de los domingos al medio día para su familia. Nada, camina un tiempo hasta que se cansa. Se agota, se ahoga. La ira y la bronca ya no encuentran fuerza en los puños para blandirlos en la cara de quienes le han robado. Su boca balbucea estridentes palabras cuando escucha en la tele a los políticos hablar del bienestar social. Se estremecen sus nervios al recordar los años de trabajo, los esfuerzos dedicados, las veces que no ha vivido por cumplir. Pero su cuerpo se agotó y ya no responde. Maldice nuevamente y se cansa. Camina unos pasos y se sienta, en la esquina, a retomar aire.

El agua caía impertinente. Olvidó que acá es artificial, que sale de un caño en una pared… parecía querer emular los bravos arroyos que bajan de las montañas.
Un extraño vapor se apoderó del aire y todo se volvió etéreo. Dos sombras danzan en la cortina de cristales húmedos y se derriten y funden con el calor. Dentro, las sensaciones liquidas se apoderan de la esencia y un mar de lentejuelas brillantemente blancas resplandecen y enceguecen. Vibran sobre la superficie, se hinchan y tensionan, mientras la marea aumenta. Las sombras y reflejos se confunden, el tiempo se detiene en las sensaciones pero marca su paso en las arrugas de la piel. Las figuras se tantean y se miden. Las gotas se deslizan sobre la piel rápidamente, vergonzosamente. Se abrazan los tres. Se abrasan. Los ojos se buscan entre los pelos que se pegan al cuerpo, que caen sobre la cara como pesados telones de una vieja sala de teatro. Los labios tienen sed a pesar de estar embebidos en agua, brillantes, húmedamente suaves. Las pestañas no dan abasto para proteger las pupilas encendidas. Hay sonidos acompasados del agua mas audaz. Sonidos de gotones desbordantes sobre el agua acumulada entre los cuerpos. Las sombras se aferran para no perder el equilibrio, el mundo se ha dado vuelta y el ambiente acuoso confunde. Las sensaciones se multiplican, la piel se transforma en una ramificación de terminales nerviosas hiper sensibles que se rozan y frotan lubricadamente. No solo el agua ha olvidado su contexto, las figuras también vuelven a su naturaleza, llevadas por impulsos que los habitan desde hace miles de años. Toda la superficie de la piel es recorrida y reconocida entre besos, caricias y gotas. Los ojos cerrados sólo sienten. El agua entra por sus poros y sus bocas abiertas. Se olvidan de respirar y mueren con un gemido entre los labios.

viernes, 24 de octubre de 2008

desvarios

Una mirada perdida
Una mano tendida a un vacío que nunca termina de caer
Una sonrisa fingida
Una duda carcomida por olas de tiempo que no van a volver
Es que buscamos atajos,
Salidas de paso que solo logran volvernos a perder
Los ojos cerrados no son buen consejo a quien quiere aprender
Heridas que no cierran
Injusticias que duelen
Un mundo vedado, una cárcel gigante que debemos vencer

lunes, 13 de octubre de 2008

palabras paredes escaleras

El último pucho de la noche. Un repaso visual al cuarto, uno mental al balance del día, mientras acomodo las sabanas revueltas de la noche anterior, intentando descansar. Imposible acomodarlas y me sonrío. Un colchón de escozor que no comprendo, pero me agrada la fanática obsesión de no estar descubierto, desnudo…. nunca del todo dormido. Un poco en la cama, un poco en otros lados, volando. Momentos de aterrizaje, la taza astillada, rota luego del terremoto, con olor a durazno, agoniza en el piso. Sobrecitos cuadrados de plástico mordido, esparcidos descuidadamente, de cuidarse de no descuidarse. Sangre en el labio de la más dulce herida de chocolate. Heridas profundas acariciadas con manos con cicatrices. Palabras que estallan el espejo y vuelven aliento la imagen. Cuatro seres vivos, cientos con los miedos, miles con los sueños, en la cama azul. Postas nocturnas de desvelo. Despertares acalorados sin culpables. ¡El Banquete és una farsa!. Hay mucho mas allá de los ojos, tendrías que sacarlos de sus orbitas y mirarte, pero no lo hagas. Necesito mirarlos para comunicarme. Te presto los míos y mis palabras, aunque no alcanzan. Para que más, ya sabes. Pintura del escenario luego del te digestivo, levemente salado, de palabras anudadas del estómago. Conjunro del zodiaco negado 10 veces. Conmovida, sacudida, sorprendida, relajada, pensante, sintiente.
Sigamos practicando en las paredes, mientras derrumbamos otras.
Te veo en un rato.


Invitacion


El 30 de octubre del 2007, se fundó el “Club de los Noctámbulos”. La idea del mismo se generó pensando en toda esa gente que crea mediante la escritura. Parte de esa creación muchas veces se desarrolla en la noche donde uno siente una especie de comodidad incomoda que te mantiene despierto navegando en la noche. Hoy el club tiene vida propia gracias a los socios. Podríamos decir que el Club tiene su propia noche. Y para festejar su tiempo de vida organizamos un lectura con los socios del club el miércoles 15 de cotubre a las 23hs (en Elebar, Nicaragua 5001, Uriarte y Nicaragua, Palermo) y quiero contar con tu presencia

viernes, 10 de octubre de 2008

CRISIS CAPITALISTA - ZANON

La crisis económica internacional se profundiza. Las mentiras del mercado que todo autorregula y del desarrollo incuestionable, se caen a pedazos. Su máscara se resquebraja y asoma su verdadero rostro, un rostro de barbarie…



Durante años este sistema ha crecido succionando nuestra fuerza vital. Millones de pobres y super explotados en todo el mundo han alimentado su codicia. Su crisis nos plantea una disyuntiva. Que se esté pudriendo no significará un mejoramiento para las mayorías que lo hemos padecido… sino lo contrario. Su decadencia intentará ser detenida redoblando las cadenas que nos oprimen. Pagando nosotros los millones que se evaporan en los puntos de la bolsa. Suspensiones, despidos, quiebras, rebajas salariales, inflación, devaluación, salvatajes millonarios pagados con nuestra plata, deudas “honradas” con nuestra salud y educación. Pero he aquí la disyuntiva de cual será el camino que tomemos. ¿Dejaremos que una vez mas este coloso insaciable de riquezas evite su derrumbe parándose sobre nuestras cabezas? ¿O aprovecharemos nosotros su profunda agonía para darle de una vez por todas su sentencia de muerte?
El 2001 en la Argentina no ha sido sino un suspiro comparado con la tormenta que se desata. Es el corazón del propio imperialismo el que está infartado.
El 2001 significó para la gran mayoría de nosotros un terrible golpe. La devaluación destruyó nuestros salarios. A los bancos les pesificaron las deudas y perdimos nuestros ahorros. Los empresarios declararon quiebras y despidieron trabajadores, para luego recomenzar su ciclo recuperando rentabilidad en base a una enorme precarizacion laboral y salarios de miseria. El campo depredó el medio ambiente para plantar soja y se enriqueció con el trabajo esclavo de los peones rurales. El gobierno inundó sus arcas con nuestros impuestos, con desocupados que cobran $150, presupuestos educativos, de salud y jubilaciones de miseria. Pagó al FMI a costa de todo esto. Subsidió a las empresas con millones. La crisis que ellos provocaron la pagamos nosotros. Como hoy hacen los grandes centros imperialistas, salvan a los grandes bancos y las grandes empresas mientras la gente se hunde en las deudas y pierde sus casas.

Pero el 2001 también nos dejó otras cosas. Las asambleas populares, la organización de los desocupados y las fábricas recuperadas por sus trabajadores. Mientras los patrones huían dejando un tendal de trabajadores y sus familias en las calles, ellos las retomaban para ponerlas a trabajar. Un caso emblemático es el de los ceramistas de Neuquen (Zanon), quienes llevan 7 años de gestión obrera de la fabrica, sin patrones, sin el estado… crearon cientos de puestos de trabajo y colaboraron activamente con la comunidad, donando cerámicos para la construcción de salas de hospitales y escuelas, colaborando con los fondos de lucha de otros trabajadores en conflicto, aportando con su experiencia en cada punto del país y el mundo que se los requería. Los trabajadores de Zanon son un ejemplo de que las crisis capitalistas no tenemos que pagarlas los trabajadores, y no solo eso, sino que somos los únicos que podemos darle una salida progresiva para el conjunto de la humanidad, organizando la producción nacional en función de las necesidades sociales y no de las ganancias de un puñado de empresas y especuladores que no dudaran en hundirnos con tal de salvarse.
Zanon es mucho más que una gran lucha, es una bandera que hoy debemos alzar bien alto cuando la crisis comience a repercutir directamente sobre nosotros. Es una perspectiva de superación del capitalismo moribundo.
Hoy quieren sacarle la fábrica a los obreros. Defender Zanon bajo control obrero y lograr su expropiación es el primer paso necesario para enfrentar la barbarie que se avecina y dotarnos de un programa que permita liberarnos de este sistema de decadencia. Se avecinan tiempos tumultuosos. La catástrofe capitalista pondrá al orden del día las palabras de Lenin sobre nuestra época, una época de crisis, guerras y revoluciones. El temor evidenciado en la cara de los grandes saqueadores de la humanidad es un llamado de urgencia a que nos organicemos y tomemos cartas en el asunto. La historia se está re-escribiendo y no podemos seguir siendo meros espectadores, sino nuevamente decidirán por nosotros y ya han demostrado suficientemente que cada una de sus decisiones equivaldrán a mayores sufrimientos para las masas desposeídas y oprimidas, a los trabajadores, a los jóvenes, a las mujeres.
Los capitalistas hunden al mundo en el caos y la miseria. El capitalismo ha demostrado que merece perecer. Es hora que tomemos en nuestras manos nuestro destino. Es hora que gobiernen los trabajadores.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Dulzura


A veces me siento fuera de mi misma… alterada y atacada por distintas sensaciones, agredida por mi propio cuerpo, como parada sobre los pies en carne viva. En esos momentos la cabeza se paraliza pero en realidad es porque gira rápidamente sobre si misma. Es difícil detenerla o respirar profundo. Pienso que lo mejor que me puede pasar es que el colchón se abra al medio y me trague… mientras la angustia acompaña mi cuerpo que se hunde y acalambra el estomago, tensiona los extremos, duelen las muelas, los ojos y la garganta.
Ayer me recosté y me hundí… y me sentí mejor. Pero no me tragó el colchón. Puse mi cabeza en tu pecho y sentí que no tenía que temer. Tu cuerpo se transformó en un algo cálido y mullido, que recubrió mi cuerpo rebelado. Tus manos acariciaron mis angustias buscando alejarlas. Tu voz susurraba un bálsamo de placidez mientras tu calor derretía las estalactitas que se habían formado dentro mío. Transformar lo que podría haber sido una dura noche, antesala de un terrible día, en un desvanecerse temporario. Una mano al otro lado de la cortina. Un beso al otro lado mármol. Tu calor al otro lado de mi lado. Aunque todavía mi cabeza aguijonee… puedo sacar de mi memoria esa dulce sensación, verla, olerla, saborearla, y palear un poco el malestar.
Gracias. Una vez mas.