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lunes, 20 de junio de 2022

Chuleta

 


Estos son exactos los momentos en que ella sabía acompañarme. Cuando garganta se vuelve alambre de púas y desgarra las palabras. Cuando el silencio es la cura, pero el dolor se filtra por los poros. Ella lo conocía, me conocía. Y se acostaba o sentaba a mi lado y me rasguñaba muy fuerte hasta que le agarraba la pata. Luego subía la otra y me lamia la cara. Y la sentía estremecerse como si hubiera lamido mi dolor. Creo que con el tiempo hice lo mejor para vos. Y se que lo supiste y disfrutaste. Pero todavía hubieras merecido más. Mucho más. Lo pensaba y lo confirmo ahora que no estás.  Es demasiado real tu ausencia. No sabía hasta el final cuánto me dabas. Te necesito más que nunca, justo porque no estás. A algunos les parecerá exagerado. Pero espero que todas puedan llegar a sentir así. Porque tanta tristeza sólo puede deberse a tanto amor. Y porque encontrar un ser que te brinde tanto, es un privilegio. Estoy agradecida por haberte dado ese lugar en mi vida y que vos lo hayas ocupado y llenado de esta manera. Hay un abismo en medio de la casa. Me da miedo caminar y no tropezarme con vos. Me siento desprotegida y no hay leña que alcance para calentar estas paredes. Vos no me dejarías estar así sentada llorandote. Pero aún sabiendo lo que duele tu ausencia, volvería a llenar mi vida con la tuya. A todos les deseo una schatten en su vida.  Tendría que sonreír en tu nombre... pero lo dejo para mañana. Para cuando pueda acostumbrame a esta nueva forma de presencia tuya que no me deja. Para cuando me amigue con tus recuerdos y ya no me desgarran el estómago. Te quiero chuleta chuletoide

domingo, 19 de junio de 2022

SCHATTEN

 Escribo…. ¡Cómo si pudiera escucharme!... Porque entender, entendería… si pudiera escucharme. Escribo porque exploto. Porque fué imprevisto y no logro que me pase por la garganta. Porque por eso prefiero llorar sola, para que así, no se vuelva real. Lloro, porque es la más fuerte de todas. Tanto, que ni señales dió hasta que parece ser tarde. Lloro, porque tenía pensado otro final. Un final cansino. Caminando lento por el parque. Acompañando sus lentos pasos, su sordera, su ceguera. Lloro porque imaginaba un par de años largos luego de que el año pasado esquivara la erliquia. Lloro porque siento que me acompañó toda la vida. Y porque tardé mucho en quererla como debía, y tardamos mucho en entendernos como lo estábamos haciendo. Y le estaba intentando devolver en alegrías, todos los momentos malos. 

Porque cuando llegó a mi vida, ella tenía demasiada vida y yo demasiado poca. 

Porque no lograba comunicarme ni entenderla. Hasta quise devolverla. Y fui muy dura. Y descargué con ella hasta lo que no debía. Y se volvió temerosa. Respetuosa. Dura y rígida. Es la que escondía bajo el almohadón del sillón los juguetes de Frida para que no juegue. Es la que se volvía posesiva. La que no dejaba que se le acerquen si ella no quería, porque tenía miedo. Se tomaba su tiempo hasta estar segura de no ser lastimada y recién después, no te la podías sacar de encima. La que siente lo que siento. La que se deprime si estoy triste, pero encontró como hacerse el espacio para levantarme. La que me lee. Me lee las caras, los gestos, las palabras. La que a veces intenta hablarme (hay testigos). La que me escucha putear o golpear muebles y se esconde en el baño. Y por suerte el último tiempo, lo hacía menos. No porque yo no putee ni golpee muebles, sino que logró entenderme y saberse a salvo. La que padeció junto a mi los malos tratos y temió más que nunca… hasta que dejó de esconderse al oir los gritos y comenzó a pararse junto a mi o sobre mi. La que se ofende de nada y te lo hace saber, con la mirada o con el vacío. La que no para de comer, y si es robado, mejor. La que espera que me duerma para escaparse a la cocina y revisar la mesada. O espera que me vaya para revisar la mesa. Últimamente, ya ni esperaba que ma vaya. Delante mio ociqueaba todo lo que podía tomar. La que en la calle amaba hacer su vida. Romper bolsas de basura, comer porquerías… e ignoraba perros, gatos, personas… hasta que le ponía la correa y se resistía. Aunque aprendió. Últimamente, si le ponía la correa, caminaba a mi paso, a mi lado, tocando mi pierna. La que empezó a perderle el miedo a la gente y hasta buscaba que le hagan mimos como a Candela. Aunque esto, rara vez se daba, porque ponía cara de mala y daba miedo. La que no crecía, la que era vieja desde antes. La que retaba todo el tiempo a candela y a la vez la cuidaba como nadie. La de las rutinas bien marcadas. La que tiene sus lugares inamovibles. La que va de copiloto en el auto. La que cada vez que ve un perro parecido al viejo, le quiere jugar. La que cada hora va al portón a buscarme. La que se sienta en el portón cuando es la hora de que llegue. La que sabe la hora de comer. La hora de dormir. La hora de pasear. La que le gusta mandonearme. La que aprendió a dormir espalda con espalda, pero se acuesta antes que yo en mi lugar y tengo que sacarla. A rastras. O espera que me levante para dormir un rato en mi almohada. La que a veces sonríe y te hace saber que es felíz, y te hace felíz. La que odia bañarse, pero se deja bañar. La que, me estoy dando cuenta, llena todo el lugar. La que en su ausencia te deja sola. Porque es mi sombra. Donde voy, va. Donde estoy, está. Por eso es Schatten. 

Lloro, porque es la más yo de todas.

Me faltan muchas cosas por decir. Pero me duelen hasta los dedos. Estoy ahogada. Espero que sigas tan fuerte como hasta ayer. Espero que nos regales un tiempo extra para malcriarte y despedirnos como nos merecemos. Espero que puedas cubrir mi espalda un tiempo más, porque todo es más invierno para todas ahora por aca. Espero poder cantarte. Espero poder decirte esto. Ojalá pudieras saber que no estoy con vos porque no puedo. Ojalá no pienses que te dejé sola. Ojalá los perros sueñen, y estés soñando un banquete en la parrilla, como la que tantas veces robaste. Te quiero. 




miércoles, 4 de mayo de 2022

Rocío de otoño

 Las mañanas de otoño en Maschwitz… Un otoño especial. Los primeros días de un mayo especial, por las noches hace 4º y por las tardes 22º. Odio el frío, pero amo estas mañanas. Salir a caminar con mis perras antes de las 7 am, cuando despunta el sol. Una cortina de gasa filtra la luz aun blanca. Es difícil saber si es la realidad o aún duermo. Todavía el rocío está bajo y el frío húmedo no cala los huesos. Un rocío delicado. Casi que se evapora al tocar la piel. Así, el cuerpo, pasa a ser parte de esa neblina que me rodea... se crea una capa aislante del frío y de las cosas. Porque las cosas no tienen bordes, se difuminan, se funden, con el cielo, con el fondo, con las otras cosas. Y los colores se ablandan, se suavizan con un barniz mate agradable a los ojos... cómo fotos sepias, en tonalidades de gris. Hasta los sonidos parecen amortizados. Será que aún una gran parte del mundo sigue dormida. 




viernes, 29 de julio de 2011

Un poco mas de odio, si es que esto es posible

Últimamente hay demasiadas voces como para hacerse el sordo.
Demasiados muertos que gritan.
Porque son muertos asesinados por este sistema.
Los que fueron muertos mientras se organizaban y recuperaban la voz.
Los que fueron muertos luchando a viva voz.

Esos muertos no mueren en silencio.
Esos muertos nos gritan, nos incitan, nos llaman… esos muertos denuncian, exigen, no callan.
Esos muertos, son nuestros muertos.
Si ellos, ni muertos callan. Si ellos en su muerte nos llaman. Si sus muertes son reflejo de las vidas que pelean, de los que se resisten a la muerte en vida que te ofrece esta podrida sociedad...
¿¡Como no vamos a gritar nosotros mas fuerte?!

Y no nos callaremos, mientras los que se enriquecen día a día con nuestra vida, sigan asesinando.
Mientras haya políticos que les garantizan sus crímenes.
Mientras tanto unos como otros se sirvan de la policía asesina para intentar pararnos.

¿No sentís que te hierve la sangre?
¿No sentís un profundo odio?
¿No dudas de todo lo que parecía indudable?
¿No te preguntas de que lado estas parado?

Tal vez el que en verdad esta muerto seas vos.

miércoles, 16 de marzo de 2011


Con el pecho todavía conmovido, pero con la alegría de las emocionantes imágenes de tu despedida llenando de color las lagrimas que lubrican mis pupilas, vuelvo una vez más a este lugar a hablarte y despedirte.
Ser revolucionario nos da la oportunidad de vivir la vida de manera “grande”, plena de sentido. Todos en este camino somos un poco, mas, o menos, “grandes”. Pero lo que vi y escuché hoy Polo, demuestra cuan grande se puede ser aún cuando esta realidad aplasta para que no crezcamos. Aunque no fuera necesario ver y escuchar lo que vi y escuche, lo que me conmocionó y emocionó, para saber lo que valías… si me sirvió para caer más en cuenta de aquello que siempre pienso: que ser concientes de la realidad y a la vez querer cambiarla, nos da una enorme y hermosa responsabilidad. Que desde el momento que abrazamos la causa de la revolución, tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer, cambia en un punto la historia… y decidir hacer o dejar de hacer, qué hacer y qué no, ya no es lo mismo. Todos llevamos en la mochila el bastón de mariscal y en la cotidianeidad del camino no damos verdadera cuenta de ello y a veces hasta nos pesa. Nos medimos con la revolución y siempre falta mucho, porque es grande la tarea y llena de obstáculos (y alegrías), pero con enormes enemigos que nos la quieren hacer difícil. Pero cuando medimos lo que hacemos en relación a nuestra propia vida es un montón. Es un montón lo que podemos aportar desde lo mas profundo de nosotros (como hiciste vos y hoy comentaron tantos compañeros en tu despedida), que llenaron de contenido y realidad tus pocos pero enormes años de vida. Que así como tenemos enemigos, hoy estaban allí presentes los aliados que con tu ejemplo y tu militancia ayudaste a sumar a la pelea por la sociedad que soñamos, para que esa revolución que queremos no este tan lejos. Esa maravillosa sensación estar lejos… pero estar allí. De sentir en cada palabra de esos trabajadores que fueron a despedirte, una palabra de consuelo que también me llegaba a mi para que la tristeza le diera paso al orgullo… de saber que con cada compañero allí presente que abraza a Ivana yo también lo hago… ese ser tan parte de una misma clase, de sentirnos tan una misma cosa, de sentir que cuando evocaban lo que hacías yo podía sentirme parte… de saber que a pesar de sentirme muy triste, en cada cosa que seguí haciendo vos estabas, Ivana estaba, nuestros compañeros de Neuquen estaban y los acompañaba… entonces con mas razón había que hacerlas y seguir. De sentirme hermanada no solo por el odio a esta sociedad, sino por esa estrategia que llevamos adelante y cada uno de los compañeros aportamos a realizarla desde los puntos mas diversos del mundo, desde las cosas mas distintas que hacemos… pero siendo uno… de solidaridad, de camaradería, de… es difícil de explicar ¡porque esa sensación es tan ajena a este capitalismo!, es tan corrosiva para este sistema de mierda y tan revulsiva... hermanados en ser parte de la construcción de una sociedad mejor, por la que hoy nos toca la parte de construir ese estado mayor de los esclavos insurrectos. Un orgullo ser parte de este desafío y elección de vida con camaradas como vos, como Ivana, como los compañeros de Neuquén porque hoy pudimos ver que en relación a la revolución todavía es poco… pero que cada vida que se juega en este camino es una enormidad… hoy me volvieron a mostrar, no solo que estamos en el camino correcto… sino también que podemos vencer y que estamos en el lugar correcto.

Gracias Polo, gracias compañeros.
Un orgullo ser parte del PTS.

lunes, 14 de marzo de 2011

recordando

A veces las palabras no alcanzan para describir lo que se siente y es raro. Pero es peor cuando las palabras nos resultan impotentes e igual necesitamos escribirlas. Es inutil siquiera pensar que en este momento puedo llegar a volcar en estas letras todas las imagenes y momentos que se me vienen a la cabeza... y aun asi necesito hacerlo. Desahogar la tristeza y combatir la impotencia que da la muerte, porque hoy la clase obrera ha perdido a un compañero que decidio tomar el camino de la revolucion y que ha sido un gran camarada. Sus primeros pasos con nosotros le valieron una golpiza por parte de los menemistas en la facultad de derecho; y el compañero siguio adelante con mas conviccion. Luego le esperarian pruebas mas dificiles, y el siguio adelante ya como revolucionario, como militante de la clase obrera.
Tal vez sea memoria selectiva pero, aunque tenia su caracter, solo me vienen imagenes de el riendo, haciendo chistes, anecdotas alegres y recuerdos gratos. Luego Ivana y el fueron a Neuquen, a cumplir un papel destacado como abogados de los trabajadores, como abogados revolucionarios y, aunque no mantuvimos una relacion personal, siempre me unio a ellos el orgullo de las peleas que daban, de saber que seguiamos siendo parte de este gran proyecto de luchar por asaltar los cielos. Porque esta vida, la de cambiar el mundo, la de revolucionar la existencia, la de terminar con la explotacion es la unica que merece ser vivida, y vos la viviste hasta el ultimo de tus dias. Por eso Polo, seguiras siendo parte de nuestra construccion todos los dias y estaras presente en la memoria de todos los que te conocimos, porque fuiste parte de esta historia que estamos escribiendo y estaras con nosotros hasta la victoria.
Ivana, Desde aca toda la fuerza que necesites. Estamos con vos, espero que pronto estes bien, te necesitamos camarada.

domingo, 19 de septiembre de 2010

domingo, 1 de agosto de 2010

Recuerdos cercanos de aquel tipo

Quisiera poder dibujar, con el índice en el aire, tu mirada. No tus ojos, tu mirada. Por eso debería ser con el índice en el aire. Ni acuarelas ni pinturas. Y Luego de lograrla, suspirar suave, cálido, y arremolinar el espacio en que dibuje tu mirada hasta delinear tu perfil, casi sonriéndome extrañamente

En ese orden y en esa impresión. Así te ví y crucé. Así comenzó el collar de recuerdos. Estos dos primeros.
Todo en penumbras, lleno de sombras de poca luz, de figuras que se movían alrededor. Y dentro de la amarillenta penumbra, en cualquiera de las salas que estuvieras, podía sentirte, más que verte.
Hasta que me capturaste. Me aparté del frenesí para verte desde afuera. La ventana apenas brindaba algo más de claridad de alguna bombilla perdida en la entrada. Por la reja entraban más ramas que luz. Me senté en el borde a ver, a verte… porque clave mis ojos en tu nuca y no pude moverlos cuando te diste vuelta a mirarme. No pude bajarlos, no quise… quería verte, mirarte. Solo pensaba en que tal vez no lo notaras. Cuando me di cuenta caminabas hacia mi, hacia la ventana. Por suerte estaba sentada en su borde, de espalda a la luz de la bombilla junto a las frondosas ramas.
Pero no me hablaste. Apoyaste tus codos en el borde, en el mismo borde en que yo estaba sentada, por donde entraba la luz, mirando afuera, como buscando algo. Todos tus movimientos eran lentos y casi como si pudieras sentir que estaba petrificada, que mi estomago se había fijado al marco de la ventana mientras mis ojos seguían tus movimientos. Me miraste desde abajo y sacaste un cigarrillo. NO puedo precisar si me convidaste, si me pediste fuego, o si ni siquiera me hablaste. Pero fue allí donde por primera vez vi los ojos que portaban esa mirada que me perturbaba.

miércoles, 7 de julio de 2010

Congelada

Me congelaste en el tiempo. No quiero que ni la mas minima brisa rose mi piel y borre tus huellas. Porque están ahí, como colgadas, sin haber llegado a tomarse fuertemente de mi. Los últimos besos fueron tímidos y como pidiendo permiso… pero son de aquellos que mas hondo han calado. No quiero que ni la más minima brisa se lleve tu aroma, el que te robe besando suavemente tu cuello. No quiero que ni la mas minima brisa mueva de lugar una sola de las imágenes que tengo en mis retinas. Recuerdos que transforme en fotos, ni siquiera en película. No quiero que se muevan. No quiero que tengan un “desde donde” vienen, y mucho menos un “hacia donde van”
Solo quiero que sean ese instante, ese momento, todo el tiempo.

miércoles, 14 de abril de 2010

Vice Versa

Buscaba otras cosas cuando me topé con un cd con fotos tuyas y tuyas y mias. Y necesité más.

Con los dedos sucios de revolver la caja de las fotos me senté en la cama a mirar. Aquellas fotos de la época en que las imágenes de los recuerdos se fijaban sobre papel fotográfico, a veces fuera de foco, a veces mal encuadras u oscuras. Siempre a riesgo de que esa imagen solo quede disponible en los rincones del olvido en la memoria.

De esos rincones se despertaron voces, figuras y sensaciones al encontrarte. Nos veíamos tan jóvenes… y recordé exactamente tu mirada de los primeros años. Mi mirada también era distinta a la de ahora y eso me impresionó

Fotos de la casa en el centro, de las guitarreadas y del pelo largo. También fotos con la perra cachorra, haciéndole y haciéndonos arrumacos.

Y entre los papeles encontré una carta que hace días tenia en mente. Aquella carta que me diste con el perfume, cuando en la Argentina la tierra estaba conmovida con marchas y cacerolazos. Aquella primera vez en que pusimos los cimientos de un sueño de princesas y finales felices. “Yo te enseñe que las relaciones pueden ser para siempre y vos me enseñaste que se puede querer y ser querido”… y viceversa… y viceversa… y la leía una y otra vez.

Fue una noche después de muchas noches sin dormir uno junto al otro. Nos juntamos a cenar. Anduvimos por la ciudad en moto hasta terminar en un bar de una esquina, bajo el cielo directo. Habías conseguido el perfume que quería luego de buscar y buscar. Fue un tesoro del que aun conservo las últimas gotas sin atreverme a usarlas, aunque seguro ya esté feo.

Hablamos y hablábamos, reconciliando las largas ausencias cuando el griterío nos llamó. Entramos juntos corriendo a la Plaza de Mayo buscando conocidos entre tanta multitud desconocida. Sino me equivoco esa noche era la ultima para Rodriguez Saa, y una de nuestras tantas ultimas noches tambien.

martes, 2 de marzo de 2010

Te veo

Cara angulosa, de expresión dura. Como de apretar los dientes. Recorro con mis ojos mientras escucho tus palabras, cada borde de tus pómulos, tu nariz, tu boca firme, tu frente llana.. y me detienen tus ojos. Una mirada de frente mientras acomodas tus palabras, y tus ojos me llaman. Ojos de niño en cara de hombre de rudeza. Con las pestañas enormes, que protegen ojos vivos y despejados. No escapan tus pupilas si se encuentran con las mías, y ellas hablan entre si otro idioma, imperceptible. Quedo colgada en tu mirada hasta que tus labios dibujan una sonrisa. Me resulta imposible no sonreírme cuando sonreís. Tus mejillas se retraen dejando ver algo tus dientes, y dibujando dos surcos en tu cara que me fascinan. El derecho, mas grande que el izquierdo, pero que hacen de tu risa algo que embruja. Unos instantes más tarde te veo, parado frente a mi, y me siento tan pequeña y vulnerable. Caminas hacia mí y en un abrazo desaparezco de la tierra. Me pierdo dentro tuyo. Nuestras bocas se encuentran y se saludan. Disfruto tu gusto, el de tu piel, el de tus besos. Siento que me resulta imposible abarcarte con mis caricias, con mis besos, con mi cuerpo y es entonces cuando vos te encargas de cubrirme toda. Entre penumbras puedo ver que me miras a los ojos y sonreís suavemente. Estoy a tu merced… hasta que tus besos se vuelven mas lentos, mas suaves… recorriendo mi cara, mi cuello, mis hombros. Ya no opongo resistencia.

sábado, 27 de febrero de 2010

La realidad

El pronóstico de esa mañana vociferaba desde la radio un día radiante. Mientras se vestía dejó por un instante de masticar sus pensamientos para oír en detalle y elegir la ropa adecuada. Sol, calor, día despejado. Como si hubiese escuchado lo contrario, guardó en la cartera un paraguas y se puso unos zapatos cerrados para no mojar sus pies.
Iban varios días y noches de lluvias y tormentas de distinta intensidad. Solo unos días de sol, los últimos días antes de ese. Casi sin pensarlo ella reflexionó, -hoy será un nuevo día de lluvia. Tomó las llaves y salió.

El camino que la llevaba a destino era sinuoso y ella debió hacer muchos esfuerzos para mantenerse en la senda correcta. Baches, accidentes, desvíos, espejismos, algunas señalizaciones que confundían. La fastidiaba ese recorrido pero por algún motivo necesitaba llegar hasta allí.
Al llegar estacionó el auto y se mimetizó con la multitud. Todos iban y venían con premura, cada uno ensimismado en sus cosas, estudiando sus pasajes, corroborando el equipaje, despidiéndose de sus seres queridos, buscando quien sabe que, como ella.
No estaba muy segura de a donde se dirigía, pero se dejó llevar por la marcha decidida de una hilera de personas que se escurría como el agua, desembocando en la orilla del muelle. Se paró justo al borde. Desde allí podía observar la enormidad del océano y se sintió conmovida. Unos metros delante de ella, un barco acababa de zarpar. Hizo un esfuerzo y logró divisar sobre cubierta una figura que la miraba. Esa figura movía su boca, como queriendo decirle algo, pero ella no podía escuchar ni entender lo que le decía. Le llegaban palabras confusas y ambiguas. Se quedó allí, como si el tiempo se hubiera detenido, tratando de entender aquellos gestos. Le producía una sensación espinosa no comprender. La distancia le hacia aparecer la figura cada vez mas difusa. De pronto, el cielo se cubrió de un gris oscuro, como si algo gigante se incendiara en algún lugar del mundo. Un chaparrón la empapó y la sacó de sus pensamientos. No atinó a sacar el paraguas y el agua la sacudió de sus vacilaciones.
Al terminar de llover quedaban en ella ropa mojada y una profunda sensación de desilusión que mojaba también sus mejillas. Bajó la vista, separándola de aquel barco que la llamaba, para fijarla en el agua que se mecía como si el océano respirara suavemente. Giró sobre si misma y comenzó a deshacer trabajosamente sus pasos, intentando hallar el camino de regreso. Se sentía enojada. Sus manos y sus dientes apretaban el aire fuertemente. Sentía un profundo dolor y se sentía, antes que nada, una completa estúpida. La desilusión esta vez era su culpa. La desilusión es el sentimiento que nos invade al comprobar que la realidad no es como se pensaba. Creer en la realidad que se ve no es ser crédula, pero una vez que ya se sabe que la realidad no es lo que se piensa, sorprenderse nuevamente ante esa nueva realidad, eso es estupidez. ¿Pero donde estaba el problema entonces? ¿En no ver la realidad como es? No. Ella veía la realidad, y sabe que no está equivocada en lo que ve. Y puede sentirse tranquila de haber intentado actuar correctamente ante ella. Su desilusión es ante la cobardía, ante el egoísmo, ante aquellos que ven la realidad y sabiendo y reconociendo como es, toman atajos o caminos para salvarse, para evitar el camino sinuoso y trabajoso. De aquellos que prefieren subirse a un barco y navegar por aguas tranquilas pensando solo en ellos mismos. Caminaba ensimismada hasta que se topó con su auto. Se tentó a mirar atrás, pero decidió que no era ese su camino. Sacó de su cartera un pasaje y lo rompió en varios pedazos, subió a su auto y se fue. El dolor y la tristeza se subieron en el asiento del acompañante, pero ella sabía que antes del final del camino, en la próxima parada, se bajarían del vehiculo. De eso podía estar segura, porque ella había mirando de frente a su realidad y sus miedos y los había enfrentado. La realidad es contradictoria y compleja. Es por esto que la realidad puede confundir. Pero desde el momento que se reconoce que la realidad tiene esta complejidad, aceptar la confusion como natural es un error. Una vision facilista y formal de ella es una tentacion. Pero si lo que se busca es cambiarla, y cambiar uno mismo al hacerlo, es necesario una profunda reflexion sobre ella y sobre uno mismo. Ella había intervenido en su propia realidad, habia decidido no engañarse y no evadirla, y eso le garantizaba que en ninguna noche de insomnio, pudiera arrepentirse de su decisión. Podría no dormir, pero no tendría nada que reprocharse a sí misma. Con el tiempo, podrá recuperar su sueño y las palabras de la figura del barco que ella no pudo entender no aguijonearan sus lunas, sino las de el, esté en el puerto que esté.
Estacionó el auto, entró a su casa y guardó el paraguas. Ya no volverá a llover.

jueves, 25 de febrero de 2010

Sin veda

No se porque motivo te asocio con la lluvia.
Cada noche que siento las gotas jugando en el patio,
llenando de sonido mis sueños y
de olor a tierra húmeda mi cuarto,
me maldigo una y otra vez porque no estas allí
para sentirlo con migo.
Hice un pacto con el tiempo.
Junto con la lluvia despiertan bravos vientos.
En ellos te hablo.
Por ellos te acaricio.
Y cuando vuelven de tocarte,
entran por mi ventana trayendo tu murmullo de entre sueños
y el perfume de tu pelo,
entonces ahí me duermo,
mecida por la tormenta.
Temo decir entonces,
que lloverá hasta que no vuelvas.
Agua, calor, humedad, viento, fuerza…
Pero aun así,
Se me marchita la piel
Un poco más cada día
Y cada noche o tarde que pasa
De lluvia sin vos
Es una nueva tarde o noche
Que maldigo por tu ausencia
Porque me hace extrañarte más
Y necesitarte
Porque siento como si estuvieras al lado mío
Pero sin poder tocarte
Siento que es un canal
Para comunicarnos a la distancia
Pero sumergirme en ella me da frío
Y más ganas de tu abrazo
Y que la lluvia de estos días grises
Nos de enormes raíces
Para encontrarnos bien firmes
Cuando la tierra tiemble bajo nuestros pies

lunes, 15 de febrero de 2010

Vendedor de medicinas


Tenía una noche habitualmente normal. Sus manos estaban negras de la pintura y el olor del diluyente de toda la tarde todavía la mareaba. Entró a la ducha y bajo el agua caliente una extraña sensación la invadía. Intentó relajarse, puso su programa preferido y se sentó a pintar. Peleaba con el pincel que se negaba a deslizarse como en otras ocasiones, cuando sonó el timbre. Era un hecho extraño que la sobresaltaba, pero al asomarse a la puerta sintió que había hecho eso toda la vida.
Un señor desde la puerta la miraba acercarse.
- Buenas noches. ¿Puedo ayudarlo en algo? Dijo ella, con la íntima sospecha de que no podría.
- Buenas noches. Sonrió y la saludó. Entró como si fuera aquello los más habitual.
Y era raro, porque ella sentía también como si aquello fuera parte de su vida.
Hablaron un rato largo de muchas cosas. Hasta que ella recordó su primer pregunta e insistió:
- Señor, ¿Puedo ayudarlo en algo?
- Ah! Claro, casi lo olvido. Y así, sin más, le dijo:
- Seguramente ud tenga alguna herida que no cicatriza no? Todos las tenemos.
Ella no tenia ganas de hablar de sus heridas, que estaban bajo control, pero estaba intrigada y asintió.
- Bien señora, vengo a ofrecerle un gran descubrimiento del hombre para curarlas.
Se llama alcohol. Sacó de su saco una pequeña botella y la puso sobre la mesa, junto al mate. La botellita estaba manchada de sangre y la impresionó.
- Mire señor, le agradezco, pero no creo que eso funcione.
El insistió. Parecía absolutamente convencido de lo que decía. Ella intentó explicarle que no era esa la mejor forma de curarse. Que el alcohol quemaba las heridas, pero no las curaba. No había forma de hacerle entender. Hablaban un diálogo de sordos. Mas tarde el trataba de convencerla de algo, pero ella no entendía muy bien de qué y un poco mas tarde ella empezó a sospechar que el tampoco lo sabía. Ella comenzó a molestarse.
- Mire señor, Yo no uso alcohol para las heridas. Arde. Quema. Prefiero el azúcar para cicatrizar.
Como buen vendedor, insistió una vez mas en darle su versión de la mejor receta
Ella estaba perpleja. Ella ya le había dicho lo que opinaba. El le hacia muchas preguntas y le planteaba muchos problemas. Ella se sintió fuera de lugar. No era ella quien debía estar allí escuchando. Ella no debía sentir el peso de tener que ayudarlo o de darle la respuesta que exigía. ¿Es lógico que alguien pueda querer insistir en vender algo que ya le dijeron que no hace bien? Pero bueno, el tenia que vender, para su propio beneficio. Así que ella intentó escuchar con atención los testimonios y pruebas para ver si había algo de razón en sus palabras, algo desde donde encontrar una solución. Pero no podía entenderlo. Vendía el alcohol confundiendo sus propiedades con las del agua. Luego hablaba del azúcar y la ponderaba. Luego decía que el azúcar no funciona, que solamente calma el dolor pero no cicatriza. Que por eso el usa el alcohol. Claro que a veces prueba con el azúcar. Y las más de las veces mezcla el alcohol con el azúcar por las dudas… Hicieron un silencio y se miraron. A esa altura ninguno de los dos entendía para que se había acercado hasta su puerta. ¿A vender algo de lo que no estaba convencido? ¿Qué clase de vendedor pretende vivir de eso? Tal vez el notó que había perdido el eje de su discurso. Que había llegado hasta allí a vender una solución mágica, un llame ya de esos que suenan muy bonitos pero todos sospechan que seguro no funciona, y que se había distraído en la oratoria. Así que comenzó a hablar de su propia experiencia, y de cómo colocaba el alcohol en sus propias heridas. Levantando la botella en una mano, para que ella pudiera verla al rayo de la luz, la manga de su camisa se deslizó y ella pudo ver su brazo en carne viva.
- ¡Por Dios!, gritó. ¡Su piel no está bien señor!
- Si, está bien! Esta curando. A veces me duele un poco, sobre todo por las noches
Y abriendo la botella de alcohol la esparció sobre su cuerpo.
- Pruebe señora. Pruebe Ud misma.
- No gracias.
Ella retrocedió un paso, perpleja. El hombre se tocaba el brazo como si nada hubiera en el, aunque en sus ojos un brillo de dolor contenido reflejaba los focos de la lámpara y los entristecía.
- Mire señor, he estado aireando mis heridas para que sequen y ahora, con tanto mostrarlas y probar se me han puesto sangrantes otra vez. Por favor le insisto, pruebe ud curar las suyas y entonces sí encuentra la forma, venga a recomendarme algún buen remedio.
Ella comenzó a sospechar que este hombre no era un vendedor, que simplemente necesitaba compartir sus dolores para que le dolieran menos. Ver que otras personas también estaban lastimadas y contaminar esas heridas con su propia pus. Así que ella tomó otra actitud y distancia. No sabia que decir, no tenía mucho para decir.
- Disculpe ud señora entonces. Mejor me retiro.
Ella notó en la cara de el un profundo malestar, y dentro de ella levantaba calor la infección y sentía que sus ojos iban a estallar. ¿Vino a venderle curas milagrosas o convencerla de algo para convencerse el? ¿Vino en realidad a escuchar si ella tenía alguna? ¿Le preocupaba que ella las hubiera curado? Ella no podía curarlo porque el necesitaba estar lastimado, y que ella también lo estuviera. Realmente no entendía.
Definitivamente, el no se definía a curarse. Creía que lo hacía… pero era evidente que no. Intentó igual ser amable, porque ella entendía el dolor de el. Ella lo sabía en su propia piel.
- Bueno señor. Espero que haga un poco de reposo y recapacite. Y mejor deje sus brazos un tiempito al aire para que sequen.
Ella los esperó un rato en la puerta mientras el husmeaba la cocina, como quien mira un paisaje a recordar. El se acercó a ella y, como vencido por no poder haber desenredado la compleja trama, la abrazó. La impregnó con el alcohol que llevaba en su cuerpo y ella comenzó a sentir el ardor en los cortes y raspones, pero no pudo moverse, no quería.
El se retiró lentamente. Un perro intentó correrlo varias veces, pero se quedó mirándolo partir. Luego quiso correrlo nuevamente, pero ya no lo pudo ver.
Entró a su casa mareada, confundida pero con la impresión que había entendido un poco más de lo que los sentimientos le permitían elaborar en ese momento. Pasados los días ella podrá, tal vez, elaborar mejor lo que había pasado. Se sentó nuevamente en la mesa, miró el mate que se había quedado fatalmente quieto, miró el sillón que tenía enfrente, aun con su forma, y se dió cuenta en ese momento que conocía a ese hombre. Algo en él le resultaba familiar. Se había sentido como si hasta ese día fuera parte de su vida ese ritual. Pero era distinto, era a la vez otra persona. Como si lo hubiese tratado, pero en otra vida, en otra época tal vez, en la que compartieron cosas que en esta ya no podían compartir. Luego se convenció que no, porque su perfume era distinto, y le gustaba mas el anterior.
Abrió un cajón y juntó un montoncito de billetes. Ni bien pueda saldar su deuda, saldrá a buscar algo de azúcar, aun esta convencida que es esta la época en que vive, y que quiere vivirla, sin raspones y sin alcohol.

martes, 9 de febrero de 2010

Sin Olvido

El peor enemigo esta dentro
Cuando todo el tiempo tiramos muros
Y seguimos tropezando con escombros
Y no importa cuantos derribes
Siguen estando allí
Porque aquellos ven lo que no vemos?
Porque las piedras golpean tan fuerte?
Como hacer?
Cual es la receta?
Como rehacer todo, como sin haber hecho nada antes
Como logras de cada día, de lo igual, hacer algo distinto
Y no cansarte
Y no tropezar?
Por los brazos que he pasado,
Las bocas que he besado
Los pasos que he seguido
Las lagrimas que he llorado
Los ojos que he mirado
Y en nada de eso te he encontrado
Y no quisiera,
De verdad,
Seguir buscando.
Quiero yo también despegar
Quiero yo también olvidar y no necesitarte
Ya no quiero recordarte
Quiero olvidar tus palabras
Que los hechos ya enterraron
Y no puedo,
Necesito oírlas cada tanto
Y repetirlas en mí, adentro
Pero vos ya encontraste la salida
Aun sigo buscando y tropezando
No importan los años que han pasado
Ni los nombres, ni las caras, ni las manos
Todo vuelve a cero cada vez
Todo vuelve a aquel principio
Principio de nada
Principio en si mismo sin futuro
Principio y fin
Tal vez sea
Que no te pude despedir
Y tu recuerdo sigue mis pasos
Hasta que no lo deje ir

viernes, 5 de febrero de 2010

Conversaciones bajo el agua

Las palabras costaban, hasta que salieron fluidamente.
Habia muchos temas de conversacion, muchos temas pendientes, pero solo algunos podian hacer bien. Ella podía decir muchas cosas, tenia muchas cosas para decir... pero aun no sabe cuales son las palabras que le duelen a El y cuales no. Las ultimas veces, muchas de las cosas que ella decía, recibían como respuesta: Duele. Estaba desconcertada. No buscaba causar dolor con sus letras, aunque ella estuviera dolorida. ¿Porque le tenía que dolor a el algo que no debia dolerle?
Pero tampoco se animó a preguntarle cuales habian sido esas palabras... porque tal vez era mejor ni nombrarlas ya que de todas maneras, a alguno podrian dolerles.
Asi que hablaron. Y era muy bueno poder volver a hablar con una sonrisa.
No habia parado de llover pero alli no se sentia el frio. El tiempo pasó volando y llegó la hora de irse. Se perdieron entre el agua y los paraguas de la muchedumbre. Espalda con espalda se desdibujaron las siluetas. El agua no perdonaba ni a las palabras, y se fueron escurriendo a cada paso. Ella lamentó no haber aprovechado para robarle un poco del perfume que tanto extraña en ese último abrazo. Como consuelo se fue sientiendo el olor de la lluvia, entre muchas otras cosas que el agua no pudo lavar

viernes, 29 de enero de 2010

no se hace camino al andar

La lluvia comenzó como una liviana cortina de suspiros. Estaban en la calle desprevenidos y tampoco dieron muestra de preocuparse por el agua amenazante. Los pies contaban las baldosas, acompasando el ritmo y las respiraciones. Ella lo tomaba por la cintura del pantalón y cada tantos pasos el debía ajustarlo nuevamente a la cintura. Ella no se daba cuenta que dejaba caer el peso de su cuerpo en esa mano.
Siempre a punto de volver, el sugería una cuadra mas. Y ella camina, así sin saberlo, cada paso creía que se alejaban, pero solo estaban volviendo.

lunes, 25 de enero de 2010

Cuentos

Tus sombras acaban de volcar el tintero sobre los próximos cuentos que tenía en mis dedos y salpicó mis ojos.
Mis sombras se ríen una vez más ante mis vanos intentos de mantenerlas a raya. Disfrutan sádicamente, porque hago mil intentos para que no me toquen y contaminen, pero dejo que las tuyas me abracen hasta estrangularme.
Hay cuentos que duelen. Eso esta claro.
Vamos escribiendo capítulos felices, como de mundos de hadas… sabiendo que el final fue en realidad el inicio de los cuentos. Y sabiendo de antemano que el final es un alud de fuego que terminará quemando uno a uno los capítulos que nos llevaron hasta el. ¿Es difícil escribir la historia al revés? Más o menos. Lo difícil es escribir historias que no concuerdan con el desenlace.
Pero esta es la vida real, y aquí en este mundo las perdices fueron devoradas por los lobos, y las pocas que quedaban se comieron entre sí. Las plumas todavía volaban por el aire cuando esta mañana, con la última bocanada, se atoraron en mi garganta hasta ahogarme.

Oleos de la noche

El aroma del óleo tapa el perfume
El agua ras remueve las marcas
Los colores tapan las imágenes
Los ojos sobre la pintura secan los propios
Acariciar el papel con los pinceles
Pensar en el mundo que surge de mis manos
Descubrir la vida que surge
Cuando las manchas de colores se suman
Meterme en la pintura
Y pasar la noche allí
Viviendo los colores de la hoja
Evitando los dolores de los sueños