miércoles, 30 de julio de 2008

En la linea de largada


En cuclillas. En la línea de largada. Llegué caminando hasta acá, medio perdida… y no pude rehusarme a una línea de largada.
El sol apunta directo a los ojos, de frente, y calienta las gotas que recorren los gestos atentos de la cara, gotas de nervios y de ansiedad. La tensión de los músculos da la sensación de firmeza y fuerza contenida, hasta que duelen, hasta llegar el punto de no saber si podrán moverse… se han tensionado hasta volverse piedra. La duda es si responderán al momento de necesitarlo.
Concentración, cada inspiración como si fuera la ultima oportunidad de tomar todo el aire antes de correr… expirar intentando alejar los miedos en cada bocanada.
Atención, buscando con la mirada un movimiento, un signo imperceptible de que darán el Ok. para salir. El tiempo pasa en posición de largada.
Los rostros de los espectadores van cambiando con el paso de las horas, de los días… Tal vez se vean distintos por las diferentes posiciones que el sol va tomando… o mejor dicho, que la tierra va tomando… respecto al sol. La tierra se ha movido mas que yo, que sigo en posición de largada.
Miles de pensamientos se alborotan, se empujan y pelean entre si. Por momentos una cara. Por momentos una voz. Por momentos paisajes. Algunos pensamientos me conmueven y distraen en el largo tiempo de espera. Sobre todo algunos. De palabras y lecturas. Son recuerdos tamizados con imaginación y anhelos. Pensamientos que en noches profundas se han convertido en vívidas escenas de vida, de alegre vida y pasión. Miradas profundamente penetradas, de esas que se sienten como caricias. Besos de bocas no conocidas pero como gustadas desde siempre. Escenas de situaciones extrañas, como todo buen sueño merece, y recurrentes en la satisfacción que causan. Pero algo no esta bien. A estos recuerdos, escenas, sueños casi tan reales, mas lindos que la realidad… les falta algo que los delata. No tienen aroma. Algún dejo de perfume, del falso, del fabricado. No, no hay registros de olor de la piel. En este detalle anida la prueba de que es mentira. Pero si fue tan real! Pero no, demasiado intenso para ser real. Demasiado liviano y transparente. Intento recordar un olor que me permita sostener esta consolante mentira… cuando un ojo comienza a arder.
Una gota de nervios y ansiedad logró franquear las pestañas para hundirse ardiente en el ojo. Vuelvo, el sol ya no esta al frente. Los músculos siguen en la misma posición pero, efectivamente, no responden. Los calambres se han convertido en alambres.. Ataduras al piso. Dieron la señal de largada y no la escuché, hundida en mis pensamientos. Junto a mi solo quedó la suciedad de la muchedumbre y un perro que también se echó a dormir. Ni rastros del murmullo que había escuchado horas antes. Desde mi posición, ya no se ve la línea de llegada… como si se hubiese alejado.
En los ensueños perdí el momento. La tentación de mi realidad de adentro me venció. Mientras imaginaba el despertador sonó y no lo escuche. Llegué tarde a la cita, ya no estaba. Regrese del bar caminando lentamente… aun me dolían las pantorrillas por esos extraños calambres nocturnos que me agarran.
Que pena. Su boca y su sonrisa eran como en mis sueños… su gesto… su mirada… pero no pude quedarme con su olor. Siempre será entonces mi realidad con mentira, mi realidad de sueños.

Sueños


Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.......... Lenin

martes, 29 de julio de 2008

Risas


- El hombre es el animal que ríe. No se si es así. Lo que quiero saber es el por qué. ¿Qué necesidad hay de tener que exteriorizar de forma compulsiva estados de ánimo como el llanto y la risa? ¿Para comunicarnos? Entonces el resto de los animales también deberían reírse. ¿Por eso ahora, además, nos reímos con los dedos? ¿Por qué tenemos otros sentimientos que podemos mantener ocultos y no se exteriorizan de esta manera? Como el amor y el odio. La risa y el llanto son manifestaciones espontáneas. “La risa estalla en estruendo hasta apagarse, poco a poco, y talvez luego no quede nada de ella, tal vez ni recordemos de que nos reímos. Al igual que el llanto que al secarse sólo deja el gusto de la sal en los labios y el dolor del desgarro en los ojos. Pero el amor y el odio nos mueven. Pueden aparecer y desaparecer pero nada sigue igual luego de su paso, y son tan profundos que pueden ser causas de las risas y los llantos.” ¿Al pedo? No… con mucho trabajo pero necesitada de desalienar mi cabeza.

Cortinas

Una torre. Gris, ocre, fría, alta. Una noche cerrada sin luna de fondo. Un pasillo, húmedo, rechinante bajo los pasos múltiples de ecos. Una puerta. Una cortina colgante… como de mechones plateados, de piedras transparentes. Se mecen con el viento y retintinean suavemente, en susurros. Cierra el paso (o lo abre) de un propio espacio. Conoce ese lugar perfectamente. Ha estado allí varias veces. Busca y dentro sólo se ve una figura cuya cara recorre el pequeño espacio desesperadamente. Sí, seguramente también busca, piensa mientras se sienta a observarlo. Del otro lado de la cortina, sabe como se siente. Sabe que la penumbra engaña la pupila y crea terribles monstruos, realza dudosas realidades, convierte los indefensos hilos de plata de la cortina en pesados barrotes de hierro. Observa ese cuerpo atrapado. Tal vez dos, tres, cientos. Puede ver su iris hipertrofiado desgarrando las sombras, buscando azes de luz. Un cuerpo desnudo bajo mil pieles que jamás se relaja. Va, viene. Apuñala las paredes con sus ojos. Escupe ácidas maldiciones a su carcelero imaginario. Gruñe quedamente cuando se sienta en un rincón tomando sus rodillas contra su pecho. Sus pestañas inquietas decoran las noches del sueño que no llega. Se pueden escuchar sus vísceras reclamando, se retuercen, gimen ante el maltrato. Transmiten un mensaje indescifrable para la figura ofuscada de oscuridad: Su cuerpo no es el que lo atrapa en esa cárcel. Su cuerpo es una víctima inocente que recibe los castigos de su despótica existencia. Su cuerpo y su cabeza son una expresión más de las contradicciones que lo atraviesan. La belleza que portan se agria con el rictus de desagrado de la vida. La belleza de sus formas, de sus ideas, se planta impotente frente a las imágenes que capturan los ojos, frente al dolor y los recuerdos que atesora en cada bloque de piedra que hay a su alrededor. Esa es la pesada carga que quiebra su espinazo y dobla sus piernas. La que cubre la belleza de su mirada con una densa capa de niebla de tristeza y angustia. Así se arrastra, llega a la cortina… casi puede tocarlo… pero la figura se detiene ante la cortina como ante la imagen del mismísimo averno.
Sigue perdido en cavilaciones, la cortina se mece suavemente, ella lo observa. Puede ver que la riqueza que lleva dentro se escapa en pequeñas dosis. Hay algo mágico dentro de esa figura que se desespera por salir. Golpea, se hincha, explota cuando implosiona reflejando destellos en los fríos muros. Atrapado en el ya no mas, y en el todavía tampoco, duda y prende una vela temerosa en el medio del piso. La danzante luz alterna rincones de oscuridad con pequeños oasis. Ahora puede verlo mejor. Hay pequeños rastros en su sonrisa de un mundo interior fértil y vivaz. Algo en pequeños instantes de su mirada, en algunas tonalidades de tus palabras, que refleja un gran potencial de tormentas de cambio. De luces que queman el aire. De terremotos capaces de arrancar de raíz los paisajes y ponerlos de cabeza. Esta misma torre podría caer como un mal recuerdo. Pasa el tiempo con sus manos, que construyen belleza, la escriben, la interpretan, la tocan, la pintan. Sus manos producen vibraciones que exasperan a las sombras que lo cubren y la conmueven a ella, mientras lo mira. Sus manos construyen realidades. Se acerca. Tal vez debería hablarle, decirle que debería intentar correr la cortina, atravesar los pesados barrotes para descubrir que no lo son. Pero es difícil. Su voz no logra atravesar las sombras. Rebelarse al mundo requiere rebelarse contra sí mismo y así revelarse. Asumirse para consumirse y rehacerse. Hacer. El cambio es permanente. Reconocerse las heridas, lamerlas, cuidarlas para curarlas… en el difícil equilibrio de no quedarse subsumido en ellas… buscando un lugar equidistante de resolución para luego meterse activamente en el alud del cambio. Los miedos siempre están presentes, nos sabemos vulnerables, nos sabemos hombres sensibles, mortales, presos de la ira, el amor, el dolor, la bronca, el odio, la felicidad… presos de un mundo que se ha hecho cárcel, que nos oprime con paredes subliminales, de creencias y tradiciones, de moderna modernidad que nos avejenta. Y aunque las musas nos hagan libres, somos esclavos. Pero es sabiéndonos esclavos que podemos proponernos romper nuestras cadenas, las que nos sujetan a las otras cadenas. Se sienta del lado de la cortina y lo mira. El mira los barrotes y duda. Ella estira su mano y atraviesa la cortina, toca su cabeza y lo acaricia. El se asusta y desconfía. Se retrae, se entrega y vuelve nuevamente sobre sí. Ella espera que el también tienda su mano y compruebe la vulnerabilidad de su prisión y reconozca la posibilidad de erigir un mundo distinto. Tal vez así pueda abrazar el mundo actual sin miedo, seguro de sus pasos. Tal vez así los golpes dejen de ser mortales, se termine con las agónicas incertidumbres. Tal vez así pueda tener miedos, golpes e incertidumbres que en lugar de paralizar lo lleven a superarlos. Le susurra:
- El mundo es nuestro compañero. Cuando rompamos nuestras cadenas seremos libres de cambiar el mundo, este mundo que nos ata con cadenas. Sin cadenas construiremos y nos construiremos a nosotros mismos, en una nueva vida. No perfecta, no exenta de sombras y miedos, pero en movimiento. Hay que dar un paso. Estirar una mano. No temer abandonar la oscuridad que ya se nos ha vuelto familiar. Susurra y espera. Apoya su espalda sobre la pared, de frente a la cortina, abre sus brazos al vacío y espera. El día que te abrace y estés, sabré que corriste la cortina y escapaste de las sombras; y veras este mundo que se abre ante nosotros exigiendo que lo cambiemos, y lo estaremos cambiando, y estaremos cambiando. La cortina se esta sacudiendo.

viernes, 25 de julio de 2008

Banquete



Como cuando vas a un restaurante de esos que casi nunca vas. Un restaurant de esos que hacen comida como a vos te gusta… esa comida especial que no podes hacer en tu casa porque no tiene el mismo gusto. De esos restaurant en que todo esta sazonado justamente, gustosamente, exquisitamente. Ese en que la cartilla de postres es inmensa, y no podes decidir cual querés, y comes todos los que podes hasta reventar. Esa sensación de querer seguir comiendo, de lamentar haber comido durante toda la semana porque sino lo hubieses hecho, ahora tendrías tanto lugar para seguir comiendo como tentaciones te dan los platos. Probas un poco de este y un poco de aquel. Gustos, texturas, sensaciones. Hasta que llega un momento que ya no podes. Aunque quieras, tu estómago pide a gritos un respiro. Hundís la última cucharada en la esponjosa mousse de chocolate y la miras frente a tu boca. La miras por todos lados, como disfrutándola aun mas sabiéndola la despedida La oles para anticipar el gusto de la suave cremosidad de la glucosa en tu boca mientras tu saliva se precipita preparándose para el manjar. La comes de apoco, dejas un poco en la cuchara y la volvés a mirar, hasta que finalmente la engullís toda. Ya no cabe más. Tenes la sensación que si ya nunca mas pudieras sentir los gustos, no te importaría. La íntima comunión se va apagando a medida que tus ojos se cierran y dormís con satisfacción. Al otro día todavía podes sentir los sabores en tu boca… y lo primero que lamentas es no haber terminado de comer el postre todo entero, y no haber repetido el primer plato, y no haber probado aquel de extraño nombre con salsa de almendras, de no haber masticado mas lento para que dure mas, de no haber saboreado un poco mas cada bocado en tu boca. Cuando la sensación de saciedad se esfuma, querés más, y el sabor en tu boca no hace más que recordártelo.

miércoles, 23 de julio de 2008

Dudas

Centenares de preguntas y dudas se alojan en nosotros. No siempre con respuesta. Atormentan por las noches, asaltan nuestros sueños y toman de rehén nuestra mente en su momento más indefenso. Se transmutan, se convierten, se camuflan para marearnos, asustarnos, angustiarnos… Se vuelven monstruos que activan nuestros peores miedos e incertidumbres. Se alimentan de nuestras debilidades, de nuestra humanidad sensible, de nuestros sentimientos puros, y dejan sus excreciones contaminando nuestra sangre.
Una duda certera es capaz de salpicar las convicciones, aún las más convincentes. Las ensucia, las enturbia, las recubre con un manto de niebla y smog hasta hacerlas venenosas. Reposan en los rincones, en el umbral del sistema nervioso, apenas respirando, acompasadamente, en la oscuridad y el frío, retraídas, observando de soslayo cada pulsación y reacción, atentas, en estado de alerta, esperando el momento propicio para atacar… el momento en que creemos habernos liberado de ellas y bajamos la guardia, y buscamos ser. Saltan, atacan, se reproducen y reavivan cuando nos desconectamos nuevamente para buscarles una respuesta. Metidos para adentro en un diálogo de mudos con ellas.
Tienen un punto débil, un disparo al centro de su esencia: No siempre tienen que tener respuestas. A veces las preguntas que no podemos responder nos ayudan a conocer y a abrir nuevas preguntas si buscamos fuera y no dentro de ellas mismas. Si no somos sus esclavos.
Sentirnos libres del miedo de caminar los laberintos de las dudas, ya es una pequeña respuesta. Virando acá y allá, buscando, avanzando y retrocediendo. A veces a tientas y a veces con desafiante convicción y paso firme. A veces arrastrando nuestras pocas certezas de forma dolorosa sobre los adoquines espinados para que sobrevivan las verdaderas verdades. Otras, deslizándonos graciosamente sobre superficies calidas y mullidas. A veces volviendo al punto de partida, que ya no es el mismo que el del principio. Vamos dejando pequeñas señales del camino recorrido en cada respuesta parcial que encontramos, pequeños mojones de historia, hasta finalmente darnos cuenta que algunas respuestas las hemos creado nosotros mismos caminando y buscando. Algunas veces nos dejamos encantar por los cantos de sirena de las respuestas fáciles… cómodas… disponibles. Otras tantas nos enfrascamos en buscar respuestas sublimes, ininteligibles, inalcanzables, buscando en puntas pie para alcanzarlas, parados sobre las verdaderas respuestas sin verlas, porque estaban ahí nomás… Respuestas que mutarán en nuevas preguntas para que sigamos buscando respuestas, con algunas verdades ciertas en nuestras manos como guía. Pequeñas brújulas para guiarnos en los caminos sinuosos, para poder atravesarlos en línea recta sin perdernos en las curvas. Pequeñas brújulas de pequeñas verdades que están dentro nuestro, que las sentimos si nos dejamos escucharlas. Cientos de dudas seguirán cruzando el camino, piedras, pozos y ríos acaudalados. Impostores, vendedores de fantasías, espejismos de felicidad y comodidad, las mentiras de la vida dada, los juglares de las notas acostumbradas, rutinarias. Pero lo importante es caminar. Cuestionar. Derribarnos a nosotros mismos de ser necesario. Preguntarnos y respondernos sin encerrarnos y paralizarnos en nuestras dudas. Construir.
Sabemos la última respuesta. Buscamos el camino. Las dudas que crucemos nos harán crecer.


lunes, 21 de julio de 2008

sábado, 19 de julio de 2008

No era tan dificil


Llegue... no era tan dificil como pensaba antes:Ahí estoy, ahí espero. No se qué ni quien.Tal vez yo.¿Será a mí a quien espero?¿Me reconoceré llegado el momento?¿Y hasta llegar que?Si la que soy se va… ¿llegaré en huesos y órganos?¿Llegaré en telas oscuras y pesadas?¿Que nueva cara tapará las huellas?¿Que piel será la que maquille mis cuencas?¿Llegaré? , así… no mas…. ¿Diciendo aquí estoy?Que dejare en el camino…Sola, llegare arrastrada y llorando…No tan sola... Con migo, llegare alegre y liberada.¿Cuánto? ¿Y si una vez más no soy? Seguiré el camino se sangre para volverEl de las moscas rapiñadas junto a mi pielDel borde acantilado… del limite…El camino de la delgada líneaDel negro infinitoDonde no se flota y siempre se cae… se cae…En el estomago… se cae.Volveré ese camino,Volveré por ese camino.Buscare lo que deje tirado,Buscare lo que golpeó,Lo que perdí…Volveré cuando llegue.Aun estoy en él… y no se ve. FINALMENTE llegue.. y todo se ve distinto. La cotidianeidad, lo que nos rodea, quienes nos rodean... y lo que hacemos a largo plazo... "nos aporta la mayor de las felicidades: la conciencia de que participamos en la construcción de un futuro mejor, de que llevamos en nuestras espaldas una porción del destino de la humanidad y de que nuestras vidas no han sido vividas en vano" (Leon Trotsky)...SE VE DISTINTO, SE PUEDE DISFRUTAR... lo de ahora y lo que vendrá. Este posteo, me lo dedico a mi y a quienes comparten este camino y me ayudan a seguir.... buscando las nuevas armonias...

viernes, 18 de julio de 2008

Sed

Como cenar jamón crudo y despertar muerto de sed y no poder pensar en nada más que en agua. No se si habré soñado, no recuerdo. Tal vez algunas líneas de fiebre que amenazaron durante todo el día de ayer se colaron entre sueños. Tal vez oír tu voz me confirmó que sos de carne y hueso y que estas en algún lugar… pero no en “algún lugar” con migo. Tal vez la vuelta del frío me recordó la ausencia de tu calor. Pequeños reflejos de ansiedad sacudiendo tantos días de calma de un velero sin viento a la deriva. Ayer necesité comenzar a escribirte algo que aún tengo que terminar, llegué pensando en otras frases que se alborotaban en mi cabeza sin permiso y ahora, de manera compulsiva, descargo con las teclas frías. Ahhhhh!!!! Bueno, supongo que pasará… que tengo que pensar en que pronto de voy a ver y abrazar y besar y volver a la calma que sigue a las tormentas poderosas que dejan tras de sí sólo rastros de desorden… Pero cuando lo pienso, más difícil se vuelve manejarlo. Tanto tanto que casi te reconstruyo acá a mi lado. Sentados los dos en esta silla, con tu pecho de respaldo, con tus brazos sosteniéndome fuerte pero delicadamente. Con tu boca hablando cerca de mi oreja y la muesca de tu sonrisa rozando mis mejillas. Compartimos “el proceso”, el tuyo real y el mío simbólico. El tuyo de paredes y el mío de tu ausencia. Ya un poco más tranquila de saber que necesitamos la misma cura, voy a intentar tapar las sensaciones con el trabajo, para luego poder darles rienda suelta y seguir esculpiendo en blanco y negro, en estas letras, la fiebre que yo también llevo dentro.

martes, 15 de julio de 2008

Dormida...


Lo malo de tener sueño y no poder dormir es no poder encontrarme con vos en mis sueños. Lo malo de querer dormir y no poder, es perderme de abrazar la almohada con tu olor junto a mi cara. Lo malo de la somnolencia es que el parpadeo es mas lento, y cada segundo que cierro los ojos te veo. Lo malo es que cada vez que miro fijo la pantalla, veo tus ojos esquivos descansando por momentos en los míos, y llenando mis pupilas de las más hermosas luces. Que estiro mis brazos para tocarte y se caen en el vacío. Que cada suspiro que suelto al aire son besos que te doy pero no recibo. Que cada vez que inspiro profundamente en un bostezo, me lleno de tu perfume, que de alguna manera me sigue, y toda mi boca se invade de gusto a vos pidiéndome más, como a una droga. Que cada vez que un escalofrío recorre mi espalda producto del mal dormir, recuerdo tu pecho abrazándome y llenando de vida mi cuerpo. Que cada vez que tropiezo y el mal humor amenaza mi día, recuerdo tu voz y tu risa, y las palabras cálidas, y tu música. Que cada vez que me rindo, siento tu respiración junto a la mía, dándome aliento y tus manos fuertes e inquietas me sacuden del sopor. Lo malo de recordar todo esto bueno es extrañarte, es no poder dormir y estar tan despierta, y tan lejos. Quiero irme a dormir con tu abrazo.

Receta

Lo bueno de querer sin querer es evitar la ansiedad y las amarguras inventadas. Recibir la maravillosa sorpresa de encontrarse viva después de haber caminado por el borde de la cornisa. Encontrarse encontrando. Volver a creer en uno, volver a creer que se puede apostar. Querer distinto y saberse aprendiendo después de volver a nacer, pero sin haber olvidado lo vivido, más bien creciendo por lo andado. Poder ponerse en el otro lugar entendiendo sin justificar. No partir de lo mas alto del enamoramiento, sino mas bien ir corriendo y brumas ideales para encontrar realidades e ir queriendo y aprendiendo a amar lo que es y no lo que siempre estamos esperando que sea. Retirar suavemente la angustia de nuestro ser y guardarla en un viejo arcon. Despojarse de prejuicios y banalidades. De fantasmas y pasados recurrentes. Los dejavú del pasado no pertenecen a esta dimensión. Ponerse en el otro sin perderse uno mismo. Disfrutar y celebrar la vida.

viernes, 11 de julio de 2008

Nuevas armonias


Nuevas armonias
Si agudizas el odio los vas a escuchar. Por allá… ¿Los sentís?. Si, ya se que parecen muy lejanos. De hecho, aun están bastante lejos… pero se pueden sentir. Repican profundamente, son tambores de sonido grave como de ecos… Tras los tambores vienen nuevas armonías. No, no las escucho, pero las imagino. ¡¿Cómo van a sonar solos?! ¡Que pregunta! Un ejército de esclavos insurrectos marcha a su compás. Claro que lo se, estoy segura. Por eso voy por este camino… voy a su encuentro. Dale, no te quedes, no pierdas el paso, todavía falta. No se… no puedo calcular exactamente cuanto. Me guío con los sonidos. A veces los tambores suenan tan fuerte que parece que caminaran a nuestro lado… otras se extinguen casi completamente… pero se que están. En esos momentos escucho mis latidos… como esos tambores… y así no pierdo el ritmo, hasta que vuelvo a escucharlos. Y detrás brillan las nuevas armonías. No, si te lo explicara no lo entenderías. Ni yo puedo hacerlo. No podría describirte como suenan con nuestras actuales convenciones, no puedo imaginar lo que aun no he escuchado, sólo puedo decirte que los tambores están sonando, que los instrumentos están listos y que sólo falta quien los toque con nuevos ojos. Son melodías nunca antes escuchadas, de nueva vida, nuevo tiempo… de verdadero futuro. Se entremezclan con risas, con festejos, con rumores de fiesta. También hay voces que cantan su propio destino ¡y no sabes de qué forma…! ¡Con que ímpetu! ¡Con que hermosa soberbia! La soberbia causada tras años de envilecimiento humano, de alineación, de deshumanización… la soberbia de ser libres, de ser lo que siempre debieron ser. De haber dado por el trasto de la historia con el dique que impedía el desarrollo de la belleza humana. De haber recorrido un larguísimo y arduo camino, que los templó haciendo de ellos los portadores de las hermosas notas que ahora nos preparamos a escuchar. ¿Cómo voy a estar soñando? Es verdad lo que te estoy diciendo. Te invito a recorrer el camino con migo y escucharlos. Vamos a su encuentro. Algunos han estado muy cerca… casi los han visto. Pero eso fue hace años. Practicamos diariamente los compases que han traído de ese encuentro. Y de apoco nos acercamos. Se sabe que su llegada será anticipada por un gran estruendo… tras el cual, poco a poco, se abrirán camino cada uno de los músicos, con sus instrumentos y sus notas, con sus caras perladas de sudor y sus ropas manchadas de lucha… Un ejército de hombres libres de verdad, marchando al ritmo del desarrollo de la historia de verdad. A su paso nasa queda como era. Todo perderá su velo de mentiras y frialdad, de franca puesta en escena. Arderán en llamas las cadenas del pasado, y el hierro fundido constituirá el piso firme sobre el que construiremos nuevas sociedades. ¿Ahora la escuchas? Es dulce pero poderosa. Presta atención al ritmo, al pulso vital que marca sus compases… ¿La escuchas? Si… es la que nace de tu pecho. La encontraste. Ahora si, caminemos juntos al encuentro de los otros. Ya estamos un poco mas cerca.

jueves, 10 de julio de 2008

Memorias de noches de sombras


La noche se puebla de estrellas
como si nada pasara.
Mientras hago gárgaras con tu nombre
completamente desvelada.
Entre ojos vi las sombras
danzar extraños rituales junto a mi cama.
Todo poblado de gris,
el pintor se ha quedado sin colores
y el poeta sin palabras.
Evoco entre sueños,
sonrisas, gestos, miradas...
las sigo ciega hasta el principio
y al caer despierto exaltada.
Las sombras se ríen,
siguen su danza,
luces de día,
espectros de noche sin habla.
Bebí el brebaje maldito
de la tribu de sombras que danzan.
El destello del encendedor,
el cigarrillo, el borde de la cama,
las sombras se entretienen con el humo,
intento recuperar la calma.
Sigo haciendo gárgaras con tu nombre,
rasgo la pared hasta que sangra.

martes, 8 de julio de 2008

Sueño nocturno

Me desperté hasta el cuello de agua. Un blanco brillante que simulaba limpio bañaba las paredes, como un fino barniz. Escalarlas era un asunto perdido, cada paso resbalaba y volvía a caer, una vez más, en el líquido. Pude distinguir un pozo sin fondo que se habría en el piso, bajo el agua. Tenía que tener mucho cuidado de no pisar en falso.
Meditaba hondamente la forma de escapar. Nadaba en círculos buscando una salida. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado aquí? Una horrible idea ensombreció mis pensamientos y se apoderó de mi mente… pero no podía ser. Moví rotundamente la cabeza buscando alejarla. ¿Cómo? No tenía ningún sentido y la descarté. Mas por querer negarla que por real convicción. Tal vez si volvía a dormir, despertaría nuevamente en mi cama. Desde que comencé con el sonambulismo temí que pudiera pasarme algo así… Intentaría dormir. ¿Pero como dormir en un lugar así? Intentaría hacer la plancha, para poder mantenerme a flote y dejar que me gane el sueño, pero nunca me salió y menos ahora. Nunca pude relajarme lo suficiente y en esta situación menos. Luego de varios infructuosos intentos seguí nadando en círculos, como pude, con las fuerzas ya agotadas. Atrapada como un pez en una pecera. Pasaron las horas, supongo. No tenía forma de medir el tiempo, solo en vueltas. Todo lo que me rodeaba era el blanco bañado por una pálida luz de luna que se filtraba por algún lado. El sonido del agua y el resto del espacio auditivo eran ecos del silencio y el agua que goteaba. Ya había intentando varias veces hundirme y dejarme llevar sin que mi cuerpo respondiera cuando escuché pisadas que se aproximaban. Miré hacia arriba… un ruido ensordecedor quebró la rutina musical de cascada e hizo la noche. Ya no podía ver el techo, tan lejano, tan manchado de humedad. Otro extraño ruido, pero familiar, y el agua comenzó a bañar mi cabeza. Caía con toda la furia por todos lados. Se embraveció y se arremolinó. Toda la masa cristalina giraba y yo no podía oponer la más mínima resistencia. La idea volvió a estremecerme. Finalmente, mi miedo era real, y alguien estaba tirando de la cadena.

lunes, 7 de julio de 2008

letras rebeladas

Es embriagante deambular entre la realidad y el sueño, entre el sueño y la realidad. Despertar y no querer volver a dormir. Tocar las sensaciones y probar las imágenes. Despertar junto a un sueño. No suele ser tarea fácil. Es difícil encontrar las palabras, las nuevas palabras… las que están ya no alcanzan, todavía desconcertadas quedan pequeñas para dar respuestas. No alcanzan. Se necesitan también aromas, texturas, luces y sombras… un lenguaje tridimensional donde las letras se ahogan ante la imposibilidad de expresar en total magnitud la magia que las consume y hace cenizas. Un ciclón arrasó con ellas, las arremolinó en su ojo y las esparció por el aire como mareadas mariposas recién salidas de la larva. Se reacomodan, a medida que las sensaciones se reacomodan, también arremolinadas. Las manos intentan extraños círculos en el aire buscando ayudarlas, transmitiendo las sensaciones robadas con cada uno de los dedos. Los ojos se pierden en el infinito de la niebla de la ventana rememorando cada acto para que puedan descifrarlo. La piel se eriza ante el cambio de temperatura para sacudirlas. Los oídos se agudizan para traspolar en música los estremecimientos. La boca, como en un desierto, se abre suplicando mas agua… se ha gastado en tanto beso, se ha olvidado de hablar hablando.
Las palabras quieren salir igual, aun sin sentido… porque a ellas no les importa si se entienden o no… simplemente quieren volar que es para lo que han venido. Corren traviesas por la pantalla, riéndose del desconcierto de los dedos, dibujan sonrisas imprevistas en la cara, mientras se hamacan en los hilos de los sueños y juegan en el recuerdo del fragor de la realidad en que se evaporaban. Se siguen riendo. Se siguen sonriendo.

jueves, 3 de julio de 2008

Festival

“La ‘liberación’ es un acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, del comercio, de la agricultura, de las relaciones.” — Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana (1846)


"La revolución intentó destruir el antiguo «hogar familiar» podrido, institución arcaica, rutinaria y aplastante en que la mujer de las clases trabajadoras está condenada a trabajos forzados desde la infancia a la vejez. A la familia considerada como una pequeña empresa cerrada, debía reemplazarla según la intención de los revolucionarios, un sistema acabado de servicios sociales: maternidades, casas-cuna, jardines infantiles, restaurantes, lavanderías, dispensarios, hospitales, sanatorios, organizaciones deportivas, cinematógrafos, teatros, etc. La absorción completa de las funciones económicas de la familia por la sociedad, enlazando toda una generación por la solidaridad y la asistencia mutua, debía traer a la mujer, y por ende a la pareja, una verdadera emancipación del yugo secular". Leon Trotsky

miércoles, 2 de julio de 2008

Paisaje Urbano


Paisaje urbano
Otra de esas cosas que llaman la atención por la calle... lo cotidiano esta lleno de imágenes interesantes...

martes, 1 de julio de 2008

El muro, un cuento de este mundo

Daba pasos tímidos. Hacia fuera retumbaban con dureza y firmeza. En paso acompasado de zapatos de plomo. Pero dentro de los zapatos los pies tímidos traspiraban y se ampollaban. Sus zapatos se hundían buscando el piso firme bajo el terreno fangoso… pero sus pies podían percibir la gomosidad del terreno, la superficie resbaladiza e insegura. Trastabillaba y se movía en extraños ademanes de equilibrista embistiendo la inestabilidad que la sacudía. Tenía la convicción que una caída sería fatal.
Su caminar era difícil. El frío le pegaba de lleno en la cara, el frío de una gran pared de hormigón que se movía siempre a dos centímetros de su nariz, frente a sus ojos. Un gran abrigo ocultaba su diminuto cuerpo, doblado sobre sí mismo formando un gran signo de interrogación, dentro del cual buscaba aislarse de la intemperie lacerante. El abrigo era enorme… veía su sombra en el piso y daba la apariencia de una gran figura erguida con firmeza sobre sus extremidades, pero dentro quedaba poco espacio para respirar y se agitaba. Este era su mundo, así había sido y debía ser. Pero algo le llamaba la atención. La pared nunca se movía de su campo visual. Cada tanto lograba espiar un poco mas allá, cuando al hacer algún movimiento brusco y sorprendente la pared tardaba en volver a su línea frontal, reacomodándose firmemente, nuevamente, una y otra vez. El continuo hormigón que le cerraba el paso la atormentaba. Durante años, con una rara alquimia, logró desarrollar unos enormes anteojos con vidrios gruesos de soberbia, y armazones de autosuficiencia. A través de esos cristales pintaba en la pared paisajes y realidades, caminos y atajos… y de esta forma recreaba la sensación de caminar siempre hacia delante. Se acostumbró a un personaje y creó personajes para todo lo que la rodeaba, llegando a veces a confundir lo real con simples imperfecciones o adornos del muro. Las voces que le llegaban, atravesaban las gruesas capas de piel y llegaban sin fuerza, frías… El mundo en el que vivía estaba compuesto de aquellos que arrastraban sus zapatos y de aquellos que estaban conformados por el mismo material del muro que los rodeaba. Todo era un potencial peligro. Algunos pocos lograban comunicarse asomando un poco, solo un poco, la nariz desde dentro del abrigo y bajo los pesados anteojos. En última instancia, tampoco era tan necesario… ¿Un contacto tan directo? ¡Ni pensarlo! Y si luego no podía volver a acomodarse en su abrigo, seguro moriría de frío, desnuda y entre temblores frente a todas las miradas que la seguirían inquisidoramente… ¡Era sólo una persona en un enorme abrigo y grandes zapatos!. No, ni pensarlo.
Las llagas de los pies fueron empeorando con el tiempo, de vez cuando, cada vez mas seguido, cuando nadie la veía, sacaba sus zapatos y soplaba las heridas para que molestaran menos. El peso del abrigo logró quebrar su espalda, y cuando en la soledad de su refugio podía colgarlo y airearlo, casi no lograba mantenerse erguida. Los anteojos eran lo peor. No podía quitarlos nunca… todo a su alrededor se volvía gris y asustada volvía a colocarlos sobre su nariz. Así las cosas nuevamente tomaban las formas definidas y violentamente contrastantes del blanco y negro en pureza pura. Así andaba sus años. Todo bajo control.
Un día algo le llamó poderosamente la atención. Una vez, mientras aireaba su abrigo y se movía frenéticamente para evitar la hipotermia, no pudo erguirse. Por mas que intento no podía poner su cabeza hacia el frente. Su mirada obligada para descansar la postura era el terreno fangoso que pisaba. Así fue que apreció un extraño fenómeno, libre del saco que arrastraba y le cubría los pies, pudo observar la huella que había dejado. La huella era profunda, sin duda, los zapatos bien marcados en el piso eran señal inequívoca de que ella había pasado por allí. Cual fuera su sorpresa al notar que las huellas cerraban un perfecto círculo. Y cuanto más al notar que algunas otras pisadas que lo atravesaban se habían secado como testigos de su paso, pequeñas, de pies descalzos. Ella nunca había reparado en ese detalle. Algunas simplemente pasaron. Otras acompañaron algunas vueltas en el círculo. Otras daban la impresión de haber huido o simplemente de haber salido del círculo arrastrando un paso cansado.
¿Pero entonces? ¿Tanto andar sin haber ido a ningún lado?? ¿Y esas pequeñas pisadas? ¿A donde habían ido? Y observó, tanto tanto que los ojos le dolieron, necesitó restregarlos, para lo cual debió sacarse los anteojos. El mundo gris resaltaba mas las pisadas perdidas, y sin sus gruesos cristales pudo verificar lo impensado. Las pisadas se perdían detrás del muro… Pero… entonces… ¿Cómo podía ser? Las pisadas iban y venían bajo el pesado hormigón. Incrédula… repitió este secreto ritual numerosas veces, mientras una terrible duda consumía el poco aire que tenía cada vez que volvía desesperada y asustada a su abrigo. El muro siempre lucía inamovible, como última garantía de un refugio de otro mundo que evidentemente existía al otro lado, pero que le daba terror. Desde niña había escuchado terribles leyendas sobre el mundo exterior. La pisadas que venían eran comprensibles, lo incomprensible era que luego de atravesar su circulo volvieran hacia el muro y desparecieran tras el. ¿Por qué querrían volver? ¿Por qué no hacían círculos como ella? ¿Por qué andaban con sus simples pies?
Finalmente, una noche, se durmió sin sus anteojos. La había vencido el sueño mientras meditaba profundamente lo que pasaba e intentaba darle una gran explicación, una mas de las que ya había acumulado en un interesante catalogo de todo tipo de racionalidades, al que recurría cada vez que tenia alguna duda. La había vencido antes de darle tiempo a colocárselos nuevamente.
La despertó un sonido extraño, el sobresalto la lanzo tan lejos del muro como nunca antes había estado. Desde allí el muro le pareció mas bajo. Buscó desesperada a tientas los anteojos pero se había caído sobre ellos y el armazón ya no podía sostener los pesados vidrios. Los coloco con sus manos delante de sus ojos, una mano, un vidrio, un ojo... otra mano, otro vidrio, otro ojo. Se acercó nuevamente. El sonido había sido producto de una enorme rajadura que se produjo en el muro. Del otro lado de la grieta se escuchaban voces como nunca antes las había escuchado. Un cálido aliento atravesaba por las hendijas descascaradas. Inútil fue buscar su catálogo de explicaciones. Había implosionado ante las nuevas voces, las nuevas explicaciones que llegaban del otro lado. La curiosidad la inundó. Quería, decididamente, atravesar ese muro. No sabía como. Volvió a alejarse para tener otra perspectiva. Y se dio cuenta que podía alejarse cuando quería. Desde allí pudo observar pequeñas manos que hacían señas desde el otro lado. Rosadas, sin sabañones. Entonces estudió ceñudamente el muro. Lo midió. Pensó cual sería su composición. La resistencia. El material. El origen… ¿Cuál era su extraño origen? ¿Su génesis? ¿Quién lo había colocado allí? Lo maldecía y golpeaba lastimando sus manos. Resignada, ya estaba haciendo un nuevo catalogo de explicaciones cuando algunas manos lograron asomar sus dedos por la grieta. Debió soltar uno de los vidrios que sostenía frente a sus ojos para tocarlas. Eran suaves. Calidas. Tiraban de sus manos hacia el otro lado. Debió soltar el otro vidrio para poder tomarlas con sus dos manos en intentar pasar. Debía saltar… de alguna forma entendía que del otro lado la sostendrían en la caída. Intentó infructuosamente hasta que se vió a si misma, ridícula, intentando saltar con un pesado abrigo y zapatos de plomo y pudo reírse de su estupidez. Pudo reconocerse riendo. Pudo reconocerse saltando. Entonces, de a uno, desabrochó los botones del saco. El frío le dolía pero sabía, por alguna extraña razón, que no la mataría. Luego, con gran dificultad tiro de sus zapatos. Ya no se hundía en el piso. Su propio peso sin abrigo y sin zapatos le permitía caminar por el fango sin hundirse. Ya no pensó en la vergüenza de su desnudes frente al mundo del otro lado del muro… sólo pensaba en probar cuanto podía saltar y volar sin la pesada carga. Las manos volvieron a tomarla, liviana, entregada, comenzó a trepar. Un nuevo golpe. Un último estruendo la conmovió profundamente cuando el muro caía frente a sus pies como un débil castillo de naipes. El llanto sin razón resaltó la imagen frente a sus ojos. Nunca había sido más que eso. El mundo era el mismo. No era un paraíso ni un mundo ideal el del otro lado. Pero ella comenzó a transitarlo sin peso, sin hundirse. El roce con otros cuerpos le brindaba más calor que su viejo abrigo. Sus pies se lastimaban cada tanto, pero al aire libre podían cicatrizar rápidamente. Los grises le dieron dimensión a lo que la rodeaba. Ya no camina en círculos, lo pudo ver aunque su cabeza aun no terminara de erguirse por su espalda quebrada… hay cicatrices que no se borran. Pero las miraba para recordar el viejo mundo al que no quería volver. Quería ser feliz.
El día que termine de descubrir la verdadera génesis del muro que la oprimió, él que ella misma día a día colaboró en construir, colocando ladrillo sobre ladrillo en la pared, su espalda se habrá curado y su cabeza podrá erguirse nuevamente. Así podrá apreciar el nuevo mundo del viejo mundo, en todo su esplendor… y colaborar, pero esta vez, en seguir derrumbando muros, pero hasta el final.