
Vaya, vaya... ya se que quiero para mi cumpleaños
Diario interactivo jimenagale
No se resigna a ser el pedazo de carne viva que late los minutos, esperando que pase el día para dar rienda suelta al sueño de noche.
No se resigna a escrutar cual de las astillas que se ha clavado al estallar su espejo, duele más…
No se resigna y expone sus llagas al aire que quema. Entrega la piel apenas regenerada, para ver si la calidez de un rayo de sol esta vez la acaricia hasta curarla.
No se resigna, pero el movimiento exterior la contrae de miedo, como un animal en su cueva. Se agazapa. Se inclina sobre su ser, se curva sobre si misma…
No se resigna a resignarse, pero el miedo la corroe, la desgasta.
En un temblor de estremecimiento alarga su mano para asir realidades, más allá de las de sus propios sueños protegidos por el manto de las noches…
Tal vez, esta vez, el espejo no se rompa. Tal vez, esta vez, resista su imagen y las viejas astillas sean expulsadas de su cuerpo.
Risa y llanto. ¿Cuál es la necesidad natural de expresar emociones internas de forma casi incontrolable y notoria? ¿La risa implica alegría y el llanto dolor? No, el dolor por demás, puede dar risa. Y la alegría por demás, puede causar llanto.
Tanto la risa como el llanto contienen un enorme componente de espontaneidad. Como el amor y el odio, también surgen espontáneamente de los estímulos de la realidad, de la relación con quienes nos rodean, por afinidad, por oposición. Pero estos sentimientos pueden ocultarse. Pueden nunca ver la luz. O incluso, pueden actuarse o trastocarse en engaño de uno por otro. Claro que la risa estalla en estruendo hasta apagarse poco a poco, y tal vez luego, no quede nada de ella. Al igual que el llanto que al secarse, sólo deja el gusto de la sal en los labios y el dolor del desgano en los ojos. Pero el amor y el odio pueden aparecer y desaparecer. Y nada sigue igual luego de su paso. Y tan profundos que pueden ser causas de risas y llantos.
Todo va inundando. La tierra se hincha a su paso y cruje. La muerte va tiñendo de grises el paisaje. Los colores se nos reservan para otra remota vida. Sólo conserva su color la roja sangre de que se alimenta el terrible monstruo. La barbarie a vencido. Hemos sido derrotados. Solo somos los escombros arrastrados por su torrente. Pero hemos dejado sedimentos. Los nuevos arboles sobreviven por nuestro sustrato y generan nuevo oxigeno para volver a intentar la vida.
Trabaja de sol a sol. Pero todos los días sus ideas se congelan y asemejan mas a la nieve que lo rodea, que al calor que su trabajo genera.
La alienación es terrible pero no eterna. Volverá el fuego y serán llamas sus ideas.
Un poco más. Falta menos.
Acida. Así estoy. Si el ácido cortara la sangre, tal vez serviría, pero creo que sólo lo empeora.
No debía pensar en Cómo ser... Ni pensar en Ser... sólo ser y pensar. Uf...
Miró al rededor...
- ¿Algún indicio?
No le gustaba lo que veía... y lo que le gustaba, resultaba a sus ojos algo inalcanzable. Un objetivo de ser. De como le gustaría ser.
Un abismo.
Sabíase potencial, pero no sabíase presente continuo. Y esto la mortificaba.
- ¿Còmo? Era algo incomprensible, inapreciable. La razón no funciona exactamente como uno le indica. Porque la razón piensa por si misma y, a veces en sus divagues, choca con la piel y los huesos que la contienen. Atrapada, vuela mas allá de sus fronteras pero hay un desfasaje. Todo el resto no puede seguirla. Tropieza. Se cae. Se lastima.
- La razón no mira atrás. Sólo, cuando se siente atrapada. Y es cuando regresa, que todo se cae. Y entonces lee y escucha y se ve y se sorprende. Considera un inútil ejercicio intelectual. Intenta dar cuenta de su propia existencia de inútil intelectual. Duerme.
El tiempo sigue pasando delante de sus ojos, gastándose. Minutos vacíos que se agolpan. ¿Para que? ¿A dónde van tan aprisa? ¿Para que me apuran si yo no quiero correr? Todo el esquema lógico resiste las refutaciones de falsedad. Cada nueva prueba aplicada es superada nuevamente con nuevas y brillantes afirmaciones y elaboraciones.
La vida no es lógica.
Los impulsos resisten la lógica.
La convivencia, es fatal.
Tanto para mirar! Tanto para Ver!
Lo que se puede y lo que no se puede ver...
Lo que se ve fácil y lo que no...
Lo que todos ven y lo que sólo algunos...
Lo que no queremos ver y lo que vemos pero no es...
Lo que soñamos despiertos.
Lo que soñamos dormidos como una realidad palpable, y que nuestros ojos registran como memoria. Como esos besos que nunca dimos pero los recordamos. Porque el primer beso y la primer caricia se dan con la mirada.
Tanto para decir!
Porque no solo recibimos... damos...
Lagrimas de alegría y tristeza,
gestos de aprobación o rechazo,
guiños de complicidad,
ojos de curiosidad, de pregunta.
Bueno, ojos.
Puedo escribir miles de palabras, pero no tengo tiempo.
Me gusto la foto. Quise hacerles un pequeño homenaje.
Me saqué los zapatos para sentir la tierra bajo mis pies, para que sea mi piel desnuda
la que guíe desde ahora mi ser.
El camino me pareció suave, de césped infante y oloroso. Y entonces me largue a caminar. Con la piel desnuda y sin mirar. Demasiado descuido tal vez, demasiado temprano quizás. La piel sin cayos, nueva en su desnudez. En su andar se clavo una espina, pero no quiso parar. La espina se enterró más y más, el dolor tomo los pies,
dejo su piel en carne viva, se infecto, se pudrió... Comió su piel.
Imposible parar. Era mejor seguir andando y no volver la desnudez a tapar, seguir probando.
Pero la piel ya estaba en llamas, cuando el camino comenzó a arder. Ahora camino sobre brazas, con llagas en la piel.
La espina abrió un zurco para que el fuego me quemara.
La desnudez de la piel ha quedado chamuscada.
El fuego que era calor que salía de mis entrañas, se convirtió en el camino de dolor
que ahora paso a paso me acompaña.
Me encuentro a mitad de camino, Me encuentro atrapada.
Ni el rey de los faquires aceptaría esta redada.
Me quedo aquí parada, en el medio del fuego, apagada.
Soy solo cenizas, de mi no queda nada. Si tan solo un viento de aquí me sacara.
Pero el aire se ha detenido, todo parece en calma, como aire hervido es lo que respiro,
como agua hirviente la sed que no se apaga.
Quien dejo la espina? Ni imaginas mi desgracia... Quien encendió el fuego...
Ni siquiera te percatas.
Quise dejar de temer, probar la desnudez de mis entrañas, pero ante cobardes me paré,
Y eso caro se paga.
Ni las lágrimas corren en mi ayuda para el ardor apagar.
Las palabras solo me consuelan, pero no me pueden salvar.