lunes, 6 de julio de 2009

Honduras - En memoria de Isis Obed Murillo

Hambre… miseria. No más que un pequeño espacio en uno de los cuadros del tablero.
Miles de almas para apostar en manos de este sistema pérfido.
70 % de pobreza y sin capacidad de subsistencia propia, Honduras pasa los días de la Historia como tantos otros, olvidados y descartados. Rescatados solos para emitir un voto en algún organismo, ser base de maniobras de alguna potencia, ser el pequeño latifundio de algún poderoso y mano de obra de algunos varios patrones.
En uno de sus billetes, el Indio "Lempira" (héroe nacional de origen Maya-Lenca, que luchó contra los españoles, en defensa de la libertad y cultura de su pueblo). En los otros, unos cuantos gringos. Militares, estadistas. El de mas alto valor, lleva la cara del Dr. Ramón Rosa, quien fuera parte del gobierno de Marco Aurelio Soto, que también tiene su billete. Soto llega al poder como presidente provisional luego de obligar a José María Medina a renunciar. Este gobierno, además de declarar que se encargaría de “mantener el orden público” fue el que impulsó el primer proyecto de desarrollo capitalista en Honduras. Una más de las historias de los países oprimidos.
El riesgo es perder de vista que en esa Historia va quedando gente en el camino. La gente que muere y la gente que no vive o sobrevive. Niños sin futuro. Esclavos modernos. Dependencia hasta lo inaudito. Expoliación. Ese es el lugar que el capitalismo les ha dado en la Historia.
Una Historia que no difería demasiado en el último tiempo. Honduras, en mano de otro liberal, seguía gimiendo bajo los escombros del mundo. En una larga noche que no amanece. De pies descalzos y carros. De pobres pobres y ricos ricos.
Pero la tormenta se erigió sobre sus pies y son sus potentes puños golpeó a todo el globo. El imperio Yanky comenzó a sangrar… y su sangre infestada de veneno corrosivo, de acido, se desparrama por toda la tierra.
El temblor llegó a todos. Ante esta herida gangrenada, cada cual busca reubicarse para no perder sus intereses. Grandes movimientos de naciones se producen. Los burgueses están asustados… y preparan toda la artillería contra los pueblos que el sacudón despierte, contra los que aun duerman, contra nuestras espaldas que una vez mas recibirán el castigo por no estar de pié, por sostener sobre sus hombros un grupo de parásitos y sanguijuelas que, como carroña, se apiñan en la sangre del capital.
Honduras seguía su camino en la Historia, cuando el nuevo tablero que se esta diseñando llevó a sus gobernantes a buscar apoyo en países signados como malditos por el gran capital. Países que solo buscan también su lugar en el tablero y no precisamente patearlo, pero con un discurso de confrontación que preocupa a los burgueses asustados. ¿Qué pasaría si esas palabras fueran tomadas por puños de carne y hueso que las hicieran realidad?
Una idea intolerable, un ensayo de respuesta.
Como hace 30 años, Latino America se tiñe de rojo sangre y verde militar. Las botas del capital toman las calles y empuñan armas asesinas. Los países “civilizados” del mundo se llaman, se juntan, se escriben, se codean… La reacción del pueblo está en la calle, no hay tiempo para oficinas.
-¡Asesinos! Es un susurro que recorre las calles, hasta convertirse en una exclamación que toma los cielos. La atención es grande. Hay que resolver este problema por las vías de la diplomacia, de la política (pero burguesa). La OEA se debate en un laberinto. Piden por favor al príncipe negro un gesto de cambio, un gesto que evite que la noche cerrada que ha caído sobre Honduras traiga el recuerdo de la escuela de las Américas, de los desaparecidos, de los exiliados, de los asesinados, de las masacres coordinadas de las burguesías latinoamericanas y el imperialismo. Millones en estas latitudes odian al Tio Sam… Hay que evitar que el odio se corporice en estallidos de bronca en los rincones de los suburbios de la vida.
El príncipe negro hace una mueca de desagrado y esboza una lágrima de dolor.
No alcanza.
Una multitud se moviliza para reclamar la vuelta del presidente.
Un avión cargado de lastre no llega a aterrizar
Los asesinos abrieron fuego contra la multitud
La Historia se reescribe con nuevas vidas que terminan su historia allí, en el cemento.
Isis Obed Murillo tenía 19 años apenas. Quien sabe si siquiera pudo votar a aquel por quien se encontraba en el aeropuerto.
Fue, valiente, desafiante como tantos otros, de frente a sus opresores. De cara a las carabinas, contemplando con los ojos llenos de temor las figuras verdes que se apostaban en la pista. Pero no estaba solo, cientos de brazos mas se agitaban, y miles de voces repetían sus clamores. El estado de sitio. Los nuevos desaparecidos y asesinados. Los perseguidos, los de las listas negras… cada uno un motivo para erizar la piel de quienes gritan.
Los disparos.
Isis Obed Murillo cae al piso. Le dispararon por la espalda. Una bala entró por su nuca y ahogó en sangre su voz.
El camino desde que lo levantaron hasta el camión donde lo cargaron quedó regado de la sangre que escurría a borbotones.
El camino de la lucha de los oprimidos tiene un nuevo sendero de sangre.
La Historia de los pueblos oprimidos tiene una nueva bandera con cara de niño.
Nuestra piel tiene un nuevo motivo para erizarse y agitarse.
Nuestras bocas un nuevo nombre para exigir.
Nuestros puños, nueva fuerza para levantarse.
Los trabajadores del mundo deben ponerse de pié y gritar y exigir
TODOS CON EL PUEBLO DE HONDURAS


1 comentario:

Matías dijo...

Trotskista no solo en cuanto al contenido, sino en la forma misma. Muy sensorial... y más efectivo que muchos de los informes que dan vueltas. Va para "Las Crónicas..."?=