lunes, 31 de marzo de 2008

uno mas

 Lindo. No estuvo mal el intento. Pero no alcanzó. Otra sombra más se sumó a mis ojos (lo pude ver en los tuyos) pero ahí están. Los ojos cerrados. La boca entre abierta. La respiración profunda. Tu mano en mi pierna. Completamente dormido.

El último medio pucho. Llevo días fumando menos, así que hoy hice una excepción para poder bajar, con el humo, las contradicciones que suben por mi estómago. Hoy es un día importante y debía escribirlo. ¿Para bien o para mal? No se, no creo que eso importe ya. Depende de mi y, tal vez, sea eso lo que no me deja dormir. Hoy tenía ganas de amarte y sentí que era el mejor momento, pero otra vez me quedé en el camino. 

Bueno, trataré de dormir. Mañana hay que trabajar y desde ya, la mañana asoma complicada. Como continuidad de una noche con mucho que pensar. Mejor no hacerlo. 

50% miedo y 50% paz. ¿50% huida? Creo que no. Eso, eso sí depende de vos. 

las noches

 Odio las noches. Tampoco tengo sueño. Es la hora en la que la cabeza baja las barreras y una estampida de ideas y sensaciones en tono irracional, salen precipitadamente en una orgía arremolinada de imágenes y palabras. Incluso aquellas, las que no gustan de la luz. Las que permanecen la mayor parte del día en las zonas oscuras y lodosas. Salen perezosas, molestas por ser despertadas, y dejan en su andar un tendal de huellas de barro que tardan hasta la mañana en secar. Con la luz del día, sólo quedan las marcas y el olor a basura descompuesta. Sacudirse no alcanza. Tal vez permanezcan ahí por horas, hasta que sean borradas por los quehaceres diarios y el ritmo del día. 

Odio las noches porque estoy desprotegida frente a mí. A veces me impresiono yo misma de las cosas que se me pueden ocurrir. Lo que a la luz del sol parecía claro, tornándose con la noche algo gris. 

Los pensamientos que me cruzan serán protagonistas de otras crónicas. Esta es sólo para llamar al sueño y dormir.